¿Es correcto celebrar el Año Nuevo Maya en julio de cada año? Una revisión del estado de la cuestión

por William H. Mex[1]

Introducción a la problemática

En los últimos años y sobre todo a raíz del fenómeno 2012, se puso de moda la celebración de un “Año nuevo maya” o “Fuego nuevo”  en diversas partes de la Península de Yucatán. Esta actividad, normalmente llevada a cabo el 21, 25 o 26 de julio de cada año (o unos días antes o después), es proclamada -no pocas veces- como de “origen prehispánico” y perteneciente a una “tradición antigua” por sus organizadores. Pero ¿cuál es la evidencia antigua en la que se respalda dicha actividad? ¿existe un origen prehispánico de la celebración? Y, desde un punto de vista serio y académico, ¿es correcto celebrarlo en el mes de julio, cada año? Este breve artículo pretende revisar y cuestionar las fuentes antiguas en las que se basaría dicha celebración, para saber qué tan confiables son y para acercarse a cómo conmemoraban el Año Nuevo los antiguos mayas.

El calendario maya y los textos para su estudio

Como sabemos, para el estudio de la cultura maya y las culturas mesoamericanas, existen básicamente 3 tipos de fuentes: las actuales (tradición viva, estudios antropológicos, etc.), las coloniales (crónicas, vocabularios, Relaciones, etc.) y las prehispánicas (monumentos en piedra, códices, etc.). En varias ocasiones, una fuente complementa a otra (y no siempre disponemos en igual cantidad y calidad de todas). Este texto indaga principalmente en las fuentes etnohistóricas y arqueológicas (incluyendo las epigráficas).

En primer lugar, debemos dejar en claro qué entendemos como calendario maya prehispánico. Este calendario es aquel que es posible estudiar (principalmente) mediante un acercamiento a los monumentos e inscripciones datadas más que nada del 250 al 900 d.C. (período “Clásico”), es decir, mediante las fuentes más antiguas y fidedignas. Este calendario se conforma en su totalidad de varias cuentas, siendo las más relevantes para este estudio, las siguientes (ver bibliografía citada):

  • El “año solar” Haab (o Ja’ab) de 365 días, formado por 18 veintenas o winales (“meses”) y 5 días aciagos (Wayeb)
  • El “año vago” de 360 días (también conocido como Haab/Ja’ab)
  • La cuenta de augurios/adivinatoria/sagrada de 260 fechas conocida como Tzolk’in (nombre moderno) o Ch’ol q’ij (nombre actual de los altos de Guatemala). Se conforma de 20 días y 13 números = 260 fechas con augurios/pronósticos, que se repiten infinitamente
  • Un ciclo de 52 años, que es cada cuando una fecha Haab y Tzolk’in vuelven a coincidir o se “sincronizan”
  • La “Cuenta larga”, que parte de un punto de origen, conocido como “Fecha era”, que inició en el 3114 a.C. y en cuyo decimocuarto “Baktún” (Pik) estamos viviendo. Esta cuenta considera los Bak’tunes, K’atunes, Tunes, Winales y K’ines que han pasado desde una fecha, la 4 Ajaw, 8 Kumk’uh[2]

Ninguna de estas cuentas por sí sola es el calendario maya. Por ejemplo, si no consideramos la cuenta Tzolk’in / Ch’ol q’ij, no tendríamos el augurio o suerte del día; si no consideramos el Ja’ab/ Haab, no tendríamos la veintena y las actividades correspondientes, y si no consideramos la “Cuenta Larga”, no tendríamos el punto de partida del conteo de días totales. Ahora bien, retomando el tema relevante para nosotros, es preciso preguntar: ¿Quiénes nos hablan del año nuevo maya? Una fuente moderna afirmaba hace poco que:  

“La fecha de inicio del Año Solar Maya (Haab) está establecida en tres fuentes documentales: (1) El Códice Pérez, recopilación de documentos calendáricos hecha por el ilustre investigador yucateco Juan Pío Pérez Bermon (vivió del 11-7-1798 al 6-3-1859), (2) El Chilam Balam de Chumayel, capítulo III, y, (3) la Relación de las cosas de Yucatán, libro escrito por Fray Diego de Landa. Las tres fuentes mencionan la fecha 16 de julio, pero, como es fecha del Calendario Juliano (ahora en desuso), al convertirla al Calendario Gregoriano (el que usamos), obtenemos el 26 de Julio[3].”

