Observaciones acerca de los nombres y apellidos de origen maya (primera parte)

por William H. Mex

“No puede negarse, sin embargo, que el apellido indígena es hasta nuestros días un verdadero y quizá el más importante estigma étnico.” (Quintal 2001:158).

El objetivo de este texto es presentar una introducción al estudio de los nombres de origen maya tomando como base el estudio de la escritura jeroglífica maya y su relación con el lenguaje. Se presentan algunos ejemplos de nombres de personas y de nombres de entidades sobrenaturales tal y como aparecen en el registro epigráfico del período Clásico maya y en el período Colonial. Se dan ejemplos de los cambios en la manera de usar nombres o apellidos en la actualidad y del impacto que estos cambios han tenido dentro de la cultura maya. Con esta información se busca proponer una metodología con el fin de investigar el significado original de los nombres y apellidos mayas y de conocer más profundamente la razón de sus cambios. También se busca dar a conocer la importancia que tienen los nombres y apellidos mayas para la identidad peninsular en particular[1].

La importancia de los nombres personales

El nombre propio tiene un estatus, puede representar la reputación de su poseedor y de la misma manera, el nombre puede llegar a ser degradado. Los nombres personales son tan importantes que en algunas sociedades se les vincula con poderes mágicos o con complejas historias, supersticiones y tabús[2]. En un grupo social o cultural, el nombre personal puede servir para indicar el rango de una persona en relación con los demás y, al mismo tiempo, la información vinculada con un nombre puede indicar género, edad, u origen étnico o regional[3]. Cuando un nombre se vincula con el pasado, puede llegar a tener un simbolismo muy poderoso, por lo que poseer un nombre puede verse como un privilegio.

Un ejemplo muy relevante del uso de los nombres en el área maya lo encontramos con Jacinto de los Santos Uc, quién hacia 1761 se proclamó rey venido del oriente, con el título Rey Canek Chan Montezuma, afirmando que ya era tiempo de acabar con el dominio español. Este personaje formó su nombre y título con palabras pertenecientes a distintas épocas y lugares: Rey, título europeo; Canek, nombre del dirigente del último señorío maya (Tah Itzá), casi 100 años antes; y Montezuma (Motecuhzoma), nombre de uno de los últimos dirigentes mexicas, muerto más de 200 años antes. Este ejemplo también es un reflejo de la visión del tiempo cíclico y profético maya usado como recurso de legitimación, ya que Canek usó aquellos nombres ligados a las autoridades del pasado para justificar sus acciones[4].

Dada la importancia del nombre personal a través de la historia, no es de sorprender que muchas de las claves para el desciframiento de escrituras antiguas como la egipcia, se hayan obtenido gracias a la ubicación y posterior lectura de los nombres y títulos de las personas[5]. El caso del desciframiento de la escritura jeroglífica maya no fue la excepción, ya que cuando aún no podía leerse fonéticamente, estudiosos como Beyer (1937) se dedicaban a ubicar los glifos recurrentes (conjuntos de signos que se repetían en distintos monumentos), que hoy en día se conocen como cláusulas nominales y que pueden contener nombres y títulos de gobernantes[6]. Uno de los primeros nombres personales en ser ubicado y descifrado, gracias en buena medida a los trabajos enfocados en el fonetismo (como los de Knorozov, 1956), fue el de <Kak u pacal> de Chichén Itzá, Yucatán[7]. La lectura fue dada a conocer en los años sesenta por David Kelley, quién hizo notar que este nombre se menciona en fuentes coloniales para designar a un capitán Itzá[8].

El nombre maya durante el período prehispánico

Gracias a los miles de registros con escritura jeroglífica existentes, es en el área maya donde se ha realizado un estudio más profundo sobre el nombre personal y los nombres de entidades sobrenaturales y lugares[9]. Muchos de estos trabajos no se enfocan únicamente en los nombres mayas, ni tratan de profundizar en sus significados, sino que los abordan como parte de las temáticas históricas, de relaciones entre individuos y entidades políticas, o bien haciendo uso de conceptos como la etnicidad, el racismo y la estratificación social.  

En el período Clásico han sido identificados nombres de gobernantes hombres y mujeres, de artistas o escribas, escultores, vasallos, nombres de entidades sobrenaturales como los dioses y los wahy y también nombres de lugar[10]. Una de las claves para la identificación de un nombre es la ubicación de la frase nominal, definida como:

“…cualquier parte de la oración que refiere y/o identifica seres humanos o sobrenaturales como sujetos, agentes, pacientes o beneficiarios de acciones verbales, o como poseedores de objetos u otros seres […] incluye nombres personales, así como matronímicos, patronímicos, epítetos y títulos como rango/oficio, actividad y títulos de origen”[11].

Por ejemplo, la frase nominal de un soberano de Dzibilchaltún es Kalomte’ Uk’uw Chan Chahk…?…ti’ Jo’ Ajaw…?…Bahkab [12], en donde Kalomte’, Ajaw y Bahkab funcionan como títulos, Uk’uw Chan Chahk es el nombre propio del soberano y Jo’ es el nombre del señorío o ciudad al que pertenece. Cualquier parte de esta frase pudo sobrevivir hasta llegar a usarse como apellido hoy en día (el caso de Bacab), o nombre de ciudad, (el caso de Jo’, que es como los mayahablantes designan hoy en día a la ciudad de Mérida[13]), aun cuando el significado haya cambiado o sea desconocido.

Algunos soberanos clásicos cambiaban de nombre al momento de entronizarse, y, por lo tanto, no se conoce su nombre infantil o juvenil[14]. Ningún nombre de soberano podía consistir en una sola palabra, ya que los nombres se formaban con base en sustantivos que refieren a deidades, animales, objetos o roles sociales, los cuales se combinan con otros sustantivos o frases verbales[15]. Los nombres pueden incluir un sujeto y un predicado verbal o no verbal. Por ejemplo, en la primera posición aparecen deidades como K’inich (deidad solar), K’awil (deidad del trueno), Chahk (deidad de la lluvia), animales como Bahlam (jaguar), Mo’ (guacamaya) y K’uk’ (quetzal), roles sociales como el Ajaw (señor, gobernante) y objetos como Tok’ (pedernal) y Ek’ (estrella)[16].

Los nombres personales del Clásico también se pueden clasificar en los que no tienen predicado verbal (word-names) y los que sí lo tienen (sentence-names). Los primeros pueden incluir sustantivos y adjetivos en construcciones posesivas. Un ejemplo de construcción posesiva se observa con el nombre K’ahk’ u Jol K’inich ‘Fuego es la cabeza de K’inich’. Dado que el sustantivo K’inich está vinculado a las palabras que le preceden, este nombre enfatiza la identificación del soberano con un aspecto o con una parte del cuerpo de la deidad solar K’inich (en este caso, Jol su ‘cabeza’)[17]. En la segunda clasificación de nombres se incluyen construcciones verbales pasivas, afectivas o antipasivas. Un ejemplo de construcción verbal antipasiva lo tenemos con Jasaw Chan K’awil, siendo el verbo de la frase Jas ‘despejar, clarear’, y el sujeto de la acción la deidad Chan K’awil. Este tipo de apelativos indican que el soberano se proclamaba realizando la acción de despejar o clarear (Jas) siendo él mismo el aspecto vivo de esta deidad celeste (K’awil)[18]. Este nombre se puede traducir como ‘K’awil celestial despeja’ y además refleja un patrón de verbo-sujeto (VS), común en las lenguas mayas actuales[19].

De la misma manera, es posible que algunos nombres personales refieran a deidades relacionadas con la mitología, como el caso de Te’ K’ab Chahk, nombre de un soberano de Caracol al parecer inspirado en un aspecto de la deidad de la lluvia Chahk que posee un brazo (K’ab) de madera (Te’) y que aparece en la cerámica del Clásico[20].

Los nombres de las entidades sobrenaturales son más sencillos, y pueden constituirse de una sola palabra, como en el caso de Ahkan, deidad de la intoxicación, Chahk, deidad de la lluvia, K’inich, deidad solar o K’awil, deidad del trueno y de la realeza. Algunos nombres jeroglíficos han sobrevivido hasta la actualidad y son de uso común en la península de Yucatán, como el caso de Kisin ‘pedorro’, nombre de un ser sobrenatural que aparece en el Códice Madrid del Posclásico[21]. También sobresalen las entidades wahy, que suelen combinar nombres de animales y son clasificados según su color, materia, lugar, por semejanzas con otros animales, por sus acciones, sus partes del cuerpo, su temperamento, por las enfermedades que producen, o por condiciones y funciones [22]. Como ejemplo, están Nupul Bahlam ‘Jaguar enemigo’ y K’in K’ewel Bolay ‘Jaguar…sol’ [23]. Otros ejemplos son K’ahk’ Ohl Chamiy, que puede traducirse como ‘Muerte de corazón ígneo’ o ‘Muerte iracunda’ y Tahn Bihil Chamiy, ‘Muerte de medio camino’[24].

Por otra parte, los nombres mayas de lugar se identifican cuando aparecen como locaciones u objetos de alguna acción o cuando aparecen incorporados en las frases nominales de los personajes. Se pueden clasificar en aquellos de términos básicos, que describen características del paisaje y aquellos de términos derivados, que se marcan por medio de preposiciones o sufijos locativos[25]. Hay ejemplos como Pa’ Chan, “Cielo hendido”, que ocurre en el glifo emblema de la ciudad de Yaxchilán (Chiapas) y parece referir de manera metafórica a un cielo abierto, por el cual podían descender hacia la tierra criaturas sobrenaturales[26]. También hay sitios que incluyen nombres de animales, como Ek’ Bahlam ‘Jaguar estrella’ en el oriente de Yucatán y Ahkan Kehj ‘Venado Ahkan’ (que combina el nombre de un animal y de un dios), y otros como Mo’ Witz ‘Montaña guacamaya’, locación mencionada en Copán, Honduras [27].

El nombre maya en la transición de la época prehispánica a la época colonial

Entre varios grupos mesoamericanos como los Nahuas, Zapotecos o Mixtecos era común encontrar nombres calendáricos tanto en la época Prehispánica como en la Colonial[28]. Sin embargo, entre los mayas clásicos los nombres calendáricos fueron escasos (en el período Colonial igualmente son poco comunes), aunque entre los K’iche’ y Kaqchikel de tierras altas (posclásicos) si fueron más usuales[29].

Para el estudio de los nombres mayas peninsulares, se encuentran trabajos como el de Roys (1940) que clasifican los nombres en patronímicos, nombres naal y nombres de muchachos, basándose principalmente en lo documentado por Diego de Landa: que los antiguos mayas peninsulares pasaban el nombre a los hijos, y no a las hijas; que no se casaban con los del mismo nombre; y que usaban el nombre del padre como propio y el de la madre como apelativo. De este modo, Nachanchel era quién cuya madre (Na’) era Chan y cuyo padre era Chel[30]. También tenían un nombre de nacimiento, Paal kaba (nombre joven), y un sobrenombre, Coco Kaba (apodo). La gran mayoría de los nombres tienen que ver con los animales y las plantas, en ocasiones usando los prefijos Ah (masculino) e Ix (femenino)[31].

Como ejemplos de patronímicos tenemos Cupul (de kup ‘jícama’) y May ‘venado, pezuña, polvo fino’. Como ejemplos de nombre naal están Nachan Dzul (chan ‘serpiente’ o ‘cielo’), a quien también se le nombra como Ah Ceh Dzul, y Napuc Dzib, cuyo nombre de muchacho era Ah Xoc Dzib (xok, ‘tiburón’ o tal vez ‘leer o contar’). Como nombres de muchachos está Ah Chuen Kauil (de chuwen ‘artesano’ y K’awil ‘nombre de deidad’) y Ah Tok Canul (tok’, ‘navaja de pedernal’ y kanul ‘protector’). En estos dos casos, si Ah Chuen es ‘artesano’ y AhTok es ‘sangrador’, de aquí se puede inducir que varios nombres tienen que ver con oficios específicos. Se observa un poco de la influencia de la lengua nahuatl, como en el apellido Cetzal, probable forma maya de Quetzal[32].

