Metáforas de la muerte entre los mayas yucatecos coloniales

por William H. Mex

Tal cii u cimil uinic, u cheeh uinic, u zizil haa;
tal cii tu cimil uinic, tu cheeh uinic, tu zizil haa

‘natural le es al hombre la muerte, natural le es la risa, y natural le es al agua la frescura;
natural le es al hombre morir, natural le es reír y natural le es al agua enfriar’[1]

Introducción

Las lenguas mayas son ricas en metáforas y dicciones relativas al fallecimiento humano. Este escrito hace una breve revisión de las palabras y términos relacionados con la muerte en el período colonial (siglos 16 y 17) entre los mayas de la península de Yucatán, con miras a indagar en su permanencia y trascendencia. A grandes rasgos, los términos se pueden clasificar en los que refieren a la muerte de manera más o menos literal, los que refieren a la pérdida del aliento vital o de alguna entidad anímica y los que refieren al enterramiento o al ingreso del cuerpo del difunto hacia el “inframundo”. Es bastante llamativo que varias de las metáforas del período colonial tienen un antecedente en las inscripciones del clásico prehispánico (250-900 d.C.), aunque algunas también reflejan influencia europea temprana desde la época del contacto (siglo 16).

Acerca de la muerte y la metáfora

Es preciso dejar en claro algunos conceptos antes de iniciar el análisis. En primer lugar, es bien conocido que todas las lenguas del mundo tienen metáforas relacionadas con la muerte. Ya sea el clásico estirar la pata de los hispanohablantes, el del español mexicano petatear, hasta el anglosajón kick the bucket (‘patear el cubo’ [recipiente]), el análisis de las metáforas nos revela un aspecto cultural e histórico único de los hablantes.

En este texto, la metáfora se define como “una figura retórica o figurativa en la cual aspectos de una cosa se adscriben a otra”[2]. Muchas de las metáforas aquí analizadas no se conciben como formas elevadas de comunicación ya que en la mayoría de los casos son representaciones normales para expresar varias ideas. Además, en la vida cotidiana, los hablantes (de cualquier lengua) no piensan ni en la construcción ni en el sentido literal de lo que entendemos nosotros por metáfora[3]. Lo que ayuda a comprender la metáfora en muchas ocasiones es el análisis de los elementos que constituyen una palabra u oración.

No se profundizará en todos los aspectos relacionados con la muerte entre los antiguos mayas yucatecos, sólo se le dará prioridad al aspecto semántico de las palabras y oraciones. Para el interesado en el pasado prehispánico, puede consultar algunos de los trabajos que han servido como guía para escribir este ensayo, como los de Ruz (1968), Eberl (2005), Fitzsimmons (2009), Scherer (2015), Tiesler y Cucina (2007), Ruz y otros (2003), Malvido y otros (1997) entre muchos más. 

Nota: la ortografía colonial para la lengua maya presenta diferencias con respecto a la ortografía moderna. Las equivalencias son las siguientes: c = k; k = k’; chh = ch’; th = t’; z = s (ç) ; dz = ts’ / tz’; pp = p’; u = w (ante vocal); h = j (nunca es muda) y la x = sh del español (en todos los alfabetos mayas). Los tonos, vocales rearticuladas y altos glotales de las vocales no se representan en el maya colonial[4].

La muerte y los muertos. Término básicos

El primer tipo de términos deriva o usa palabras relacionadas con la ‘muerte’ o con ‘morir’. De esta manera, en maya yucateco moderno kíimil es ‘morir’ o la ‘muerte’, kíimsaj es ‘matar’ y kimen es el ‘muerto’[5]. La raíz de esos término es *kíim o *kim, la forma antigua (del protomaya) es *kam y tiene equivalentes (es decir, cognados) como cham, chäm, kam o kyim, que en otras lenguas mayas forman voces relacionadas principalmente con ‘morir’ o ‘matar’[6].

El análisis de los siguientes términos se basa en lo contenido en el Vocabulario Maya Than (Acuña 1993) y el Calepino Maya de Motul (Acuña 2001).