Es válido mencionar que, actualmente, las tres fuentes documentales citadas resultan fundamentales para comprender la cultura maya yucateca colonial (y también posclásica), aunque hayan sido escritas con el alfabeto latino, después de la conquista española y con influencia de la tradición europea. Como se mencionará al final de este apartado, existe otra fuente colonial, que niega la existencia del bisiesto y un posible ajuste, pero casi no ha sido tomada en cuenta. Pero antes debemos analizar que es lo que realmente dicen los textos. El escrito más relevante, por supuesto, es el atribuido a Diego de Landa. En la sección donde explica el funcionamiento del calendario, el fraile franciscano dice:

“El primer día del año de esta gente era siempre a 16 días de nuestro mes de julio [calendario juliano], y primero de su mes de Pop, y no es de maravillar que esta gente, aunque simple en otras cosas, le hemos hallado curiosidad y opinión en esta […]” (Rivera 1985:112, enfásis mío)

Después de lo cual prosigue:

“El primer día de Pop es el primero del primer mes de los indios; era su año nuevo y, entre ellos, fiesta muy celebrada porque era general y de todos […]” (Rivera 1985:130).

Ahora bien, tenemos que notar que Landa menciona que el 16 de julio (26 de julio, ajustado al calendario gregoriano) coincidía con el primer día del mes <Pop> (en maya Clásico: K’anjalaw / K’anjalab). La fecha Tzolk’in era 12 K’an, uno de los «cargadores» del año[4]. La fecha de la Relación probablemente fue 16 de julio de 1553. Pero si la cuenta solar de los mayas precolombinos era de 365 días ¿Cómo es posible que siempre cayera un 16 de julio el día de “año nuevo” del mismo? Esto hubiera implicado un ajuste de días, del cual no tenemos evidencia y no tenemos por qué pensar siquiera que dicho ajuste existió originalmente, ni el Clásico, ni en el Posclásico[5]. Existe la posibilidad de que la fecha que recopiló Landa haya coincidido con el inicio del año nuevo una sola vez, y no siempre. Y que esa fecha se haya tomado como absoluta.

Más aún ¿por qué deberíamos tomar al pie de la letra -y sin cuestionar- lo que Landa afirmó con respecto al calendario? En otra sección, por ejemplo, el fraile confunde el silabario maya con un alfabeto (ver Rivera 1985:148). Si consideramos que el redactor confundió un silabario con un alfabeto ¿Por qué habríamos de creer que comprendió o quiso entender el calendario maya, algo que era mucho más complejo? Como se verá, es poco probable que haya existido una ajuste de bisiestos en la cuenta maya, ya que no hay fuente que así lo afirme y fundamente, al menos de manera convincente[6].

Ahor bien, ¿qué dice el Chilam Balam de Chumayel sobre el año nuevo? Este texto colonial, si bien tiene datos del período Posclásico (aprox. 900/1000 – 1521/1697 d.C.), se terminó de elaborar hacia 1782, casi 300 años después de la llegada de los españoles, es decir, cuando los mayas yucatecos ya habían asimilado una parte de la cultura europea. El siguiente análisis se basa en la sección titulada KATÚN en la traducción de Mediz (2010) y CALENDRICAL NOTES en la versión de Edmonson (1986) de dicho texto. Dicha sección comienza con la mención del Katun 11 Ahau en 1513, y menciona las características relevantes del calendario maya de esta manera:

  • los meses del año:
  • <u ychil Haab doce 12> ‘meses del año: doce’
  • los días del año:
  • <u tzol kin ychil hunp’el haab días 365> ‘la cuenta de días en un año: 365’
  • las semanas del año:
  • <u tzolan semana ychil hunp’el haab 52> ‘la cuenta de semanas en un año: 52’
  • y la cuenta de días por meses:
  • <u tzolan kin ychil uacp’el u tu yax chun días 181> ‘la cuenta de días en seis meses, desde el verdadero comienzo: 181’

Tenemos que notar que este es un conteo que toma como base el Calendario Gregoriano, por eso menciona las 52 semanas (períodos de 7 días) que hay en un año y la cuenta de 181 días, para seis meses. Es imposible que se refiera a meses (winales) mayas, ya que habrían sido 120 días (dado que son 6 veintenas de días). Y más aún: usa la palabra <u> ‘mes, luna’ para los meses de 30 o 31 días del Calendario Gregoriano, a pesar de que el término originalmente designaba a la veintena o  “mes” maya. Esto es un ejemplo de la adaptación de conceptos calendáricos europeos a la cultura maya (y viceversa). El texto prosigue con la cuenta de veintenas mayas:

  • <u tzol uinal ychil hunp’el hab lae> ‘la cuenta de winales [meses] en un año es:’
  • Poop 16 julio, Uoo 5 agosto, Zip 25 agosto, Sotz 14 septiembre, Sek 4 octubre [etc.]