En la región mopán, una lista de aproximadamente 92 nombres personales recopilados hacia 1653 revelan el uso de un nombre cristiano y un apellido maya o indígena (el nombre maya era cercenado, poniendo primero un nombre castellano, dejando únicamente una palabra maya como apellido), aunque también incluye treinta nombres que son solamente indígenas, de los llamados “indios del monte”. Del total, quince nombres son calendáricos, sin coeficiente y otros quince son iguales a los recopilados por Roys (1940) para la península de Yucatán[33]. Es probable que la semejanza con nombres peninsulares refleje movimientos por cuestiones políticas hacia el sur del área maya y también un origen común, dado que el mopán y el yucateco son lenguas emparentadas. Son comunes apellidos como Caan, Chacxib, Mux, Peche o Tutz. Los nombres de los llamados “indios del monte” (aproximadamente 30) son completamente mayas, usando los prefijos Ah (masculino) e Ix (femenino). En este grupo es donde hay nombres calendáricos, los cuales usualmente van después del prefijo y antes de otra palabra, no calendárica, como con Ix Muluc Mukul, Ix Men Kante, e Ix Etznab Cauih (los nombres de los días son Muluc, Men y Etznab)[34].

Por otra parte, los nombres chontales, algunos recopilados hacia 1569, muestran que los chontales ya usaban nombres cristianos junto con un apellido indígena, pero usando también los prefijos masculinos ah, pa, pax, pap y los femeninos ix y na. Entre los chontales también aparecen nombres calendáricos nahuas o mayas, pocos nombres calendáricos aparecen con coeficiente y el título Ahaw se puede ubicar antes o después del nombre[35]. Algunos ejemplos de nombres masculinos son Ah Chamal (ah, prefijo masculino y chamal “pipa o puro de tabaco”), Chacbalam (“jaguar rojo” o “puma”). Los nombres femeninos parecen tener mayor influencia de la lengua nahuatl y hacen mayo uso del prefijo Ix, como con Ix Natzin (con el prefijo femenino maya Ix, pero con el sufijo reverencial nahuatl –tzin) con el significado de ‘madre reverenda’ y formas como Ix Na Lamat, que tiene el nombre del día calendárico Lamat [36].

En el caso de los choles lacandones, sus nombres se conformaban con un nombre individual y patronímicos, siguiendo un patrón parecido a los nombres chontales. Llevaban los prefijos masculinos ah, pa, pax, y con el significado de “padre”, pap; los nombres femeninos llevaban los prefijos ix y na’. También se ha detectado el uso de nombres calendáricos, con su coeficiente, como Chan Ix (4 Hix), Chan Tox (4 Tox), y Ox Bin (3 Bin), entre otros[37]. En ocasiones, la familia tenía un nombre animal, transmitido de padre a hijo, pero también cada persona podía tener un nombre animal. En las listas de nombres de los años 1696, 1691 y hacia 1712, se da constancia de que algunos indígenas tenían “nombre cristiano” y apellido indígena, sin embargo, hay casos en los usaban nombre y apellido de origen español[38]. El uso de esta clase de “apellidos” indicaría la pertenencia a un grupo más grande que la familia. Algunos de los nombres más usados son Bub, Tuhnol, Cauil Chacchan y Tzunun, entre otros. Si bien son pocos, hay nombres relacionados con otras lenguas mayas, con días calendáricos mayas y nahuas (los nahuas ocupan de un 35% a un 45% de estos nombres), y también hay cierta semejanza con los nombres peninsulares, por ejemplo, con el uso de los prefijos Ah e Ix[39].

En las tierras altas mayas, los nombres de los k’iche’ y kaqchikel se pueden clasificar en nombres que se heredan, nombres usados por un solo individuo, nombres para las posiciones políticas y nombres que tienen apelativos calendáricos.

XXXXXXXXXXXXX CONTINUARÁ XXXXXXXXXXXXX

Signos de la escritura jeroglífica maya clásica relacionados con los nombres y apellidos mayas del pasado y del presente. 1 logograma Ajaw señor, gobernante, 2 Chahk deidad de la lluvia, 3 Hix jaguar sobrenatural, 4 Ik’ aire, viento, aliento, 5 K’awil deidad del trueno, 6 K’uk’ quetzal, 7 Mo‘ guacamaya’, 8 Tok’ pedernal. Formas estándar, ©️ William Mex.

[1] Este es un breve ensayo que escribí cuando era estudiante de arqueología y puede considerarse como un trabajo incompleto y un poco desactualizado.

La metodología usada para la elaboración de este trabajo tomó en cuenta: 1.-La revisión de los estudios de índole epigráfica que hablan sobre los nombres de persona, de seres sobrenaturales y de lugares, así como la ubicación de palabras que hoy en día se usan como apellidos y que sabemos que aparecen de alguna manera en la escritura jeroglífica maya. 2.-La ubicación de algunos apellidos mayas, cuando aparecen como palabras, títulos o nombres de persona en estudios académicos, así como en Relaciones de la época del contacto y en textos como los libros Chilam Balam. 3.-La revisión de estudios actuales que se enfocan en algunas de las causas y consecuencias de los cambios en el uso de nombres y apellidos y la repercusión que estos han tenido, principalmente en la península de Yucatán.

La temporalidad usada es la siguiente: período Clásico (250 d.e.c. a 900 d.e.c.), período Posclásico (900 d.e.c. al 1521 d.e.c.), período Colonial, de 1521 a 1821 d.e.c. La zona maya (que se divide en tierras bajas y tierras altas), comprende los actuales estados mexicanos de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Tabasco, Chiapas, el estado independiente de Belice, la nación de Guatemala, así como parte de El Salvador y de Honduras. Esta zona está dentro del área reconocida como Mesoamérica.

La familia de idiomas mayas se clasifica en: rama Huastecana, rama Yucatecana, rama Occidental que incluye lenguas Cholanas, rama Tzeltalana, rama Kanjobalana, y la rama oriental, que la forman el grupo Mameano y el grupo Quicheano. De manera detallada, la rama Huastecana comprende: Huasteco y el extinto Chicomucelteco, 2-Yucateca: idioma yucateco o peninsular, Lacandón, Mopán e Itzá. 3.-Cholana: Chol, Chontal, Chortí y los extintos Choltí y Acalán. 4.-Tzeltalana: Tzozil y Tzeltal. 5.-Kanjobalana: Chuj, Tojolabal, Jacalteco, Acateco, Tuzanteco y Motozintleco. 6.-Mameana: Mam, Teco, Ixil y Aguateco. 7.-Kicheana: Kekchí, Uspanteco, Pocomam, Pokomchí, Quiché, Cakchiquel, Tzutuhil, Sacapulteco y Sipacapa.

El sistema de escritura maya jeroglífico utiliza logogramas para representar palabras CVC o CVCVC y fonogramas para representar sonidos CV (C= consonante, V= vocal). La escritura tuvo su mayor auge durante el período Clásico y fue plasmado diversos objetos.

La lengua reflejada en las inscripciones (lengua franca o de prestigio) se define como maya Clásico y pertenece al grupo Ch’olano. Ha sido propuesta una diferenciación entre las ramas occidental (relacionadas con el chontal y chol) y oriental (relacionado con el choltí colonial y chortí actual). Igualmente han sido identificadas evidencias de bilingüismo, además de formas pasivas, incoativas, de sufijos y de la sintaxis nominal de la familia Yucatecana y rasgos semejantes para el grupo Tzeltalano y para el grupo Kicheano mayor.

[2] (Ullmann 1976:81 y 82)

[3] (Restall 1997:41)

[4] (Farris 1985:57 y 58)

[5] (Coe 1995:44-48)

[6] (Coe 1995:155 y 190)

[7] Este nombre hoy en día se puede leer en su forma completa, y con ortografía jeroglífica moderna como K’ahk’ u Pakal K’awil, ‘Fuego es el escudo de K’awil’.

[8] (Coe 1995:173). Hasta el día de hoy, la escritura jeroglífica maya se estudia tomando en cuenta el método estructural, expuesto por Berlin y Proskouriakoff, y el método fonético, expuesto por Knorozov. Más tarde, trabajos como los de Heinrich Berlin (1958 y 1959) y Tatiana Proskouriakoff (1960) enfocados en la ubicación estructural de los nombres de persona y de lugar, fueron los que dieron las claves para el estudio del contenido histórico de las inscripciones jeroglíficas mayas (Coe 1995:192) (Kelley 1976:213)

[9] Los estudios que han tomado en cuenta principalmente datos prehispánicos son los de Barba (1992), Colas (2003 y 2004), Davoust (2001), Eberl y Graña-Behrens (2004), García, J.M. (1995), García, A. (2008), García et.al. (2005), Grube (2001 y 2002), Grube y Nahm (1994), Ishihara (2009), Sheseña (2010), Stuart y Houston (1994), Taube (1992), Tokovinine (2007), Wichmann (2004), y Zender y Guenter (2003). Destacan también los trabajos de Lacadena (2000 y 2016) enfocados en la sintaxis nominal y en el significado y uso de algunos títulos personales en el Clásico y el período Colonial y el enfoque global de Zender (2014), que toma en cuenta datos de los mayas, aztecas y nativos del sur de Estados Unidos. Siempre con respecto a los nombres mayas, los trabajos que se apoyan principalmente en datos coloniales son los de Becerra (1985), Benítez (2000), Brito (1981:117-199), Campbell (1988:373-386), Carrasco (1964), Castañeda (2002), De Guzmán (2001), De Vos (1993:261-288), Feldman (1983), Güémez (2011:367-406), Love (2011), Pacheco (1959), Rejón (1988), Restall (1997:41-50), Roche (1987), Roys (1940), Ruiz (1982), Scholes y Roys (1996:450-460) y Scholes y Thompson (1977). Si bien no se enfoca en los nombres propios, el trabajo de Barrera y Rendón (1948) también proporciona traducciones de nombres que aparecen en los libros Chilam Balam, algunos de los cuales han sido recopilados por Echeverría (1967) y en un trabajo aparte, traducidos al inglés por Kelley (1976:103-105). En menor medida, algunos de los trabajos que abordan la temática del nombre o apellido maya apoyándose en datos actuales son los de Guzmán (2013), Iturriaga (2011), Quintal (2001:158, 2005:298), Sánchez (2012), Vázquez (2012) y el estudio de Mateos (2010) acerca de los apellidos en México.

[10] (Colas 2004, Davoust 2001, Ishihara 2009, Sheseña 2010 y Tokovinine 2013)

[11] (Lacadena 2000:116). La traducción del inglés es mía. Una frase nominal puede o no incluir alguna de estas partes.

[12](Maldonado et.al. 2002:8). Los puntos suspensivos indican partes del texto cuya lectura no se ha identificado. La ortografía del texto original se ha adaptado a la ortografía de este trabajo.

[13] Bahkab y Jo’ con la ortografía del maya Clásico, Bacab y Ho’ con la ortografía actual. El apellido Ho’il (‘el de Ho’ /Mérida’) también de allí viene.

[14] (Grube 2002) (Eberl y Graña-Behrens 2004).

[15] (Grube 2002:326-327).

[16] (Colas 2004:90 y 91) (Grube 2002:336-342).

[17] (Colas 2003:278-279) (Colas 2004:88).

[18] Chan K’awil se puede traducir como ‘K’awil celeste’ o ‘K’awil del cielo’. Aunque el nombre también se puede interpretar como ‘K’awil que despeja el cielo’.