En maya colonial encontramos ah cimil y cimen como ‘difunto o muerto’ y también como ‘enfermo, o el que ha de morir’; y a veces significa ‘el que murió’. Cimil, como nombre genérico también era ‘la enfermedad’ y ‘estar enfermo’, ‘morirse, fallecer y finar’, así como ‘cosa muerta, que murió’. También ah cimilal y cimlalob se registran como ‘muertos, difuntos’[7]. Con base en estas palabras se forman términos compuestos como zac cimil ‘hacerse mortecino o fingir estar muerto’, que usa la palabra zac (‘blanco’) con su acepción de ‘falso, artificial’. De manera parecida, tenemos los términos cim cim och ‘el que finge estar muerto, como la zorra’, que usa la voz och ‘zarigueya’ y que aparece también como cim cim och u cah ‘házese muerto o mortezino’[8]. En este caso, el comportamiento humano se compara con el comportamiento animal.

Otros términos compuestos semejantes son ah cimil uenel ‘gran dormilón, que duerme como muerto’ (que usa la voz uenel ‘dormir’), ah tutuz cimil ‘el que se haze muerto o lo finge’ (que usa la voz tuz ‘mentir’) y cimenach ‘perezoso y muy descuidado, que anda como muerto’. Otras dicciones relacionadas con la raíz lingüística *cim son che tun cimil ‘muerte súbita y repentina, y morir así’ y cimen tun ‘muerto está ya’.

Hay otro tipo de voces que no hacen uso de las palabras ya mencionadas, pero refieren también a morir. Uno es zaatal ‘perderse, destruirse y acabarse o morirse’, y también ‘desaparecer o desparecerse’. Otro es zipil ‘morirse’, al parecer derivado de zip ‘librarse o soltarse de algún oficio o cargo’. Hidz aparece como ‘pasamiento de muerte, desmayo mortal y parasismo, y temblar la carne quando muere’ y también en el término u hidz cuxtal ‘el fin de la vida’. Otro más deriva de la voz lah ‘fin o cabo’ y se expresaba como u lahen ‘muérome, quiérome morir, estoy al cabo’.

Este primer grupo de términos no presenta mayor problema y seguramente tiene equivalentes en otras lenguas mayas y mesoamericanas. Algunas expresiones se pueden entender por los mayahablantes de hoy en día, aunque ya no se usen de manera común. Cabe mencionar también que los términos chami’ ‘murió (el/ella)’ y chamay ‘murió (el/ella)’, eran de uso muy común en la época prehispánica y normalmente se representaban con el logograma CHAM, que representa una calavera humana (ver figura 1)[9]. La muerte era uno de los eventos más importantes entre los personajes de élite prehispánicos y muchos monumentos tienen registro de su conmemoración.

Figura 1. a) lectura chami‘; b) lectura chamay. Dibujos de Markus Eberl (2005) y Linda Schele (Famsi), respectivamente

La muerte y la pérdida del aliento vital

El segundo grupo de términos refiere a la muerte como consecuencia de la pérdida del aliento vital o de algún componente anímico.

En primer lugar, tenemos benel ik ‘morirse’, que usa el verbo benel ‘irse’ y el sustantivo ik ‘aliento’, por lo que puede traducirse como ‘perderse el aliento’. La voz ik se traducía como ‘aire o viento’ y por extensión era el ‘anhélito, resuello y soplo que uno echa por la boca’, además de ‘espíritu, vida y aliento’. Con la ortografía actual es iik’ y hoy en día se le da la acepción de ‘aire, viento’, ‘aliento, respiración, hálito’ y ‘espíritu, vida’, además de nombrar a ‘cualquier tipo de enfermedad cuya causa no ha sido determinada y que la gente llama aire’[10]. Otro término colonial muy semejante al anterior es binam yik ‘murióse; fuésele el espíritu o el alma [a él o ella]’, que usa binam, participio de benel ‘ir’, por lo que literalmente sería ‘está ido su espíritu/alma’. En estos casos la metáfora implica que la pérdida del aliento es igual a la muerte y lo que se está usando es una alegoría, dado que los elementos tienen un significado simbólico.

También tenemos lah pach ik ‘boquear el que muere’, que literalmente es acabarse (lah) el último (pach) aliento (ik). Muy similares son los términos tzutz ik y hahak ik, ambos traducidos como ‘boquear el que muere’, pero el primero usa la voz tzutz ‘cerrar algún agujero’ y el segundo hak, al parecer entendido como ‘turbarse’, pero relacionado también con hak ik ‘suspirar’. Otros términos son xulul cuxtal y xulul ik ‘morirse’, traducidos como ‘acabarse la vida’ y ‘acabarse el aliento’ respectivamente; ambos usan la voz xuulul, que por sí sola podía significar ‘acabarse, como el camino y lo que se mide, y fenecerse o tener fin’.