Es decir, el mes maya <Pop> iniciaba el 16 de julio, el mes maya <Uoo> iniciaba el 5 de agosto, etc. Esta si es la cuenta de los meses (winales) de 20 días mayas, correlacionada con cada mes del Calendario Gregoriano. La cuenta finaliza con la última veintena y los 5 días aciagos:

  • <Cumku 21 junio>
  • <u uayayab hop’el kin> ‘los wayayab [días aciagos] son cinco [después del mes Cumku]’  

Considerando lo anotado, si al 21 de junio sumamos 20 días, llegamos al 11 de julio. Eso quiere decir que el año nuevo siguiente, después de los 5 días aciagos, habría caído otra vez el 16 de julio [26 de julio, en C. Gregoriano], ya que ese habría sido el primer día de la veintena maya Pop (21 junio + 20 días= 11 julio + 4 días = 16 julio [26 de julio, en C. Gregoriano]). Pero sin agregar bisiestos, ya que febrero lo contaron de 28 días. De seguir con ese tipo de cuenta, habría provocado un desfase mayor con el pasar de los años, a menos que se hiciese un ajuste (recordemos que el bisiesto europeo se instituyó hacia 1582). El problema es que ninguna fuente colonial registró que el calendario maya hiciera algún ajuste del calendario solar con el año trópico. Si lo hicieron, muy probablemente fue un ajuste de la época colonial temprana o un ajuste con miras a igualar la cuenta maya con el calendario europeo (una “recalibración”, en tiempos cercanos a la llegada de los europeos)[7].

Otro texto colonial, atribuido al famoso Diego Chi, dado a conocer por Juan Pío Pérez y escrito hacia 1793, explica parte del funcionamiento del año maya y sus meses de esta manera:

“Éste es el calendario de nuestros antepasados: cada 20 días hacen un mes, según decían. 18 meses era lo que contaban un año; cada mes lo llamaban «un uinal» que quiere decir mes; de 20 días era la carga de un mes; «mes uinal» decían […] (Barrera y Rendón 1972:150)”

Y nos dice que una vez completadas las 18 veintenas, venía los días wayeb:

“[…] cuando se cumplían los 18 por cada vez que pasaba su carga era un año; luego se asentaban los cinco días sin nombre, los días dañosos del año, los más temibles, los de mayor pena por el temor de muertes inesperadas y peligros de ser devorados por el jaguar […] (Barrera y Rendón 1972:150)”

Y ya cuando iban a finalizar los días dañosos, dice:

“[…] al cuarto día se le colocaba [la imagen del dios] en las afueras de la casa para que allí le amaneciera; al quinto día se le echaba para que se fuese. El sexto día entonces que era el primero, el día cargador del año, en el que se asentaba el comienzo del año, del nuevo año y del primer mes llamado otra vez Poop, (estera) […] (Barrera y Rendón 1972:152, subrayado mío).

Resulta raro que quién escribió esto no mencionara algo sobre ajustes o años bisiestos. Aunque esto podría atribuirse a su incompleta comprensión del sistema, ya que el mismo redactor maya afirmó: “Que me perdonen mis yerros mis señores padres y los altos entendidos maestros […]” (Barrera y Rendón 1972:153, énfasis mío). Parece ser que entendía que el sistema maya no se ajustó en ningún momento (el bisiesto europeo se había implementado casi 200 años antes de que él escribiera).

El intelectual yucateco Juan Pío Pérez Bermón, en su Antigua Cronología Yucateca, también nos explica algo con respecto al funcionamiento del calendario y la cuestión del Año Nuevo. Además de recalcar las características básicas de los períodos de tiempo ya mencionados, con respecto a la finalización del año maya y el supuesto ajuste de un día de más (cada cuatro años) para el año bisiesto, hace notar que:

«[…] como el bisiesto es muy necesario para integrar el curso solar y éste lo tenían los indios bien conocido, sin duda alguna hacían la intercalación, aunque del modo de verificarla, no hayan dejado noticia alguna; por lo cual se tratará del que usaban los mexicanos por ser muy análoga su cronología á la de nuestros indios, habiendo tenido un mismo origen […]» (Pérez 1883:646, subrayado mío).