[19] (Colas 2004:88-91).

[20] (García et al. 2005:636-638).

[21] (Zender y Guenter 2003:96).

[22] (Sheseña 2010:23-28).Wahy en maya Clásico, wáay en maya peninsular actual.

[23] Aunque normalmente se traduce Nupul como ‘compañero’, aquí se prefiere la traducción como ‘enemigo’, basado en entradas del maya yucateco colonial.

[24] (Sheseña 2010:17, 19 y 27). Chamiy es el equivalente cholano Clásico al Kimiy yucateco.

[25] (Tokovinine 2013:7 y 8).

[26] (Helmke 2012:100-107).

[27] (Graña-Behrens 2006:114) (Lacadena 2003:98) (Tokovinine 2013:64). Nombres aquí representados con la ortografía del maya jeroglífico. Ek Balam en la ortografía colonial, Ek’ Báalam con ortografía moderna y Acanceh en ortografía colonial, Áakan Kéej con ortografía moderna.

[28] Los nombres calendáricos son los que incluían el nombre de un día del calendario, por ejemplo “4 Ajaw”.

[29] (Pharo 2012:184 y 185) (Scholes y Thompson 1977:66)

[30] (Landa 2007:70).

[31] (Davoust 2001:86) (Roys 1940).

[32] (Roys 1940). Las traducciones de palabras son las que Ralph Roys ofrece.

[33] (Davoust 2001:86-87).

[34] (Scholes y Thompson 1977:64-67).

[35] (Davoust 2001:87).

[36] (Scholes y Roys 1996:450-458). Las traducciones son las que dan Scholes y Roys.

[37] (Davoust 2001:88). Los nombres de los días en este caso son Hix, Tox y Bin.

[38] (Hellmuth 1972:192 y 214).

[39] (De Vos 1993:262) (Feldman 1983:43)

contacto

Correo: arq.will.mex@gmail.com * MSJ / TXT: Cel. (WhatsApp) (+52) 999 334 6689

Explicación de la “Rueda Calendárica” maya

por William H. Mex

El objetivo de este texto es explicar de manera breve y sencilla cómo funciona la llamada “Rueda Calendárica” con ejemplos del Calendario Maya clásico. Primero, se aclara cómo funciona matemáticamente esta cuenta mediante la combinación de los números 260 y 365 y después, se explica como funcionaba para nombrar años mediante los nombres de la cuenta “Tzolk’in”, durante el Clásico (250-900 d.C.). 

Las bases numéricas de la Rueda Calendárica

En esta entrada se considerará que lo que conocemos como Calendario Maya es un sistema que se conforma de varias cuentas de días, veintenas de días (o “meses”), y años, principalmente[1]. Las dos cuentas que nos interesan son:

  • La cuenta de 260 días (o fechas) llamada por los académicos Tzolk’in (nombre tomado del yucateco colonial) y por los pueblos mayas de Guatemala, Cholq’ij. Se conforma de 13 números y 20 nombres de días, dado que 13 X 20 = 260.
  • La cuenta de 365 días, llamada Haab o Ja’ab, conformada por 18 grupos de 20 días (veintenas o “meses”) y un grupo de 5 días (llamados Wayeb, “aciagos” o, a veces, “sin nombres”), dado que 18 X 20 = 360 + 5 = 365.

Con base en estas dos cuentas, que inician y avanzan conjuntamente, se forma lo que se conoce como la Rueda Calendárica, que es una cuenta de 52 años (de 365 días). La combinación se entiende con base en los conceptos de mínimo común múltiplo y mínimo común denominador de 260 y 365.

  • 260 al dividirse entre 5 nos da 52 y 365 al dividirse entre 5, nos da 73. Esto quiere decir que el mínimo común múltiplo de 260 y 365 es 5 X 52 X 73 = 18,980.

Es decir, el ciclo de la Rueda Calendárica equivale a 18,980 días. O lo que es lo mismo, se conforma de 73 períodos de 260 días (73 X 260 = 18,980) y de 52 períodos de 365 días (52 X 365 = 18,980).

Como se mencionó al inicio de este texto, la cuenta Tzolk’in consta de 260 fechas, cada una conformada por un número del 1 al 13 y por un nombre de los 20 días (ver Tabla)[2]. Por ejemplo, la cuenta puede comenzar con 1 Imix, 2 Ik’, 3 Ak’bal, 4 K’an, 5 Chikchan, 6 Kimi, 7 Manik’, 8 Lamat, 9 Muluk, 10 Ok, 11 Chuwen, 12 EB, 13 Ben -> al llegar al número 13, los números inician de nuevo, pero los días siguen hasta el vigésimo -> 1 Hix, 2 Men, 3 Kib, 4 Kaban, 5 Etz’nab, 6 Kawak, 7 Ajaw -> al llegar al día Ajaw -vigésimo- los días inician de nuevo, pero los números siguen hasta el trece -> 8 Imix, 9 Ik’, etc. En un principio, se puede decir que la primera fecha es 1 Imix y la última, que ocurre después de 260 posiciones, es 13 Ajaw. La Tabla muestra el conteo de días comenzando desde arriba a la izquierda y avanzando de veinte en veinte (de 1 Imix a 7 Ajaw, de 8 Imix a 1 Ajaw, etc.).

La Tabla Tzolk’in. En verde y cursivas: fechas con que puede comenzar el año («cargadores»). En rojo: 1 IK’, fecha ideal para el inicio de la cuenta del Clásico.

También se mencionó que la cuenta de 260 corre a la par de la cuenta de 365. Cada una de las dieciocho veintenas o “meses” del año Haab también tiene un nombre y sabemos que, durante el clásico, el conteo de días del Haab comenzaba con el “asiento” chum o “día cero” del respectivo mes y se contaba hasta 19. El primer día del primer mes, Poop – o en maya clásico, K’anjalaw – es el asiento de ese mes; esto se representaría como: 2 Ik’ «0» K’anjalaw y quiere decir que la fecha Tzolk’in 2 Ik’ era el comienzo o primer día de la veintena K’anjalaw. La siguiente fecha sería 3 Ak’bal, 1 K’anjalaw, es decir, la fecha Tzolk’in 3 Ak’bal es el primero de K’anjalaw. La siguiente fecha sería 4 K’an, 2 K’anjalaw, que quiere decir que el Tzolk’in 4 K’an es el segundo día de la veintena K’anjalaw. Y así sucesivamente (ver nota al final, para los nombres de las veintenas).

Ahora bien, debido a la dinámica ya explicada de los números, una fecha como 2 Ik’ asiento de Poop (representado como 2 Ik’, 0 Poop) solo se repetirá cuando hayan pasado 52 años de 365 días. Y lo mismo sucede con cualquier otra combinación entre Tzolk’in y Haab, como puede ser 7 Kib, 4 K’anasiy :

Fecha 7 Kib, 4 K’anasiy. Sarcófago del Templo de las Inscripciones, Palenque. Dibujo de William H. Mex

Por la misma dinámica, solo un grupo de cuatro días podía iniciar cada uno de los 52 años, con un numeral del 1 al 13. Esto se explica por el uso de los 5 días extras o “aciagos” después de completar el conteo de 360 (dado que 20 / 5 = 4)[3]. Los días que inician el año se conocen como “cargadores” del año, <cuch haab> en maya yucateco colonial y sabemos que durante el Clásico eran predominantemente Ik’, Manik’, Eb y Kaban, que son los días 2, 7, 12 y 17 de la cuenta de 20 días (nótese que solo un día cada 5 posiciones – según el conteo Tzolk’in – puede iniciar el año Haab)[4].

La dinámica también se puede explicar de la siguiente manera. Dado que la cuenta de 260 y la de 365 inician conjuntamente, cuando la cuenta de 365 se haya completado, a la de 260 le faltarán 105 días para alcanzar a la primera (ya que 260 + 105 = 365). Es decir, si se inicia con 1 Ik’ como asiento del primer mes, Poop, después de 260 posiciones se completará el Tzolk’in con la fecha 13 Imix. Pero para que la cuenta Tzolk’in «alcance» a la cuenta Haab de 365, a partir de 13 Imix se deben sumar 105 posiciones, hasta llegar a 1 Kimi, que será el último día de los 5 días “aciagos” o Wayeb. Por lo tanto, el “cargador” que iniciará y dará nombre al siguiente año será la fecha que sigue a 1 Kimi, es decir: 2 Manik’. Consecuentemente, el último día Wayeb del año 2 Manik’ será 2 Chuwen, y el siguiente año será 3 Eb. El último día Wayeb del año 3 Eb será 3 Kib, y el siguiente año será 4 Kaban. Y así sucesiva e infinitamente.

Como se ha mencionado, los días que nombran a los años se intercalan en el siguiente orden: Ik’, Manik’, Eb, Kaban, y los numerales que los acompañan avanzan del 1 al 13 (es decir: 1 Ik’, 2 Manik’, 3 Eb, 4 Kaban, 5 Ik’, 6 Manik’, 7 Eb, 8 Kaban, 9 Ik’, 10 Manik’, 11 Eb, 12 Kaban, 13 Ik’). Así, el ciclo de 52 años se forma a la vez con 4 trecenas de años y también que cada una de estas trecenas comienza y termina con el mismo día (por ejemplo, la primera trecena de años comienza con 1 Ik’ y termina con 13 Ik’, la segunda, con 1 Manik’ y termina con 13 Manik’ etc.).

La cuenta de 365 días y la cuenta de 260 días en conjunto

En el siguiente diagrama se desglosa el conteo de 260 fechas a la par del conteo de 365, considerando el primer año como 1 Ik’ y solamente representando la suma de los días del Tzolk’in necesarios para estar a la par del conteo de 365 días y, así, saber cuál es el último día del Wayeb de cada año y cuál será el cargador o fecha que nombrará al año siguiente. Aunque se considera una cuenta Tzolk’in iniciando con 1 Ik’ y terminando en 13 Imix, pueden existir variaciones.

Se hacen observaciones después de cada trecena (en amarillo, las cantidades a sumar, usando la Tabla Tzolk’in):

En el último año –13 Ik’– de la primera trecena se sumaron 40 días para completar una cuenta Tzolk’in, después se sumaron 260 días para completar otra y por último, se sumaron 65 días para quedar parejos con la cuenta de 365 y llegar a 13 Kimi (40+260+65 = 365).

➜Una vez terminado el conteo de la primera trecena de años, es necesario hacer algunas observaciones sobre la cuestión numérica.

  • Primero, dentro de la cuenta Tzolk’in de 260 fechas, la cantidad de fechas o posiciones que hay entre el primer día de un año y el último día de un año, es 104 (52 X 2). Por ejemplo, tenemos 1 Ik’ y 104 posiciones después, 1 Kimi; tenemos 1 Manik’ y 104 posiciones después, 2 Chuwen (etc.). Por la misma dinámica, los pares de días que comienzan y terminan un año se repiten, por ejemplo, un año Ik’ siempre terminará con una día Kimi, un año Kaban siempre terminará con un día Imix, un año Eb siempre terminará con un día Kib (etc.).
  • En segundo lugar, cada año comienza y termina con un día diferente, pero que tiene el mismo numeral (por ejemplo 1 Ik’ termina con 1 Kimi, 2 Manik’ termina con 2 Chuwen, 3 Eb termina con 3 Kib).
  • Tercero, los días con que comienza y termina el año, pertenecen a los mismos rumbos, por ejemplo, Ik’ y Kimi pertenecen al rumbo Norte, Manik’ y Chuwen pertenecen al rumbo Oeste, Eb y Kib pertenecen al rumbo Sur y Kaban e Imix pertenecen al rumbo Este (etc.). El orden de los días, a partir del primer año, va contrarreloj y es Norte->Oeste->Sur->Este. Obviamente, eso significa que, si el ciclo de 52 años comenzó con un día asociado al Norte, acabará con un día asociado al Este.
  • El orden de los días con que termina el año sigue un patrón análogo al de los días con que inicia; es decir, la primera fecha que finaliza un año es 1 Kimi, luego sigue 2 Chuwen, 3 Kib, etcétera, hasta llegar a 13 Kimi.
Final de la segunda trecena de años

➜Al llegar a la mitad, cuando termina la segunda trecena de años (los primeros 26 años), se formará un patrón numérico tipo “espejo” con respecto a los días del Tzolk’in que se suman para completar la cuenta de 365 días. Por ejemplo, en el último año -13 Manik’- se sumaron 235 para llegar a 13 Imix y, después, 130 para llegar a 13 Chuwen, el último día del Wayeb (235+130 = 365). En el primer año de la tercera trecena (1 Eb), se sumarán 130 para llegar a 13 Imix y, después 235 para llegar a 1 Kib, último día de Wayeb. En el segundo año (2 Kaban) se sumarán 25, 260 y 80, de manera parecida a como en el penúltimo año de la segunda trecena (12 Ik’, arriba) se tuvo que sumar 80, 260 y 25.