En el texto colonial conocido como Chilam Balam de Tizimin hay otro ejemplo de la pérdida de los elementos anímicos del ser humano en relación con la muerte. En una sección podemos leer: ca ix sati yol ca ix sati yik, que se traduce como ‘y entonces se perdieron sus ánimos, entonces se perdieron sus alientos’[11]. Aunque es posible que la pérdida del ol, que es el ‘corazón formal (no material), voluntad, gana, energía anímica’ y del aliento vital (ik) se concibiera como la ‘aniquilación de la vida’ en esa época, también debemos notar que en los diccionarios coloniales y en las inscripciones clásicas, solo la pérdida del segundo elemento equivalía a la muerte. Incluso en la actualidad, la pérdida del óol no implica la muerte del individuo[12]. Un análisis más profundo, que no se realizará aquí, podría aclarar esa cuestión.

Finalmente, en las inscripciones jeroglíficas del clásico encontramos los antecedentes más antiguos de esta metáfora de muerte. De uso común era la frase k’a’ay u sak ik’al ‘se desvaneció su blanco aliento’ a veces leída parcialmente como k’a’ay u-T533/T535-ik’al o k’a’ay u ? ik’al (con algunos signos de incierta lectura)[13]. En cualquier caso, no cabe duda de que el término refiere a la pérdida del aliento vital y por extensión a la muerte (imagen 2). Además, en la iconografía clásica era común representar el aliento humano mediante volutas o cuentas de jade y flores, ubicadas frente de la nariz o boca de los seres vivos, de tal manera que la ausencia de estos elementos se relacionaba con la muerte o expiración del individuo[14].

Figura 2. a) Lectura K’a’ay u-T173 sak? ik’al; b) lectura k’a’ay u ? sak? ik’al. Dibujos de Mark Van Stone (2001) y Linda Schele (FAMSI), respectivamente

Dos metáforas de muerte y guerra

Así como hay metáforas que refieren a la muerte natural, también hay referencias a la muerte en guerra o en batalla. Como se verá, estas también tienen un antecedente en las inscripciones del clásico.

Las primeras dicciones coloniales son uiil tok y uiil halal, ambas traducidas como ‘matanza grande haber en la guerra y hacerse ésta’. Significan respectivamente ‘el alimento del pedernal’ y ‘el alimento de la flecha’ [15]. Como bien notó Lacadena (2002, 2009) el antecedente de esta figura literaria se encuentra en la Estela 23 de Naranjo (Guatemala), en un texto tallado en piedra casi mil años antes que los vocabularios mayas coloniales. Una sección del monumento se puede leer como wi’aj u tok’ u pakal, traducido como ‘el pedernal y el escudo se alimentaron’. El tok’ ‘pedernal’ y el pakal ‘escudo’ parecen representar un difrasismo, entendido como ‘armas’ y a veces, ‘ejército’. La metáfora más obvia es que las armas de guerra se concebían como seres vivos que necesitaban ser alimentados por la sangre humana, pero también indica que la guerra se relacionaba con la obtención de sustento y con la cacería.

Aunque es posible que ambas dicciones formen un difrasismo, es decir, que uiil tok y uiil halal en combinación den lugar a un tercer significado distinto (‘matanza grande…’) hay que notar que en el Vocabulario Maya Than se presentan por separado. Además, el pedernal (tok) es un elemento que forma parte de la flecha (halal), no son dos elementos separados, como el escudo y el pedernal (un armamento de defensa y otro de ataque), que se mencionan en el clásico. Solo uiil tok ‘el alimento del pedernal’ o uiil halal ‘el alimento de la flecha’ podían significar ‘matanza grande haber en la guerra’ entre los mayas yucatecos coloniales. La metáfora también implica un grado de personificación, entendida como “la atribución de comportamientos, sentimientos o acciones propias de los seres animados a entidades inanimadas”[16]. Las armas comen y su alimento es la sangre humana.