Es decir, Pérez Bermón, para respaldar la idea del bisiesto y el ajuste calendárico, toma como base los trabajos que otros académicos de su época (como Veytia y Boturini) realizaron acerca de los calendarios del centro de México (ver Pérez 1883:646-649). Y hay que decirlo: principalmente considera válidos los argumentos de esos académicos, a razón de ser autoridades intelectuales en el tema:

“Como el caballero Boturini tenía conocimientos superiores á cualquiera otro de las historias y pinturas de los indios [del centro de México], es evidente que nada puede contrabalancear su autoridad sobre esta materia, y que su pluma ha puesto la cuestión bajo su verdadero punto de vista.” (Pérez 1883:649, subrayado mío)

Pérez valida la existencia del ajuste del bisiesto entre los antiguos mayas, a razón de que otros académicos expresaron que tal cosa existió en el centro de México antiguo. Aunque se comprende que el ambiente intelectual y el acceso a fuentes al momento en que se redactaron esos trabajos era muy, pero muy distinto al de nuestra época, es justo reconocer que a Pérez le faltó hacer una meticulosa crítica de fuentes históricas, muy necesaria aún en nuestros días.

Antes de pasar a revisar las fuentes precolombinas, vale la pena recalcar lo que las Relaciones histórico-descriptivas de la Verapaz, el Manché y Lacandón en Guatemala, de Martín Alfonso Tovilla mencionan con respecto al calendario de los Chol-Manché[8]. En el Capítulo III del Libro Segundo, este texto, que recopila información de principios del siglo diecisiete, menciona que el año se formaba por 18 meses de 20 días, (tal y como se ha venido mencionando aquí), pero se debe poner atención en lo que dice sobre el sistema, al final de la descripción:

“[…] Constan estos dieciocho meses de trescientos sesenta días, al fin de los cuales dan cinco, que llaman de gran ayuno, días que no tienen nombre. Con estos días se cumplen los 365. Y sólo un yerro les hallé en esta cuenta, que es por ignorar los bisiestos. Y no hay que admirar, pues tantos años lo erramos nosotros hasta que la Iglesia lo enmendó […]” (García 1985:729, énfasis mío)

La misma Relación menciona más adelante:

“Cúmplense estos dieciocho meses a 28 de junio, que el postrero día del mes, y entonces entran los cinco del gran ayuno. Dura hasta tres de julio, y esta vigilia para ellos es de gran veneración, de forma que a cuatro de julio entra el primer día del año según su cuenta […]” (García 1985:729, énfasis mío)  

Cabe mencionar que en esa época, la región Chol-Manché permanecía sin pacificar y se puede considerar que era una región con poca influencia española u occidental. Sin embargo, como en otras crónicas coloniales, no se menciona cuál era la fecha de la cuenta de 260 días en la que caía el año nuevo.

Una vez analizadas estas fuentes, podemos considerar varias posibilidades para explicar las similitudes o disparidades entre ellas: 1) que el año bisiesto o ajuste de días del calendario maya fuese influencia del calendario europeo; 2) que los mayas del Posclásico hubiesen ajustado su calendario introduciendo el bisiesto (tal vez mediante 6 días finales) de manera independiente a la influencia europea (pero en vísperas del contacto); 3) que los mayas peninsulares hubiesen hecho un ajuste de días para el bisiesto (con o sin influencia europea) y que los Chol-Manché no lo hubiesen hecho, a razón de que ambos grupos mantuvieron tradiciones calendáricas relativamente “aisladas”. Aún faltaría un estudio más profundo para respaldar o descartar alguna de estas propuestas. Lo que debemos notar por el momento, es que las fuentes yucatecas coloniales parecen basarse en una sola fuente primaria y eso explicaría que repitieran la misma información. Ahora bien, pasemos a revisar las fuentes más confiables con respecto al tema: las prehispánicas.