Final de la tercera trecena de años (se cierran 39 años)

En el último año –13 Eb– de la tercera trecena, se sumó 170 para completar la cuenta de 260 que había comenzado en el año 12 Manik’ y se sumó 195 para quedar parejos con la cuenta de 365 y llegar a 13 Kib (170+195 = 365).

Final de la cuarta trecena de años (se cierran 52 años)

➜En este punto, después de la fecha 13 Imix, última del Wayeb, sigue la fecha 1 Ik’, que es con la que comenzó la cuenta de 52 años. Como se mencionó en el párrafo anterior, para cerrar la cuenta Tzolk’in del último año (13 Kaban) se tuvieron que sumar las cantidades 105 y 260, de manera semejante a como en el primer año se sumaron 260 y 105. Así se cierra el patrón numérico tipo “espejo” de suma de días.

Hasta aquí, los días Ik’, Manik’, Eb y Kaban han ido intercalándose como “cargadores” del año con los números del 1 al 13, de manera semejante a como los días Kimi, Chuwen, Kib e Imix se han rotado con los mismos numerales, pero como los últimos días del año (o cuarto día del Wayeb).

El ciclo de 52 años que se formó queda representado en la siguiente tabla:

Ciclo de 52 años clásicos con sus nombres.

Se debe mencionar también que hay evidencia de la existencia de diferentes cargadores del año y tal vez se manejaron 5 tipos de cargadores en diferentes épocas y regiones mesoamericanas. De los que hay evidencia son los siguientes:

  • Tipo 2, días Ik’, Manik’, Eb y Kaban (Período Clásico)
    • Tipo 3, días Ak’bal, Lamat, Ben y Etz’nab (Códice Dresde)
    • Tipo 4, días K’an, Muluk, Hix y Kawak (Códice Madrid y Landa)

De cualquier manera, si uno decide iniciar el año con cualquiera de estos días, dada la combinación matemática ya explicada, el procedimiento y resultado será el mismo. Por ejemplo, si se inicia con el día 1 K’an, asiento de Poop, después de 260 posiciones (para completar un Tzolk’in) se llegará a 13 Ak’bal y, para completar el ciclo de 365 del año Haab, se deberá sumar 105, llegando al último día del Wayeb, que será 1 Lamat. Después, la fecha que inicie el segundo año de la primera trecena será 2 Muluk. Los primeros años del ciclo de 52 serán: 1 K’an, 2 Muluk, 3 Hix, 4 Kawak, 5 K’an, etc. El día K’an se asocia con el Sur, Muluk con el Oriente, Hix con el Norte y Kawak con el Oeste, por lo que el conteo va Sur-Oriente-Norte-Oeste, siempre a contrarreloj.

Notas finales

Se ha explicado de la manera más sencilla posible el funcionamiento de la Rueda Calendárica que se forma por medio de la combinación de los ciclos de 260 y 365 días. Es claro que muchos aspectos del calendario maya han sido dejados de lado (ver notas finales); por ejemplo, la combinación que ocasiona que solo ciertos días del Tzolk’in puedan ocupar determinada posición dentro de cada veintena. Otro de los aspectos que debemos tomar en cuenta, es que la combinación de números aquí usados formaba parte de la numerología maya; es decir, cada cantidad, como 4, 13, 20, 52, 73, 260, 365 tenía una carga simbólica asociada, más allá de lo que nosotros conocemos como matemáticas.

La Rueda Calendárica también se usó por otros pueblos mesoamericanos y es posible que los primeros ejemplos de sus uso se deban a los olmecas, aunque el registro más temprano al parecer está en la zona zapoteca. En el caso maya, también se tiene evidencia del «corrimiento» o desfase de uno o dos días del Tzolk’in con respecto al Haab, pero eso sería tema de otro artículo (ver bibliografía para el interesado). Entre los pueblos mayas de Guatemala, el uso del sistema de cargadores del año aún está vigente y es de suma importancia.

—————————ANEXO——-——————-

➜Nombres de los días en Yucateco y en K’iche. La ortografía de los días yucatecos puede mostrar variación en algunas fuentes, entre corchetes angulares se presentan con ortografía colonial y entre paréntesis, con ortografía actual:

<Imix> (Imix), <Ik> (Ik’), <Akbal> (Ak’bal / Ak’abal), <Kan> (K’an), <Chicchan> (Chikchan), <Cimi> (Kimi), <Manik> (Manik’), <Lamat> (Lamat), <Muluc> (Muluk), <Oc> (Ok), <Chuen> (Chuwen), <Eb> (Eb), <Ben> (Ben), <Hix> (Ix/ Hix / Hiix), <Men> (Men / Meen), <Cib> (Kib), <Caban> (Kaban), <Etznab> (Etz’nab), <Cauac> (Kawak) y <Ahau> (Ajaw).

Sus equivalentes, en otros idiomas de los altos de Guatemala son los siguientes (o algunos parecidos): Imox, Iiq’, Aq’bal, K’at, Kaan, Kame, Keej, Q’aniil, Tooj, Tz’i’, Baatz’, Ej, Aaj, I’x, Tz’ikin, Ajmaq, No’j, Tijaax, Kawoq y Ajpuuj. Aquí se considera el primer día de la cuenta como Imix / Imox y el último, Ajaw / Ajpuuj.

➜Nombre de las veintenas (“meses”) en yucateco colonial:

<Pop> (Pop); <Uo> (Wo), <Zip> (Sip); <Zodz> (Sotz’); <Tzec< (Sek); <Xul> (Xul); <Yaxkin> (Yaxk’in); <Mol> (Mol); <Chen> (Chen); <Yax> (Yax); <Zac> (Sak); <Ceh> (Kej); <Mac> (Mak); <Kankin> (K’anK’in); <Muan> (Muwan); <Pax> (Pax); <Kayab> (K’ayab); <Cumku> (Kumk’u); <Uayayab> (Wayayab).

Los nombres de los meses en maya clásico:

K’anjalab / K’anjalaw, Ihk’at, Chakat, Suutz’, Kasew / Kusew, Chikin, Yaxk’in, Molol / Molow Ihk’sihom, Yaxsihom, Saksihom, Chaksihom,  Mahk, Uniw, Muwan, Pax-Haab, K’anasiy, Hul-Ohl, Way-Haab /Kolajaw.


[1] Cabe aclarar que algunas personas consideran que la Cuenta Tzolk’in / Cholq’ij es por sí sola un calendario y que la cuenta de 365 días es otro y así sucesivamente. Dado que los días del Tzolk’in / Cholq’ij son los que nombran a los años de 365 días y, por lo tanto, ambas cuentas deben funcionar conjuntamente, considero que es más propio llamar Calendario Maya al conjunto de estas cuentas.

[2] Para los nombres de los días se están usando las variantes del yucateco colonial, pero con la ortografía actualizada.

[3] Si los 5 días extras no existiesen, el año – en este caso -siempre comenzaría con un día Ik’, siendo el primer año 2 Ik’, el segundo 10 Ik’, el tercero 12 Ik’ (dado que 360 es múltiplo de 20).

[4] Es decir, después de Ik’, contamos 5 posiciones y llegamos a Manik’, contamos 5 y llegamos a Eb, contamos 5 y llegamos a Kaban. Cabe destacar que los días del mes se contaban desde el asiento o “cero” hasta el 19 y los del Wayeb, desde el asiento o “cero” hasta el 4.

BIBLIOGRAFÍA (usada y recomendada)

-Ayala Falcón, Maricela
2001 “La escritura, el calendario y la numeración”, en: Manzanilla Naim, Linda y López Luján, Leonardo (eds.), Historia Antigua de México. Volumen IV: Aspectos fundamentales de la tradición cultural mesoamericana. pp. 145-185. INAH, UNAM, México.

-Bowditch, Charles P.
1910 The numeration, calendar systems and astronomical knowledge of the Mayas. The University Press Cambridge, Cambridge.

-Garay Herrera, Alejandro e Igor Xoyón
2016 Armonización de los Calendarios mayas. Ministerio de Cultura y Deportes, Guatemala.

-Landa, Fray Diego de
1985 Relación de las cosas de Yucatán. Alianza Editorial, Madrid. Editado por Miguel Rivera Dorado.

-Lounsbury, Floyd G.
1978 “Maya Numeration, Computation, and Calendrical Astronomy”. Dictionary of Scientific Biography, vol. 15, supp. 1, ed. Charles Coulston-Gillispie, pp. 757–818. Charles Scribner’s Sons, New York:

-Pío Pérez, Juan
2001 [1846] “Antigua cronología yucateca”. En The Decipherment of Ancient Maya Writing, ed. Stephen Houston, Oswaldo Chinchilla Mazariegos, y David Stuart, pp. 210–223. University of Oklahoma Press, Norman.

-Popenoe de Hatch, Marion y Matilde Ivic de Monterroso
2017 «Cambios culturales y astronómicos en los calendarios: los cargadores y los naguales». En XXX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2016 (editado por B. Arroyo, L. Méndez Salinas y G. Ajú Álvarez), pp. 439-450. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

-Proskouriakoff, Tatiana y J. Eric S. Thompson
1947 Maya Calendar Round Dates Such as 9 Ahau 17 Mol. Washington, DC: Carnegie Institution.

-Satterthwaite, Linton
1965 “Calendrics of the Maya Lowlands”. En Archaeology of Southern Mesoamerica, Part 2, ed. Gordon R. Willey, pp. 603–631. Handbook of Middle American Indians, vol. 3, editor general Robert Wauchope. University of Texas Press, Austin.

-Smithsonian Museo Nacional del Indígena Americano
2012 “El sistema de Calendario Maya”. Viviendo El Tiempo Maya. Sol Maíz y El Calendario. https://maya.nmai.si.edu/es/calendario/el-sistema-calendario

-Stuart, David S.
2011 The Order of Days: The Maya World and The Truth About 2012. Harmony Books, New York.

-Thompson, J. Eric S.
1950 Maya Hieroglyphic Writing: Introduction. Carnegie Institution of Washington Publication 589. CIW, Washington D.C.

-Tovilla, Martín Alfonso
1960 [1635] Relación Histórica Descriptiva de las Provincias de la Verapaz y de la del Manché. Guatemala, Editorial Universitaria. Universidad de San Carlos de Guatemala.

-Villaseñor M., Rafael E.
2007 Los calendarios mesoamericanos: analizados desde una perspectiva interdisciplinaria. Tesis de maestría, UNAM, México.

-Voss, Alexander
2006 “Astronomía y matemáticas”, en Los mayas. Una civilización milenaria. Ed. Nikolai Grube, pp. 131-143. Könemann Verlagsgesellschaft mbH, Bergamo.