Un segundo ejemplo de exaltación lo encontramos en la frase colonial bancunah tzekel, traducida como ‘morirse muchas personas’, pero que literalmente es ‘formar montones las calaveras’. El antecedente clásico de esta expresión se halla en la escalera jeroglífica de Dos Pilas (Guatemala), monumento en donde se puede leer que después del derribo del pedernal y el escudo del gobernante Nun u Jol Chahk, a continuación ocurrió que: nahbaj u k’ik’el, witzij u jolil ‘se convirtió en mar su sangre, se hicieron montaña sus cráneos’ de un grupo de personas de «las 13 provincias”[17]. Este tipo de figura literaria, que tiene como función enaltecer un acontecimiento, objeto, personaje o sentimiento, se conoce como hipérbole[18].

Cabe mencionar que expresiones como multun tzek ‘montón de calaveras’ también son mencionados en otros textos del Yucatán colonial[19].

Los lugares de muerte y el proceso de enterramiento

Los textos coloniales también nos informan sobre el proceso de enterramiento, los lugares de entierro y el simbolismo de algunas de estas acciones.

Las ‘bóvedas o cuevas en que enterraban a los muertos’ se llamaban hobon tun ‘piedra hueca’, aunque es de notar que algunas fuentes antiguas registran hobonel como ‘vientre’. Es posible que estos lugares de entierro se concibieran como vientres simbólicos. La práctica de depositar restos humanos en cuevas es algo que se ha confirmado mediante estudios arqueológicos. Kocheb o kochob eran las ‘andas en que llevan a los muertos’, es decir, las plataformas de madera en que se asentaba el cadáver y mucul era la ‘tumba’, voz que también refiere a ‘cubrir’ algo. De allí expresiones como kochtex cimen ti mucul ‘llevad así el muerto [a la tumba]’.

También se registraron las expresiones muc cimen; oczah ti luum como ‘enterrar muertos’, la segunda de manera más literal traducida como ‘meter a la tierra (el cadáver)’. U tepp cimen era la ‘mortaja’ o bien, ‘el envoltorio del muerto’. La práctica del amortajamiento, si bien no es exclusiva del área maya ni de Mesoamérica, también se ha registrado en la iconografía del clásico (imagen 3) y por medio de los vestigios arqueológicos.

Figura 3. El cuerpo amortajado de un gobernante que yace sobre una banca de piedra, mientras el aliento vital escapa de su boca. La figura del mono indica el rumbo este, hacia donde se orienta la cabeza. La iconografía refiere a la montaña y el agua. Cerámica del clásico temprano, Petén, Guatemala. Dibujo de Simon Martin (2006).

Para terminar, mencionaremos una oración bastante interesante: chikintan cunox u pol cimen ‘poned así la cabeza del muerto [hacia el poniente]’. Esto nos hace ver que la tradición cristiana-europea de colocar la cabeza del muerto en esa posición ya había arraigado en las costumbres de esa época, ya que en la iconografía maya clásica se hacía énfasis en el rumbo este, lugar de (re)nacimiento del sol y por ende, del gobernante maya.

Comentarios finales

Hemos visto que algunas expresiones de los antiguos mayas comparten cosas en común con las usadas en la actualidad, aunque otras, seguramente de contextos más específicos, no sobrevivieron. Es claro que el uso ritual de las palabras, en contextos de guerra o de muerte ritual-social, influyó para el desarrollo de las metáforas. Los términos que refieren a la muerte como la pérdida del aliento o de alguna entidad anímica son de origen prehispánico y pueden rastrearse en las inscripciones clásicas, en los diccionarios coloniales y en algunas lenguas mayas actuales. Aunque no sobrevivieron en maya yucateco actual, las frases equivalentes a ‘perder/destruirse el aliento (vital)’ si sobreviven en lenguas como el tzotzil, tzeltal, ch’orti’ y tojolabal. Otros términos registrados en maya clásico son ochi’ ha’ ‘entró en el agua’, ochi’ bih ‘entro en el camino y ochi’ witz ‘entró en la montaña (todos como ‘murió’), pero en lenguas mayas actuales no sobrevivieron sus equivalentes. Valdría la pena investigar por qué algunos términos prevalecieron y otros no.

Es preciso mencionar que en algunos casos es difícil saber si algunos términos registrados en épocas coloniales son de origen prehispánico o si son una adaptación temprana de las ideas europeas. En dado caso, mientras más material (lingüístico, arqueológico, histórico) se tenga, más seguridad se tendrá de la supervivencia o extinción de una determinada tradición. Aún se pueden profundizar en varios de los temas aquí tocados, que seguramente son comunes a varios de los pueblos mesoamericanos.