Ceremonias de Año Nuevo y cargadores en los códices mayas

La mejor evidencia de origen precolombino que nos da ejemplos confiables de las fechas y ceremonias del año nuevo maya la encontramos en los códices de papel amate. Existen cuatro códices mayas y todos son de origen Posclásico (aprox. 1000-1200 d.C.): Dresde, Madrid, París y Grolier. Los tres primeros tienen evidencia epigráfica de las ceremonias de los cargadores del año, entendidas como “aquellas que marcan la transición de un año a otro, celebrado durante los últimos cinco días del año anterior y el primer día del año nuevo” (Vail y Hernández 2013:11, traducción mía). Es decir, en esos documentos hay evidencia de qué se hacía antes y después de la fecha de año nuevo.

Hay que aclarar que un “cargador del año” es el día con que comenzaba el año Haab, la primera posición del año de 365 días, el día de año nuevo, tiempo denominado como Yax Haab. Por la dinámica de las cuentas de 260 días y de 365 días, solo 4 de los 20 días Tzolk’in podían corresponder con la primera posición del Haab[9]. En teoría existirían 5 “tipos” o grupos de cargadores de años, pero solo tenemos evidencia de la existencia de 3 tipos[10]:

  • Tipo 2, días Ik’, Manik’, Eb y Kaban (Período Clásico)
  • Tipo 3, días Ak’bal, Lamat, Ben y Etz’nab (Códice Dresde)
  • Tipo 4, días K’an, Muluk, Hix y Kawak (Códice Madrid y Landa)

En las páginas 25-28 del Códice Dresde hay evidencia de que los días de año nuevo eran Ben, Etznab, Ak’bal y Lamat y en las páginas 27 y 28 hay evidencia de la expresión Yahx Haab(il) ‘año nuevo’. En la sección de la página 27, con referencia a los años Ak’bal, se menciona el levantamiento (tz’ahpaj) de un árbol (Yahx Itzamna? Te’) en el oeste (chik’in) y se dice que el augurio para el inicio de año (Yahx haabil) es la sequía (k’in tuun haabil). La deidad de la muerte se observa ofrendando pescado, una ave degollada, tamales y esparciendo incienso (Imagen 1). En la página 28, con referencia a los años Lamat, se menciona el levantamiento de un árbol en el norte, pero esta vez el augurio es ‘comida y bebida’, entendido como ‘banquete’ o ‘abundancia de alimento’. La deidad Itzamna(?) se observa ofrendando piernas de venado, pavo, una ave degollada e incienso (Imagen 1).

Es valioso notar que el énfasis recae en los días del calendario maya y no en la veintena (mes). Y que estos días, por la mecánica del calendario, variaban. Estos son los ejemplos más claros de ceremonias de año nuevo que tenemos en los códices y, a cada grupo de días corresponden actividades similares, consistentes en más o menos el mismo tipo de acción y ofrenda (Imagen 2).

Imagen 1. Páginas 27 (izquierda) y 28 (derecha) del Códice Dresde, correspondientes a los años Ak’bal y Lamat. La flecha señala la lectura Yahx Haab(il) (tomado de https://www.slub-dresden.de/startseite/ y de Schele y Grube 1997)
Imagen 2. Páginas 25 y 26 del Códice Dresde, correspondientes a los años Ben (izquierda) y Etz’nab (derecha), respectivamente (tomado de Schele y Grube 1997)

Ahora bien, en el Códice Madrid también hay ceremonias de los cargadores del año. En la página 35, en la parte superior izquierda, se registraron los numerales 7 y 12 y el nombre del mes <Pop>, como K’anjalaw (Imagen 3, flecha blanca izquierda). Después (de arriba hacia abajo) aparecen las fechas 11 K’an, 2 K’an, 6 K’an, 10 K’an, etc., cada uno separado por un intervalo de 4 años, ya que los años restantes del ciclo son Muluk, Ix y Kawak (que cubren las páginas 34, 36 y 37).

 

Imagen 3. Página 35 del Códice Madrid (sección, tomado de Vail 2013)

Hay que mencionar que si bien estas son ceremonias de los cargadores de los años, no se menciona explícitamente el término Yahx Haab ‘año nuevo’, como si se hace en el Códice Dresde. El hecho de que aparezca la fecha Haab 7 y 12 <Pop> (K’anjalaw) se debe a que, por la dinámica del calendario, solo determinados días pueden corresponder con determinados coeficientes del Haab. Así, los días K’an, Muluk, Hix y Cauac (cargadores del Posclásico y mismos que registra Landa) solo pueden ser los días 7, 12, 17 y 2 de algún mes. Se sabe que las páginas 34, 36 y 37 del Códice Madrid hace referencia a las ceremonias relativas al año nuevo y cierran el ciclo de los 4 días-cargadores mencionados (ver Vail 2013).