Esquema moderno con la representación de los 13 números, veinte días y los meses del Haab. Tomado de la Revista Arqueología Mexicana, Vol XIX, Núm. 118, 2012.

CONTACTO

Correo: arq.will.mex@gmail.com * MSJ / TXT: Cel. (WhatsApp) (+52) 999 334 6689

Diccionarios de las lenguas mayas

AQUÍ PUEDES ENCONTRAR ALGUNOS DICCIONARIOS / VOCABULARIOS DE LAS LENGUAS MAYAS ACTUALES Y COLONIALES EN FORMATO DIGITAL (.pdf)

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Diccionario Maya Cordemex (varias fuentes) 1980. Director: Alfredo Barrera Vásquez

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Calepino Maya de Motul (yucateco colonial) 2001. Edición de René Acuña, UNAM, Plaza y Valdés.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Bocabulario de Maya Than (yucateco colonial) 1993. Edición de René Acuña, UNAM, IIFL.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Combined Mayan-Spanish and Spanish Mayan Vocabularies / Vocabularios Maya-Español y Español-Maya combinados (2010). David Bolles (recopilador)

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Diccionario blingüe Maya-Español Español-Maya (moderno). INEA (1998). Contenidos: Dzul, Baas, Vermont, Castillo, Hernández, Canto.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Dictionary of the Maya Language: As Spoken in Hocaba Yucatan (1998). Victoria Bricker, Eleuterio Po’ot Yah and Ofelia Dzul de Po’ot. University of Utah, Salt Lake City.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Diccionario Maya Popular (yucateco-peninsular moderno) 2007. Mérida, Academia de la Lengua Maya de Yucatán.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Etnoflora Yucatanense. Lista florística y sinonimia maya. (1985) Victoria Sosa, J. Salvador Flores, Rafael Lira, J. J. Ortíz. INIREB.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Lacandón (maya) – Spanish -English dictionary / Diccionario Maya Lacandón-Español-Inglés (2014). Charles Andrew Hofling. The University of Utah Press.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Tojt’an Maya Itzaj. Diccionario Maya Itzaj-Castellano (2000). Charles Andrew Hofling y Félix Fernando Tesucún. Cholsamaj

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Mopan Maya-Spanish-English Dictionary / Diccionario Maya Mopan-Español-Inglés. Charles Andrew Hofling (2011). The University of Utah Press.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

➡️ Diccionario Ch’orti’. Jocotán, Chiquimula (1996). Pérez Martínez, Vitalino, Federico García, Felipe Martínez y Jeremías López. Proyecto Lingüístico Francisco Marroquín.

Glifo HUN ‘libro, papel, códice’

Contacto

Correo: arq.will.mex@gmail.com * MSJ / TXT: Cel. (WhatsApp) (+52) 999 334 6689

El cacao y el chocolate entre tzeltales y tzotziles (bats’il k’op)

por William H. Mex

Este texto compara y analiza el vocabulario relacionado con el cacao y el chocolate que ha sido registrado en los diccionarios coloniales y actuales de lengua Tzeltal y lengua Tzotzil. Estas dos lenguas comparten características entre ellas más que cualquier otra lengua maya. Las palabras se clasifican entre aquellas que refieren a las partes del cacao, las que refieren a su preparación y las que refieren a alguna creencia o costumbre relacionada con el cacao o el chocolate. Primero se mencionarán las voces tzeltales y luego, las tzotziles[1].

Esta es la tercera parte de la investigación lingüística sobre el cacao y el chocolate que toma como base los registros de las lenguas mayas, las dos anteriores han abordado el tema entre los yucatecos coloniales y entre los kaqchikeles coloniales.  

Los nombres y las partes del cacao

En Tzendal colonial el nombre de la ‘mazorca de cacao verde’ se registró como pat, pero en Tzotzil colonial el término era pat kokov [2]. La palabra pat en estas lenguas (y en algunas lenguas mayas) tiene los significados de ‘cáscara, corteza, espalda’, entre otros. La voz para cacao -árbol y fruto- se registró en Tzeltal actual como kakaw, mientras que en Tzotzil el equivalente es kokov, pero parece referir más a la bebida y la semilla del cacao [3]. En Tzotzil actual se usa el término chukul’at ‘el chocolate que se toma’ [4].

En Tzotzil colonial también se registró tzeel kokov ‘chocolate puro, sin mezcla’ o ‘chocolate verde/ no maduro’ y en Tzotzil actual pamal kokov ‘cacao en polvo/ chocolate’. A las ‘cosas pequeñas’ o ‘menudas’ como los granos del cacao o maíz en Tzendal colonial se les nombraba maletz y en Tzotzil colonial, matz’matz’ [5].

Acciones para preparar el cacao

La acción de ‘moler’ granos de maíz o cacao se registró como ghuch en Tzendal colonial, en Tzeltal actual juch’ y también se ha registrado como parte del nombre del ‘chocolate’: juch’bil kakaw (literalmente ‘cacao molido’) [6]. El equivalente Tzotzil colonial era juch’ kokov ‘hacer cacao y molerlo’; aunque con el mismo significado se registró la expresión puk’ kokov; el objeto para agitar el cacao era uya [7].

En Tzendal también encontramos <batz> como ‘barrenar’ y como ‘batir el chocolate y otra cualquier cosa’; se relaciona con el Tzeltal bats ‘enterrar, meter, insertar (en un agujero)’. En Tzotzil también encontramos noy como ‘hacer cacao y molerlo’ y ‘moler muy molido’ [8].

‘Echar como de una jícara de cacao en otra’ en Tzendal era togh, verbo que aparece en los términos compuestos togh-ha y togh-cacau ‘hacer ruido como las goteras de las canales o como el chocolate que se echa de una jícara en otra’, relacionado también con togh ‘chorro’ y con el Tzeltal actual t’ojob ‘gotera’ [9]. En Tzotzil colonial el equivalente era t’oj kokov ‘verter cacao’ de una jícara a otra para hacer espuma, pero también registró las palabras chojet y ch’itet con significados asociados al ruido de las goteras [10].  En el mismo idioma j-vokanel era la ‘cosa espumosa, como el cacao’, término relacionado con el voz actual vok ‘espuma’ [11].

Algunos ingredientes y mezclas

Los diccionarios no dicen mucho acerca de los ingredientes o mezclas que llevaba el chocolate. Pero una frase Tzeltal expresa: buts’an uch’el kakaw sok mats’e traducido como ‘es rico tomar cacao con pozol’. La adición de flores al cacao también se registró en Tzotzil (como en otras partes de Mesoamérica) ya que el extracto de la magnolia ‘flor muy olorosa de hechura de corazón’ nombrada olonton nichim sirvió para añadirle sabor al chocolate [12].

En Tzotzil colonial j-uch’ ho’ era el ‘bebedor’, aunque lo que bebiera fuese chocolate, porque se decía que ‘todas las bebidas están sumergidas bajo el agua’, ho’ [13].

Algunas costumbres relacionadas con el cacao y el chocolate

Es bien conocido que Zinacantán fue un intermediario regional para el intercambio de bienes de lujo y tenía el control del cacao y el algodón en las tierras sometidas [14]. También es conocido que el grano de cacao funcionó como un tipo de “moneda” en Mesoamérica, durante algún tiempo. Por eso no es sorpresa encontrar en Tzotzil colonial varios términos que hacen referencia a la “falsificación” de cacao. Esto se hacía principalmente escondiendo el cacao malo entre el bueno o intercambiando el cacao malo como si fuese bueno, a veces embadurnando el cacao con ceniza u otro material, para ocultar su apariencia.

Entre los términos relacionados con estas acciones tenemos p’isel ta kokov, k’axtok kokov y pak’tay ta kokov como ‘falsear (grano de) cacao’, así como j-pak’tayej ta kokov ‘falseador de granos de cacao’ [15].

Caso aparte, en Huixtán se tiene registro del uso del cacao para arreglar los matrimonios. Así, skokovil es en específico ‘el cacao que se regala con el pan para la novia’ y se expresa: ti jakꞌvaneje ch-och lajuneb pexu kaxlan vaj xchiꞌuk skokovil o sea ‘cada vez que voy a pedir una muchacha para mis hijos, siempre compro diez pesos de pan y cacao’ [16]. El uso del cacao en Mesoamérica para arreglar matrimonios también es algo muy conocido.

También se sabe que el chocolate o el cacao era utilizado en ceremonias, usualmente como ofrendas, aunque no hay mucho registro de ello en los diccionarios.

Comentarios finales

Esta brevísima revisión ha remarcado las semejanzas entre algunos términos tzeltales y tzotziles, lo cual nos dice mucho de la cercanía que estas dos lenguas tuvieron y en algunos casos, aún tienen. Queda claro que esta cercanía no es solo lingüística o geográfica, si no también cultural, por algo los hablantes de ambas lenguas refieren a su idioma bajo el mismo término: bats’il k’op ‘lengua verdadera/legítima’. Un estudio comparativo que considere otras lenguas mayas seguramente revelará más semejanzas.  

Tapa de incensario de cerámica con la imagen de un mono en cuya «soga» cuelgan vainas de cacao. Museo de sitio de Toniná, Chiapas. Fotografía de Javier Hinojosa.

Notas

[1] La ortografía que se usó para el registro de las lenguas mayas en la época colonial es diferente a la actual. En Tzendal del siglo 16-17 la /gh/ representa el sonido de la /j/ “fuerte” del español. En todos los ejemplos la /h/ no es muda, si no que puede representar el sonido parecido a la /j/, pero suave. Los altos glotales /’/no siempre se representaron y la /v/ del tzotzil en la mayoría de los casos representa un sonido intermedio entre la /w/ y la /v/.

[2] (Ruz 1986:359) (Laughlin y Haviland 1988:282). Algunos consideran que la voz pat en este caso se relaciona con patan ‘tributo, negocio, trabajo’, pero como se ha explicado pat es ‘cáscara’ y por extensión, ‘mazorca’.

[3] (Gómez 2017:274) (Laughlin 2010:228) En Tzotzil de Huixtan xkokovil es la ‘crisálida de una mariposa’ (Cowan 2014:129). Tal vez se usa el término kokov por la semejanza entre la crisálida y la vaina de cacao.

[4] (Laughlin 2010:120)

[5] (Laughlin y Haviland 1988:172) (Laughlin 2010:434) (Ruz 1986:329)

[6] (Ruz 1986:296) Otro nombre actual Tzeltal para el chocolate es sepbil kakaw, al parecer entendido como ‘cacao batido’, considerando el verbo sep ‘poner en círculo, hacer rueda’.

[7] (Laughlin y Haviland 1988:215) (Laughlin y Haviland 1988:161)

[8] (Ruz 1986:249) (Polian 2018:145) (Laughlin y Haviland 1988:275)

[9] (Ruz 1986:386) (Ruz 1986:385) (Polian 2018:588). Con ortografía actual, t’oj ja’ es ‘gotear el agua’ y t’oj cacao ‘gotear el cacao/chocolate’.