Al estudiar el tema de la muerte no debemos olvidar que la tradición funeraria del siglo 16 en el área maya se adaptó rápidamente, como bien nos demuestra el término recopilado para la ‘Fiesta de Todos Santos’: u Molay Sanctoob.

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Recreación del ajuar funerario de la Tumba 4 de la estructura 2 de Calakmul, Campeche, probablemente perteneciente a Yuhknom Yihch’ak K’ahk’. Clásico tardío, Museo del Fuerte San Miguel.

Anexo. Algunas frases y oraciones coloniales relacionadas con la muerte, tomadas del Calepino Maya de Motul y del Bocabulario Maya Than (Acuña 2001 y 1993).


ah cimil u uilal uinic ca zihi ‘para morir nació el hombre’
ppoloc ci, dzedzec ci, bin cimic tu lacal agora sea grande (o gordo), agora sea pequeño, todos han de morir
bala xan ta cimil? ¿cómo te tardas tú en morir?;¿cómo no te lleva la muerte?
canil cuxaan, u canil cuxaan pasamiento y agonía de muerte, y el que está cercano a ella.
bin tac cimil a uokol ti ma kahan tech vendrá la muerte sobre ti sin sentir.
dze mucut la casa de los muertos, en que están las ánimas.
dzib olaan cimil tu men es deseada la muerte por él
ma mac vchac u hech tic cimil ninguno puede hurtar el cuerpo a la muerte, ni escaparse de morir.
ixma kin bin talebal cimil c okol sin pensar vendrá la muerte por nosotros, o sobre nosotros
u kintzil a cimil la hora de tu muerte
kuchaan en tin kin ya estoy cercano a la muerte; quiérome morir
ma naan u nuucul u kintzilil cimile no tiene quándo la hora de la muerte; no ay saber quándo será.
muchhaan v bacel in yum muerto está mi padre; amontonados están sus huesos
baci a pay kak a uokol no llames, no trayas el fuego sobre ti; esto es, no busques tu muerte o daño.
tac in cimil, tu dzib uol paréceme que me quiero morir, que se acerca mi muerte
thal cabal el que está muy enfermo y a punto de muerte, que no se menea en la cama
u taah haab lo que sucede de trabajos, hambres, muertes o pestilencia, dentro de un
año.
xeth ol yr sin miedo a la muerte o a otra cosa como desesperado, o desear morir
che cimil morir niño, o de tierna edad; ‘morir tempranamente, sin aviso’
kuchbal en tin kin a punto estoy de morirme, que poco me falta.
ocol kin ti morirse algún viejo, o estar para morir
ool v cimil vinic la: a punto está de morirse este hombre.
xuupul ti cimil, haayal ti cimil Acabarse el pueblo por muerte
zataan ol; zataan ik ‘aturdido, sin sentido, como muerto’
anat ti u utzul cimil ayudar a la buena muerte


Notas

[1] Refrán recopilado en el Calepino Maya de Motul, traducción propia; ver Acuña 2001:531

[2] Maxwell, 2004:34

[3] Brody, 2004:63

[4] La ortografía del español de la época también ha sido modificada ligeramente, para facilitar su lectura.

[5] ALMY 2007:97.

[6] Ver Kaufman 2003:347 y 348.

[7] Notar que cimlalob usa doble pluralizador, -al y -ob.

[8] La zarigüeya (el marsupial americano) es conocido por fingir estar muerto cuando se siente en peligro.

[9] Eberl 2005:42, Lacadena 2013:40

[10] ALMY 2007:61

[11] Edmonson 1982:52; Kettunen 2005:290.

[12] Ver Casanova 2019.

[13] Ver Lacadena 2013:40; Eberl 2005:47; Fitzsimmons 2009:28-30; Kettunen 2005:285-295; Schele y Looper 1996:18-21. Los signos marcados con un T y un numeral indican la clasificación según el catálogo de Thompson.

[14] Houston et al. 2006:142-145

[15] Lacadena 2009:47

[16] Lacadena 2009:42

[17] Martin 2001; Boot 2002, Lacadena 2003:853, Lacadena 2009:42

[18] Lacadena 2009:42

[19] Ruz 1968:43

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