Como se ha mencionado, Landa da la fecha 12 K’an 1 Pop como inicio del año nuevo (16 de julio, probablemente de 1553), pero por la dinámica del calendario, esta fecha debió ser 12 K’an, 2 Pop. El detalle se explicaría si consideramos la posibilidad de que el Haab pudo iniciar en un momento diferente del día que el Tzolk’in[11]. Aún así, mucho de lo que menciona Landa tiene cierta correspondencia con lo que aparece en estas secciones del Códice Madrid.

Con respecto a los libros sagrados, finalmente, en las páginas 19 y 20 del Códice París (el tercero que nos interesa), se presentan los augurios correspondientes a cada año: Lamat, Ben, Etz’nab y Ak’bal (Imagen 5). En la sección (reconstruida) correspondiente a los años Lamat (primera de la izquierda) aparece una deidad esquelética sentada en una “banda celeste” y debajo de ella, un zopilote, un dios del maíz y un felino devorando a un humano. En la sección correspondiente a los años Ben (segunda columna), aparece un dios del maíz destripado, un ave (tal vez un zopilote) con intestinos en el pico y, debajo, un dios del maíz con el signo de tamal. En la parte correspondiente a los días Etz’nab (tercera columna) aparece un dios del maíz sentado sobre el signo del año, debajo de él una figura no identificada y más abajo, dos dioses del maíz frente a frente. Finalmente, en los años Ak’bal (cuarta columna) aparece un jaguar con la boca abierta, un dios del maíz bajo él, un animal sentado (tal vez un felino) y debajo, otro dios del maíz. 

De nuevo, se enfatiza que estos augurios son para años que comenzaban con cuatro fechas diferentes: Lamat, Ben, Etz’nab y Ak’bal. A cada grupo de días correspondían augurios específicos.

Imagen 4. Páginas 19 y 20 del Códice Paris (sin modificaciones). En la sección izquierda se observa la columna de los días Ben y a la derecha, de los días Ak’bal. Tomado de Rodríguez et al. (1999).
Imagen 5. Cargadores de las páginas 19 y 20 del Códice París, con modificaciones. Se observan, de izquierda a derecha, columnas de los días Lamat, Ben, Etz’nab y Ak’bal. La primera (día Lamat) y tercera (día Etz’nab) columnas se reconstruyeron, con base en la evidencia (tomado de Love 1994).

El caso de los cargadores del año en las inscripciones clásicas

Aunque hay poca evidencia de la importancia del “cargador del año” en los monumentos jeroglíficos, un estudio reciente (Stuart 2007) ha retomado el tema de la importancia ritual de esos días. Ese estudio respalda el uso de los cargadores “tipo 2” (Ik’, Manik’, Eb y Kaban) durante el Clásico. Un pasaje de la Estela 18 de Naranjo menciona que en un día 1 Ik’, asiento de Pop ocurrió una toma de posesión de unos jóvenes (ch’oktaak) y la erección de una estela (tz’ahpaj lakamtuun) supervisada por el gobernante K’ahk’ Tiliw Chan Chahk (Imagen 6). Es posible que este tipo de ceremonias antecediera a los rituales de año nuevo, sobretodo considerando los ejemplos que hemos visto en los códices.

En el contexto de los murales de la Tumba 2 de Río Azul se muestran las fechas 4 Ik’ y 4 Kaban, sobre la iconografía de montañas, en lo que es una asociación direccional de fechas importantes (Imagen 6). En el Panel 1 de Pomoná aparecen 2 figuras sosteniendo los glifos 4 Ik’ y 4 Kaban (Imagen 7). Finalmente, el altar U de Copán menciona la fecha 3 Kaban, chum K’anjalaw (asiento de Pop) en relación con cuatro entidades o deidades. En conclusión, si consideramos también los casos que hemos visto de los códices, los ejemplos clásicos podrían indicar que el año comenzaba con alguno de estos 4 días.

Imagen 6. Derecha: sección de la estela 1 de Naranjo, se indica 1 Ik’, chum (asiento) de K’anjalaw (Pop) (dibujo de David Stuart 2007). Izquierda: Fechas 4 Ik’ y 4 Kaban sobre la iconografía de montañas, Tumba 2 de Río Azul (dibujo de Ian Graham, tomado de Stuart 2007)
Imagen 7. Sección del Panel 1 de Pomoná, se observan dos figuras identificadas como “Pawatunes” o Chan Itzam (‘Cuatro Itzam’) sosteniendo el glifo 4 Ik’ (izquierda) y 4 Kaban (derecha), dibujo de campo (tomado de Stuart 2007).