[10] (Laughlin y Haviland 1988:323) (Laughlin y Haviland 1988:191) (Laughlin y Haviland 1988:199)

[11] (Laughlin y Haviland 1988:330) (Laughlin 2010:616)

[12] (Gómez 2017:274) (Laughlin y Haviland 1988:154)

[13] (Laughlin y Haviland 1988:159)

[14] (Laughlin y Haviland 1988:3)

[15] (Laughlin y Haviland 1988:279, 229, 292)

[16] (Cowan 2014:75)

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Bibliografía

-Cowan, Marion M. (2001-2006) Diccionario Tzotzil Huixtán. Bartholomew Collection of Unpublished Materials, SIL International – Mexico Branch.
-Gómez López, Tomás (2017) Estudio lexicográfico del Tseltal de Villa Las Rosas. Tesis Doctoral, CIESAS, CDI, México.
-Kaufman, Terrence (1972) El proto-tzeltal-tzotzil: fonología comparada y diccionario reconstruido, (traducción de Daniel Cazes), UNAM, México
-Laughlin, Robert M. (2010) Mol Cholobil K’op ta Sotz’leb El Gran Diccionario Tzotzil de San Lorenzo Zinacantán. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, México.
-Laughlin, Robert M., y John B. Haviland (1988) The great Tzotzil dictionary of Santo Domingo Zinacantán: with grammatical analysis and historical commentary. Smithsonian Institution Press, Washington D.C.
-Polian, Gilles (2017) Diccionario multidialectal del Tseltal. INALI, México.
-Ruz, Mario Humberto (ed.) (1986) Vocabulario de Lengua Tzeldal según el Orden de Copanabastla (Domingo de Ara). Fuentes para el Estudio de la Cultura Maya no. 4. UNAM. México, D.F.
-Slocum, Marianna C., Florencia L. Gerdel y Manuel Cruz Aguilar (1999) Vocabulario Tzeltal de Bachajón. Serie de Vocabularios Indígenas, Núm. 13. ILV, S.E.P. México: D.F.

CONTACTO

Correo: arq.will.mex@gmail.com * MSJ / TXT: Cel. (WhatsApp) (+52) 999 334 6689

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

_ _ _ _ _

_ _ _

_

Origen y significados del apellido Mex (Me’ex)

por William H. Mex

Introducción

El presente escrito tiene como objetivo indagar en los varios significados que la palabra Mex (me’ex) ha tenido en las distintas lenguas mayas a lo largo del tiempo[1]. Es bien conocido que esta palabra prehispánica es de origen maya y que hoy en día es usada como apellido. Además, se sabe que tiene los significados de ‘barba, bigote’ y ‘pelo’, pero una revisión de los diccionarios y textos coloniales y actuales de la región revelará mucho más acerca de su simbolismo y trascendencia[2].

Antecedentes del apellido[3]

En la península de Yucatán, poco más de 10,000 personas tienen la palabra de origen maya Mex como apellido: 7,615 en Yucatán, 2,211 en Quintana Roo y 916 en Campeche (de un aproximado de 13,282 personas que lo llevan en todo México) (Imagen 1 y 2). Este apellido ocupa el lugar 61 entre los más comunes de Yucatán y el lugar 34 entre los apellidos de origen maya más usados. En Quintana Roo ocupa el lugar 137 entre todos los apellidos y el 43 entre los de origen maya, mientras que en Campeche el apellido ocupa el lugar 179 entre todos los apellidos y el lugar 51 entre los mayas[4]. Los 10 municipios o ciudades en donde es más común el apellido son: Mérida, Benito Juárez, Hunucmá, Tinum, Campeche, Izamal, Umán, Kanasín, Dzitás y Yaxcabá (ver Imagen 1 y 2).

Imagen 1. Mapa con la distribución de personas con el apellido Mex en la península de Yucatán. Con rojo profundo se indican los lugares con mayor población con el apellido. Tomado de forebears.io.
Imagen 2. Lista con las 13 ciudades y municipios donde aparecen más personas con el apellido Mex, por incidencia, frecuencia y rango. Tomada de forebears.io.

Los antiguos mayas no usaban apellidos o nombres tal y como nosotros los usamos hoy en día. Es bien conocido que, tras la conquista de la región de Yucatán en el siglo dieciséis, los monjes franciscanos comenzaron a imponer nombres cristianos a los nativos de la región y que, en muchos casos, el patronímico prehispánico ocupó el lugar del apellido español. Por ejemplo, una persona que usaba de nombre completo Ah kukum Xiu fue bautizado como Francisco de Montejo Xiu. Los mayas retuvieron sus patronímicos en muchos casos, ya que éstos tenían un significado muy importante con respecto a su historia, organización y linaje[5].

Así, se menciona en la Relación de las cosas de Yucatán del siglo dieciséis, con respecto a los mayas de la región peninsular y sus linajes, lo siguiente:

“Que tienen mucha cuenta con saber el origen de sus linajes, especialmente si vienen de alguna casa de Mayapan y eso procuran saberlo de los sacerdotes, que es una de sus ciencias, y jáctanse mucho de los varones señalados que ha habido en sus linajes. Los nombres de los padres duran siempre en los hijos, en las hijas no. A sus hijos e hijas los llamaban siempre por el nombre del padre y de la madre […] Y por eso cuando vienen a parte no conocida (y se ven) necesitados acuden luego al nombre, y si hay alguien (que lo lleve), luego con toda caridad se reciben y tratan. Y así ninguna mujer u hombre se casaba con otro del mismo nombre porque era en ellos gran infamia”[6].

Es de notar que la estructura de los nombres o apelativos de los mayas prehispánicos era muy diferente a la estructura de los nombres europeos y que el concepto de apellido, tal y como lo conocemos hoy en día, no existía entre los mayas.

Los significados comunes de la palabra Me’ex

Basta con abrir el diccionario más común de lengua maya (yucateca) actual para encontrar los significados básicos de la voz me’ex. Ya desde el período colonial se registraron los siguientes términos en el Calepino Maya de Motul y en el Vocabulario Mayathan, del siglo dieciséis:  

  • meex: ‘la barba que sale al hombre en el rostro’
  • ah meex: ‘barbado, el que tiene barbas’[7]
  • ah meex, yan meex ti: ‘barba de hombre u otro animal’
  • u meex yuc:  ‘barba de cabrón o cabra’ [de yuc: ‘venado’][8]
  • ix-ma meex: ‘sin barba o desbarbado’ [el término ixma indica ‘carencia’] [9]
Imagen 3. Yuuk

El primer ejemplo deja en claro que la palabra es un sustantivo, con el significado simple de ‘barba’. En el segundo, tercer y cuarto ejemplo, el prefijo ah (en ortografía actual, aj), como agentivo, sirve para identificar a quien tiene una característica, a quien posee algo, o bien, a quien ejerce alguna acción. En este caso, ah meex (en ortografía actual aj me’ex) refiere a ‘el (individuo) de la barba’ (y en ningún caso a un ‘barbero’)[10]. Las otras traducciones nos dan a entender que también algunos animales (como el yuuk, venado Mazama pandora) podían tener barba o su equivalente (Imagen 3). En diccionarios actuales la palabra aparece así:

  • me’ex: ‘barba, bigote del hombre’[11]
  • me’ex: ‘pelo de algunos animales en la quijada inferior’ [12]

Con base en la revisión de diccionarios de otras lenguas pertenecientes al grupo maya yucateco, se infiere que la palabra pudo referir casi a cualquier tipo de vello del cuerpo humano[13]. Así, por ejemplo, en idioma Itzá encontramos:

  • me’ex: barba, bigotes
  • me’ex chiim: ‘pelo púbico de hombre’ [donde chiim es ‘pene’]
  • me’ex kiyep: ‘pelo púbico de hombre’ [donde kiyep es ‘pene’]
  • me’ex pel: ‘pelo púbico de mujer, barba de vulva’ [donde pel es ‘vulva’]
  • me’ex t’uy: ‘pelo púbico de mujer’[14] [donde t’uy es ‘vagina, vulva’]

En idioma Mopán se hallan palabras semejantes, que amplían el rango de significados que hemos encontrado:

  • me’ex: ‘patilla, barba, bigotes’ [15]
  • me’ex: ‘pelo del pecho de pavo macho’ [16]

De manera semejante, en idioma Lacandón encontramos este significado:

  • me’x: ‘barba, bigote’ [17]

En una lengua que no pertenece al grupo yucateco también se encuentra la voz equivalente (cognado). La hoy extinta lengua Ch’olti’ registró en el siglo 16:

  • meex: ‘barbas, el pelo’ [18]

Al parecer son todas las lenguas que registran algún equivalente del término[19]. Con eso se puede inferir que la palabra se restringió desde tiempos antiguos a las tierras bajas del área maya, que hoy en día ocupan la península de Yucatán, parte del norte de Guatemala y belice, principalmente.

Imagen 4. Pecarí de collar (kitam)

De esta manera, nos damos cuenta de que me’ex refiere principalmente a los pelos del cuerpo humano o animal que son largos o notorios, pero no tanto como el cabello de una persona. Por eso en el período colonial podemos encontrar el nombre de un poblado yucateco como Mexcitam que significa ‘barba de jabalí’ o ‘jabalí barbado’ (en ortografía actual, Me’ex kitam) (ver Imagen 4) [20]. Otros términos coloniales yucatecos nos acercan a los significados metafóricos de la palabra. Por ejemplo, tenemos:

  • u meex kin: ‘los rayos del sol’ [21] [con ortografía actual, u me’ex k’iin]

Dado que la palabra kin (k’iin) significa ‘sol’, esta entrada nos da a entender que los rayos solares son el equivalente a las ‘barbas’ o los ‘pelos (faciales)’ del astro rey. Como se verá, es posible que me’ex k’iin haya referido a un tipo de planta.

El término me’ex y su relación con los animales marinos

La palabra también tiene relación con algunos animales. En el contexto de los nombres de seres marinos, algunos textos coloniales y actuales registran los siguientes significados:

  • mex cay : ‘pulpo, pez’ [donde cay es ‘pez, pescado’]
  • mex: ‘pulpo’
  • mex: ‘pez araña, peje araña’[22]
Imagen 5. Pez araña

Es decir, el pulpo es el animal marino que (por sus tentáculos), aparenta tener barbas. El pez araña también se veía como un ser barbudo o de apariencia peluda, aunque no sabemos si este vínculo se debe a otra característica del animal (Imagen 5). Diego de Landa, en su Relación ya mencionada , ya describía a uno de estos peces me’ex, de la siguiente manera:

Imagen 6. Cacerolita de mar

“Un pescado vi en las costas, algunas veces, que por ser de concha todo, lo dejé para poner aquí. Es, pues, del grandor de una tortuga pequeña y cubierto por arriba de una concha delicada, redonda, de hermosa hechura y verde muy claro; tiene una cola de lo mismo de la concha, muy delgada, que parece punzón y larga corno un jeme; por debajo tiene muchos pies y todo lleno de menudos huevos que no tiene que comer de él sino huevos y cómenlos muchos los indios; llámanle en su lengua mex.”[23]

Landa describía al “cangrejo herradura”, también conocido como “cacerolita de mar” (Imagen 6)[24]. Queda claro que diferentes peces, que compartían características (como el aparentar tener ‘barbas’ o ‘bigotes’ o ser “velludos”) entran en la categoría de me’ex. 

El término me’ex en relación con las plantas

Ya se ha visto que el término me’ex guarda relación con los vellos notorios del cuerpo humano o animal, describe a los rayos del sol y también a los animales que poseen alguna característica semejante a un bigote o barba. En varias lenguas mayas se han registrado nombres de plantas que usan la misma palabra, para describir una característica notoria. Así tenemos:

Imagen 7. Liquen Me’ex Ts’uul
  • mex dzul (me’ex ts’uul) [25]

El nombre se puede traducir como ‘barba española’ (o barba de extranjero, siendo dzul o ts’uul ‘extranjero’) y describe a un liquen (Ramalina calicaris farinacea, Schaer) encontrado en arbustos de la región de las llanuras de Progreso, Yucatán (Imagen 7).