Comentarios y observaciones finales

En conclusión, la celebración moderna del 26 de julio se basa principalmente en lo que la Relación de las cosas de Yucatán dice y en lo que otros académicos han venido repitiendo, pero sabemos -por evidencia prehispánica- que el año nuevo maya no caía siempre en una misma fecha. Por la evidencia de los códices posclásicos, sabemos que se rotaban 4 días distintos, debido al mecanismo de «cargadores del año» y también sabemos que el simbolismo de las fechas era importante. No hay evidencia de ajuste de años bisiestos en las inscripciones prehispánicas, y si tal cosa existió, habría que presentar evidencia concreta y convincente. Por la constitución del calendario solar Haab (365 días) y del Tzolk’in (260 días) cualquier ajuste habría provocado un desfase de todo el calendario maya. La celebración del «año nuevo maya» en julio es más una invención moderna, que casi no toma en consideración lo que hacían los antiguos mayas[12], ¡Los antiguos mayas no usaban nuestro Calendario Gregoriano!

Con esto en mente, se puede plantear la pregunta: ¿cuándo se debe celebrar el año nuevo maya, en nuestros días? La opción más sencilla para averiguar la respuesta es revisar alguno de los varios programas que existen para el cálculo de fechas de acuerdo con los datos del Clásico (por ejemplo: http://mayan-calendar.com/calc.html). Una segunda opción sería hacer una investigación más profunda, que considere la información aquí esbozada, para conocer a detalle cuales fueron los cambios en el uso de la cuenta de 260 días y el calendario maya durante el posclásico, los primeros años de contacto y la colonia. La tercera opción sería retomar la cuenta de 260 días, de manera semejante a como se maneja en varias partes de los altos de Guatemala, en dónde aún se celebran ceremonias semejantes a las registradas en los códices mayas posclásicos (ver Tedlock 1982). Es importante mencionar que, como se ha expresado en este trabajo, lo más importante -según la evidencia prehispánica- era el conteo de días, esto es, las fechas de la cuenta Tzolk’in.

Con base en la revisión de las fuentes etnohistóricas y del período de transición colonial- actual, se puede afirmar que: “La mecánica del calendario […] no es compatible con ningún sistema de correcciones comparable con el de nuestro calendario gregoriano (o también juliano), ya que los días intercalares, teniendo nombres en los ciclos de 260 y de 365 días, hubieran estropeado la alternancia conocida de los portadores del año y la conmensurabilidad de diversos ciclos” (Sprajc 2000:137).

En definitiva (y sin cerrarnos a otros puntos de vista), aún falta mucho por decir acerca de este tema. Debemos de revisar las fuentes históricas y académicas de manera muy crítica y seguir investigando con una metodología más rigurosa el funcionamiento del calendario maya antiguo, si queremos comprender cómo funcionaba realmente y que aspectos religiosos y de la vida cotidiana involucraba y si pervivieron hasta la colonia o actualidad. Y aceptar que la celebración del mes de julio ni siquiera se basa en la continuidad de algún tipo de tradición. Esa sería una forma respetuosa de honrar la memoria de los ancestros mayas y también una manera de estimular el debate intelectual y académico, algo que contribuirá a que los mayas actuales conozcan y aprecien un poco más de su pasado.


Notas

[1] Arqueólogo egresado de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).

[2] Ver la bibliografía citada para profundizar en estos datos. No existe evidencia de algún ajuste para los años bisiestos y tampoco de otro ajuste que haya provocado cambios significativos con respecto al conteo continuo de días. Esto no significa que los antiguos mayas no se hubiesen dado cuenta del desfase que ocurre entre el año trópico (de poco más de 365 días) y el calendario solar (de 365 días). Más bien, parece que no tenían necesidad de hacer ajuste alguno, en parte porque lo importante eran las fechas Tzolk’in. También manejaron lo que se conoce como “Series lunares” y un ciclo llamado “Señores de la noche”, pero no son relevantes para el tema en cuestión.