En el mismo contexto, también tenemos:

Imagen 8. Me’ex nuxiib

Su nombre se traduce como ‘barbas de viejo’ (también se le conoce como ‘barbas de chivo’), ya que nuxib es ‘viejo, anciano’ (Imagen 8). Esta planta (Clematis dioica) se describe de la siguiente manera:

“Es una enredadera de 30 pies, abundante en tierras de matorrales cerca de Izamal. El nombre maya es el equivalente del español. El nombre de Chiapas, “Cabeza de vieja” expresa más o menos la misma idea en cuanto a su apariencia. Se dice que la raíz es astringente. Es el “musgo español” del sur de los EE. UU.”[27]

Otros textos de maya Yucateco actual registran las siguientes plantas:

Imagen 9. Me’ex, musgo español
  • me’ex: ‘musgo español’
  • u me’ex nuxiib: ‘barba de anciano’ [28]
  • me’ex cháak: ‘musgo’ [29]

El musgo español es el liquen Tillandsia usneoides, que aparece sobre rocas o árboles, a modo de “barba”(Imagen 9). En el tercer ejemplo, dado que cháak es ‘lluvia’, se entiende que me’ex cháak son las plantas (musgos) que salen cuando llueve, como si fueran “barbas” o “vellos”, pequeños. Otras plantas registradas en la Nomenclatura Etnobotánica Maya son:

  • me’exmasewal
  • me’exnuxib (‘barbas de viejo, barba española’)[30]

En idioma Lacandón, la voz me’ex, además de significar ‘barba’, también sirve para describir a varias plantas pequeñas, por ejemplo:

  • chäk meꞌex: ‘alegría, flor de seda’ (planta)
  • chäk meꞌex kꞌin: ‘chacmol, tabachín, ponciana enana’ (planta)’ [31]
Imagen 10. Chäk me’ex k’in

El primer término literalmente es ‘barba o bigote rojo’ (usando el adjetivo chäk: ‘rojo’), mientras que el segundo término significa ‘barba roja del sol’ (Imagen 10 y 11). Es probable que el segundo término designe a la planta en comparación con los rayos del sol, debido a la forma alargada de la misma y a su llamativo color rojo. En la misma lengua, uno de los significados generales de la voz me’ex es el de ‘zarcillo, raíces aéreas’ (aunque literalmente son ‘bigotes’)[32].

El nombre chäk me’ex k’in define a una planta del género caliandria, perteneciente a la familia de las leguminosas (Fabaceae Calliandra calothyrsus Meisn). Su descripción, de acuerdo con los lacandones de Chiapas, es la siguiente:

“Arbusto verde con hojas finas como helechos y flores rojas, tenues y de pompón. Produce vainas de semillas planas de aproximadamente 10 cm de largo por 2.54 de ancho. Suelen ser arbustos o árboles pequeños, aunque algunos pueden convertirse en árboles grandes. Tienen flores con numerosos filamentos largos unidos en la base, las flores emergen en cabezas axilares o racimos terminales. Es una maleza común en la carretera que ocurre en áreas húmedas en la mayor parte de México. Es una «planta indicadora» agrícola para los lacandones del sur”.[33]

Imagen 11. Chäk me’ex k’in. Foto de Suzanne Cook.

Es claro que me’ex también refiere de manera general a ciertas plantas que guardan parecido con el bigote, la barba o los vellos de las personas. En su mayoría son plantas cuyas hojas no son muy abundantes, por lo que dan la impresión de formar “bigotes” poco crecidos y escasamente concentrados (y también parecidos a una “barba”)[34]. Es decir, estas plantas se percibían como los “bigotes” o “barbas” de los árboles.

El término Me’ex como nombre propio en el periodo colonial

Es bien conocido que en el texto colonial Chilam Balam de Chumayel se menciona a un personaje histórico de nombre Ah Mex Cuc o Ah Mex Cuc Chan (con ortografía actual Aj Me’ex Kuk o Aj Me’ex Kuk Chan). El Diccionario Maya Cordemex registra este nombre con la traducción, un poco dudosa de ‘ardilla barbuda de linaje Chan’ y menciona que posiblemente haya sido el fundador de un linaje’[35].

Ya hemos visto que Ah Mex significa ‘el barbado’, pero no es claro lo que significa Cuc. En algunas lenguas mayas el término Kuk refiere a cosas que se pueden enrollar o acomodar, a modo de un bulto de ropa[36], mientras que el término Chan significa ‘víbora, serpiente, culebra’ en diferentes lenguas mayas (pero no en Yucateco)[37]. Pero Kuk también podría significar ‘ardilla’ y podría describir a aquel personaje que tiene la barba o bigote como los “pelos” de la ardilla[38]. Sin embargo, con base en lo que se sabe de los nombres mayas, es más lógico considerar que el nombre está compuesto de tres elementos: el que describe a la persona como ‘barbado’ (Ah Mex), el que correspondiente a su familia (Cuc) y la palabra correspondiente a su posible linaje (Chan). Es decir, este personaje famoso era El barbudo kuk, perteneciente a los Chan’ [39].

Es de notar que Ah Mex Cuc es mencionado como uno de los gobernantes o personajes de élite de Mayapán (ya que ostenta el título ajaw ‘gobernante, señor’) y Ah Mex Cuc Chan es mencionado como uno de los cuatro linajes relacionados con Chichén Itzá en el Chilam Balam de Chumayel (los otros linajes eran Zacal Puc, Holtun Balam y Hochtun Poot)[40]. Algunos autores han interpretado que Ah Mex Cuc en parte semejante a una versión de la deidad Kukulcan (k’u’uk’ul kaan), la ‘serpiente emplumada’[41]. Es un tema en el que aún se debe indagar más con base en los documentos históricos, aunque es valioso observar que la voz Mex, como parte de algún nombre personal, no era muy común.

Con respecto al nombre o linaje Chan, algunos académicos lo han relacionado con grupos “chontales” de la región de Tabasco o bien, con grupo “foráneos” que tuvieron relación con los nahuas del centro de México y que habrían migrado hacia la península de Yucatán en la época Clásica tardía (después del 900 d.C.) o en el Posclásico (hacia el 1200 d.C.)[42]. Hoy en día, Chan es el apellido maya más común en la península de Yucatán. Hay información de que los personajes relacionados con el Ah mex pudieron tener un origen no maya, pero debemos revisar más datos.

¿Podría ser Me’ex una palabra de origen no maya?

Los siguientes párrafos con respecto al origen de la palabra son propuestas en las que aún se debe profundizar. Su lectura debe hacerse con precaución, ya que reflejan en parte pensamientos en voz alta del autor.

De las 31 lenguas mayas de las que tenemos registro, la palabra me’ex solo se encuentra con el significado de ‘barba, bigote, pelo’ en cinco lenguas mayas. De esas, cuatro lenguas pertenecen al grupo yucateco (Yucateco, Itzá, Mopán y Lacandón) y una al grupo ch’olano (Ch’olti’); por lo que se puede proponer que alguna lengua del grupo yucateco prestó la palabra al Ch’olti’ colonial (y tal vez también al Tuzanteco)[43]. El hecho de que la voz me’ex se encuentre principalmente en el grupo yucateco y que sea una palabra rara, diferente a otras voces para nombrar a la barba o bigote en las demás lenguas mayas, hace sospechar de su origen.

En otras lenguas no mayas, como el Nahuatl, encontramos palabras semejantes, que nombran a varios tipos de hierbas. Por ejemplo, el fraile Alonso de Molina, en su diccionario de Nahuatl colonial registró los términos:

  • mexixin: ‘mastuerzo’
  • mexixquilitl: ‘mastuerzo’ (Imagen 12) [44]

Otra fuente de Nahuatl registra términos semejantes:

  • mexixin: ‘berro de indias o capuchinas (Tropaeolum majus), de la familia de las geraniáceas’ (Imagen 13)
  • mexixquilitl: ‘mastuerzo, planta que los mexicanos consumían y de cuyo nombre, según algunos autores, habrían sacado el suyo’[45]

Otro diccionario Nahuatl registra como nombre de hierba:

Imagen 12. Mexixin, Mastuerzo común
  • mixitl: ‘hierba intoxicante, alucinógena, altera el cerebro, posiblemente estramonio (jimson weed)’ (Imagen 14) [46]

No es seguro que estos términos del nahuatl tengan el mismo origen o sean equivalentes, en las respectivas variantes dialectales[47]. En los primeros cuatro ejemplos, la raíz lingüística (es decir, el elemento de la palabra que tiene significado) es *mexix, siendo -in un sufijo y -quilitl la palabra para ‘verdura o hierbas comestibles’. En los últimos dos términos la raíz lingüística es *mixixi, y -tl funciona como sufijo, mientras que xiwitl significa ‘hierba’.

En cualquier caso, las palabras con la raíz *mexix sirven para designar a algunas hierbas (o plantas) y son estas palabras las que guardan más semejanza con el término maya. Ya se ha visto que en Yucateco me’ex designa al musgo español y, especialmente entre los lacandones, sirve para nombrar a algunas plantas pequeñas.

Con esto en mente, se plantean tres opciones: 1.-Que la palabra se haya originado en el grupo yucateco y de allí se prestara al nahuatl. 2.-Que la palabra se originara en el Nahuatl y de allí pasara al maya Yucateco o 3.-Que los términos del maya y del nahuatl no guarden relación alguna y que hayan tenido orígenes diferentes, siendo casualidad su semejanza en pronunciación y significados. Es necesario decir que aún hace falta revisar más evidencia histórica o arqueológica para apoyar alguna de las propuestas, aunque considero que la tercera opción es la más viable, por el momento.

Observaciones finales y pendientes

El significado original y básico de la palabra me’ex designa a todo aquel elemento semejante a una barba o bigote, que sobresale en el cuerpo de los humanos, árboles o animales. Algunos animales, como los venados, jabalíes y pavos, tienen me’ex. Así como las hierbas son el me’ex de la tierra, hay plantas que son el me’ex de los árboles y rocas, mientras que el me’ex del sol, son sus rayos. Dado que las hierbas y plantas pequeñas son el equivalente a los “vellos” o “barbas” de la tierra y de algunos árboles, esta palabra pasaría a designar a las barbas, bigotes o vellos corporales de las personas y animales. Ese es el significado más básico del término. Con el paso del tiempo, me’ex pasaría a designar a ciertos animales de apariencia barbada o velluda. La palabra también designa al pez araña, al pulpo y al cangrejo cacerola.

En el período Posclásico (hacia el 1200-1400 d.C.) la palabra ya se usaba como parte de un nombre, para designar a un personaje masculino ‘el barbado’ o ‘el del bigote’ (Aj Me’ex). Después de usarse como parte de un nombre, me’ex habría pasado a ser un apellido, usado en regiones cercanas a Mayapán y Chichén Itzá principalmente. La palabra es más antigua, y pudo haberse originado (para nombrar plantas) hace unos 1,100 años (hacia el 900 d.C.), cuando las cuatro lenguas del grupo maya yucateco aún no se comenzaban a diferenciar.

En el período colonial (1500-1800 d.C.) se tiene registro de nombres con el apellido Mex en los pueblos de Ixil y Tekantó (como Marcos Mex) y, hacia 1741, aparecen los nombres Ignacio Mex, Antonio Mex, Feliciano Mex y Juan Mex como oficiales de cabildo de lo que es el barrio de San Sebastián, en Mérida, Yucatán[48]. Si consideramos que el apellido se menciona en la época colonial en relación con la ciudad de Chichén Itzá, y que hoy en día el apellido Mex es común en poblaciones cercanas a dicha ciudad, como Tinum, Yaxcabá y Dzitás, es probable que la palabra, como parte de un nombre personal, se originara en esa región de la península (ver Imagen 13).

Imagen 14. Principales ciudades o municipios con presencia del apellido Mex. Con estrella blanca: ubicación de Mayapán; con doble estrella: ubicación de Chichén Itzá. En círculo azul: posible área de origen y difusión del nombre y/o apellido Mex. Mapa de forebears.io, modificaciones del autor.