[3] https://www.diariodelsureste.com.mx/invitacion-a-ceremonia-por-ano-nuevo-maya/

[4] Una gran cantidad de estudios al respecto respaldan la importancia del Tzolk’in o Ch’ol Q’ij entre los mayas de hoy y de ayer (ver Bunzel 1952, Craveri 2010 y 2012, Colby y Colby 1986, Tedlock 1992, Rice 2007, Rupflin 1999, Stuart 2011, Villaseñor 2007, Whitmore 2013). En los Libros Chilam Balam se resalta la importancia de los augurios, mencionados como <u mutil chuenil kin sansamal> ‘los pronósticos/artificios de los días/amaneceres’ (Barrera 1943, Barrera y Rendón 1972).

[5] Como Erik Boot (2011) afirma: “El Manuscrito de Landa fue copiado de la versión original hecha entre c 1566 y 1579, antes de la Reforma del Calendario Gregoriano de 1582 (que atrasó el calendario para sincronizarlo con las estaciones) y así el año corresponde al Calendario Juliano.151 Esto significa que cada cuatro años podría haberse contado el salto de un día. De qué manera los mayas habrían acomodado esta situación del salto de un día es todavía desconocida. Como se citó con anterioridad, el Manuscrito sugiere que los mayas yucatecos contaban seis horas adicionales, pero no se ha encontrado evidencia en el área maya para calcular cada cuatro años el salto de un día” (énfasis mío).

[6] Cabe mencionar que la Relación de las cosas de Yucatán es un conjunto de textos reelaborados y compilados por varios copistas en diferentes épocas (ver Restall y Chuchiak 2002).

[7] Una fuente moderna afirma: “Los abuelos no usaban un calendario de 360 o uno de 365 siempre. Cada cuatro años le agregaban un día al de 365 y cada 130 años le restaban otro. En el periodo de mil 40 años habían ocho correcciones”,  explica el libro La cuenta maya de los días: Maya’ Ajilab’äl Q’ij (https://www.prensalibre.com/vida/escenario/asi-resolvieron-los-mayas-el-ao-bisiesto/). Desgraciadamente, no existe evidencia prehispánica de que esto haya sido así. Para la discusión del bisiesto nahuatl, ver Kruell (2019).

[8] La región Chol-Manché ocupaba la actual Verapaz de Guatemala y el sur del actual Belice.

[9] Los días del Tzolk’in / Cholq’ij son 20 (la ortografía de los días yucatecos puede mostrar variación en algunas fuentes): Imix (Imix), Ik (Ik’), Akbal (Ak’bal / Ak’abal), Kan (K’an), Chicchan (Chikchan), Cimi (Kimi), Manik (Manik’), Lamat (Lamat), Muluc (Muluk), Oc (Ok), Chuen (Chuwen), Eb (Eb), Ben (Ben), Hix (Ix/ Hix / Hiix), Men (Men / Meen), Cib (Kib), Caban (Kaban), Etznab (Etz’nab), Cauac (Kawak) y Ahau (Ajaw). Sus equivalentes, en otros idiomas de los altos de Guatemala son los siguientes (o algunos parecidos): Imox, Iiq’, Aq’bal, K’at, Kaan, Kame, Keej, Q’aniil, Tooj, Tz’i’, Baatz’, Ej, Aaj, I’x, Tz’ikin, Ajmaq, No’j, Tijaax, Kawoq y Ajpuuj. Aquí se considera el primer día de la cuenta como Imix / Imox y el último, Ajaw / Ajpuuj.

[10] Aunque algunos académicos consideran que en el Clásico los cargadores pudieron ser del tipo 3, aquí no se analizará a detalle ese tópico.

[11] Por ejemplo, si suponemos que el Haab 1 Pop inició con la salida del sol y la fecha 11 Ak’bal (antes de 12 K’an) inició con la puesta del sol. Esto implicaría que el Haab 1 Pop cubriría la segunda mitad de la fecha 11 Ak’bal y la primera mitad de la fecha 12 K’an, mientras que 2 Pop cubriría la segunda mitad de la fecha 12 K’an y la primera mitad de la fecha 13 Chikchan. Así, al menos en algunas ocasiones (ver Martin y Skidmore 2012).

[12] *Según la correlación GMT 584 283, el 2 de abril de este año fue 9 Lamat, 1 Pop. Por lo que ese habría sido el año nuevo, más apegado a lo Clásico (ver: http://mayan-calendar.com/calc.html )

Bibliografía y trabajos recomendados

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