Aún hace falta un estudio para ubicar exactamente en dónde se comenzó a usar la palabra como apellido (en la época moderna) y su distribución y expansión en la Península de Yucatán. Vale mencionar que aunque hay apellidos Mex en otros estados y países, aún se debe investigar si son palabras con un mismo origen o si la semejanza entre el apellido maya y el de otras regiones es casualidad.

Imagen 15. La palabra Me’ex, representación moderna escrita con los jeroglíficos de los antiguos mayas. Dibujo de Eduardo Puga (2020).
Imagen 16. Distribución del apellido Me’ex en los estados de México (en color fuerte, los lugares con mayor concentración de personas). Tomado de forebears.io.
Imagen 17. Distribución del apellido Me’ex en México por estado, cantidad, frecuencia y rango. Tomado de forebears.io.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Créditos de las imágenes. Imagen 3: tomada de zoogalaxy.com, imagen 4: autor desconocido (tomada de internet), imagen 5: autor desconocido (tomada de internet), imagen 6: animapedia.org, imagen 7: tomada de internet, imagen 8: página del CICY, imagen 9: wikipedia, imagen 10: fedipedia.org.


Comentario del lingüísta Martín Sobrino Gómez (El español que se habla en Yucatán y otras anécdotas) publicado en Facebook, abril de 2020:

Les diré lo que pienso de la etimología de la palabra me’ex ‘barba, bigote’ en las lenguas mayas. Si nos atenemos a la pura similitud fonética y la aparente relación de significado en las palabras, también podemos encontrar en mam las palabras xhch’ume’xh / xme’xh con el significado de ‘pelo de elote’ (Kaufman 2003), y en el Diccionario k’iche’ de la ALMG (2004) encontramos el término me’x ixim ‘maíz negro’. Con respecto al mam, la forma me’xh parece un buen candidato para tomarla como cognado de me’ex de la rama yucatecana, y tal vez proponerlo como una forma que se puede reconstruir en protomaya. Pero no parece ser así, Kaufman (2003) muestra estas palabras con sus correspondientes cognados en las lenguas de la rama oriental para las que reconstruye *…me’y ‘pelo de maíz’, de manera que, en mam, la /xh/ retrofleja en esa posición es reflejo de la /y/ del protomaya oriental, como lo demuestran las correspondencias de sonido con las otras lenguas de dicha rama, por ejemplo:

k’iche’ tzami’y ‘pelo de elote’

poqomchi’ tzami’y ‘pelo de elote’

mam xhch’ume’xh ‘pelo de elote’

De manera que, si me’xh fuera cognado con el yucatecano, las lenguas yucatecanas mostrarían *me’ey en lugar de me’ex. Comprobémoslo. Para luciérnaga, encontramos en mam las formas xkukxh / kukax (con la retrofleja al final), mientras que en poqomchi’ (Kaufman 2003) y yucateco tenemos:

poqomchi’ kukaay

yucateco kokay/kóokay

Podemos, por lo tanto, descartar esa palabra en mam para considerarla cognado de me’ex. Como ven, en un estudio etimológico siempre se deben tener en cuenta los reflejos de las formas heredadas y las correspondencias de sonidos entre lenguas para estar seguros que no estamos tratando con préstamos o con similitudes azarosas. En este sentido, la forma me’x de me’x ixim ‘maíz negro’ del k’iche’ tampoco sería cognado del me’xh, mam, pero, podemos por el momento intentar averiguar si sí lo es con el me’ex yucateco.

Tenemos que, nuevamente, recurrir a las correspondencias de sonido. En general, donde el yucateco tiene vocales rearticuladas podemos encontrar dos tipos de correspondencias en lenguas de otras ramas. En las lenguas cholano-tseltalanas puede haber correspondencias tanto de vocal corta V como de secuencia de V’V (vocal-corte glotal-vocal), mientras que en lenguas k’icheanas se tiene vocal larga VV, por ejemplo:

Glosa mono espina plátano/mamey

Yuc ba’ats’ k’i’ix ja’as

Tze bats’ ch’ix ja’as

K’ich baats’ k’iix

Con esto, parece que me’x del k’iche’ no presenta la correspondencia esperada, o sea, la vocal larga (algo como *meex). No obstante, hay que notar algo. En Sobrino Gómez (2018, 2015, y pronto profundizaré esto en el Coloquio Yuri Knorosov) explico esta aparente anomalía de las correspondencias regulares entre Yucatecano V’V y Cholano/tseltalano V / V’V. En GLLM las protoformas *CV’C y *CV’VC pasan como CVC y CV’VC, respectivamente, en lenguas cholanas y tseltalanas. En cambio, en yucatecano pasan ambas formas como CV’VC. Ahora, de acuerdo con lo observado en los datos comparativos de Kaufman (2003), todo lo que él reconstruye como *CV’VC en protomaya oriental en k’iche siempre tiene el reflejo CV’C, es decir, se pasa de una secuencia *V’V a una secuencia V’, entonces, hasta ahora no he encontrado (hay que buscarlas) cognadas yucateco-k’iche en las que pueda ver la correspondencia Yuc: V’V / K’ich: V’. Sólo como hipótesis sin comprobar puedo decir que me’x (me’x ixim) del k’iche’ y el me’ex de las lenguas yucatecanas pueden tener relación si suponemos una protoforma *me’ex que se mantuvo así en yucatecano y que pasó como me’x en k’icheano, perdiéndose en las demás lenguas (tal vez también la mantiene el tuzanteco, habría que observar las correspondencias de sonido en esa lengua para saber si es un préstamo o no). La relación semántica entre el significado de la palabra en cada una de las lenguas sería pensar que originalmente se refería tal vez a los pelos del elote negro, o a lo oscuro y/o tupido de la mazorca o algo así, y que de ahí pasó a significar ‘vello’ una vez que el yucatecano pierde la palabra básica que tenía para eso *ism.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Notas

[1] En todas las palabras en lengua maya, la letra /x/ equivale el sonido /sh/ del español. El apostrofo ( ‘ ) marca una ligera pausa en la salida del aire (cerrando la glotis) al momento de pronunciar la palabra o vocal. Se puede consultar el video “Aprende maya con breves diálogos” (https://www.youtube.com/watch?v=c5EgkTbau2o) para una introducción a la pronunciación de vocales y consonantes del maya yucateco. 

[2] Aquí se consideran las siguientes épocas para el estudio de la cultura maya: Clásica (250-900 d.C.), Posclásica (900-1521 d.C.), Colonial (1521-1810 d.C.) y actual (1810 en adelante).

[3] En este escrito, los nombres de textos o libros se presentan en cursivas, al igual que las palabras mayas y otras, que no pertenecen al español. Las traducciones están entre comillas simples (‘…’) y las citas textuales entre comillas dobles (“…”).  

[4] Información tomada de https://forebears.io/surnames/mex . Los tres apellidos más comunes de Yucatán son mayas: Chan, Pech y Canul. En Campeche, el apellido maya más común ocupa el octavo lugar y es Chan, mientras que en Quintana Roo, el apellido maya más común también es Chan, pero ocupa el noveno lugar del total de apellidos.

[5] (Quezada 2014). Esto influyó para que en la región se conservaran más los apellidos de origen prehispánico, a diferencia de lo que ocurrió en el centro de México, donde se conservaron menos.

[6] (Rivera 1985:81). Bracamonte y Sosa (2001:354) explica al respecto que “… en la sociedad maya la pertenencia a un linaje definido por el patronímico otorgaba ciertos derechos y obligaciones, pero no explica por sí sola la conducta política, ya que las personas que compartían un mismo apellido se ubicaban en estratos sociales diversos, podían tener o no acceso al ejercicio del poder y también asumían actitudes políticas antagónicas”. Mayapán es una ciudad arqueológica ubicada al sureste de Mérida, fue en el Posclásico (1250-1450 d.C.) cuando alcanzó su máximo esplendor.

[7] (Acuña 2001:40 y 407). También se registra ah chac vac ach meex: ‘barbudo, de larga barba’ (donde chac: ‘grande)’.

[8] (Acuña 1993:139 y 301). La letra /u/ representa el pronombre de la tercera persona, en este caso ‘de él/ella’, la palabra yuc (en ortografía actual, yuuk) refiere al venado temazate, o venado cabrito, que es del tamaño de una cabrilla (Mazama pandora) y al que se le llamaba ‘cabra’.  

[9] (Acuña 2001:311)

[10] Otro término registrado en el diccionario colonial es Ah meex ceh ‘cabrón de Castilla baruado’ (Acuña 2001:49). La palabra ceh significa ‘venado’ (en ortografía actual sería Aj me’ex kéej). Ver Acuña 2001:36, 46, 56, para otras frases en relación con el término me’ex.

[11] (ALMY 2003:143)

[12] (Bastarrachea et al. 1998:105)

[13] Las lenguas que conforman el grupo maya yucateco son 4: el Yucateco, el Itzá, el Lacandón y el Mopán. Solo el yucateco se habla en la Península de Yucatán. En total, se tiene registro de aproximadamente 31 lenguas mayas, algunas extintas.

[14] (Hofling y Tesucún 1997:444). El idioma Itzá es hablado en Guatemala, cerca de la región Petén Itzá.

[15] (Ulrich y Ulrich 1976: 129). El idioma Mopán se habla en Guatemala, en la región de Petén y en Belice.    

[16] (Hofling 2011:306)

[17] (Hofling 2014:226). El idioma Lacandón se habla en Chiapas, en la región de la Selva Lacandona.

[18] (Robertson et al. 2010:302). La lengua Ch’olti’ se habló en Guatemala y pertenece al grupo ch’olano, junto con los idiomas Ch’orti’, Ch’ol y Chontal. No está emparentada directamente con el grupo yucateco.

[19] Brown y Wichmann (2004:174) registran en tzotzil la voz nex como cognado del protomaya *me’x (vello facial, cabello rubio’, según ellos), pero me fue imposible encontrar en alguna fuente tzotzil esa palabra con el significado por ellos atribuido. Solo aparece como el nombre de una planta. También me fue imposible encontrar en mam la voz me’xh, que igualmente registran como cognado, ya que solo aparece como adjetivo, me’x ‘castaño’. Igualmente, en ixil, kaqchiquel, tz’utujil y mochó me fue imposible encontrar el supuesto cognado. En k’iche’ se ha registrado el término me’x ixim, ‘maíz negro’, pero no es seguro que sea cognado, aunque cabe la posibilidad de que sea un préstamo (ver nota de Sobrino al final de este escrito). Hay que considerar que Christenson (2004:74) recopila mex ‘color de ojos que no sea marrón’ y mex ixim ‘maíz negro’ y otras fuentes recopilan mex como ‘canche’.

[20] (Roys 1957:117). Resulta interesante que, en idioma Tuzanteco de Guatemala, encontremos la palabra me’x, con el significado de ‘marrano de pelaje muy blanco’ (Kaufman 2003:291). Es posible que este me’x esté relacionado con el me’ex del grupo yucateco y que, a razón de la característica de ser velludo del marrano, la voz para ‘barba, bigote’ haya pasado a designar ese animal. En los libros Chilam Balam se registra un nombre de lugar como Tixmex (ti’ xme’ex), tal vez ‘donde hay me’ex’ o ‘lugar de las barbas’, ‘lugar del barbudo’.

[21] (Acuña 2001:517)

[22] (Bolles 2010:3670)

[23] (Rivera 1985:167). El jeme es una unidad de medida y equivale a la distancia que hay entre el dedos índice y pulgar. Con “indios”, se refiere a los mayas nativos de la región peninsular.

[24] Limulus polyphemus (Atlantic horseshoe crab)

[25] (Bolles 2010:3669). También registrada por el CICY (ver la interesante página https://www.cicy.mx/sitios/flora%20digital/ficha_virtual.php?especie=2000)

[26] (Bolles 2010:3669). Los líquenes surgen de la simbiosis entre un hongo y un alga o cianobacteria, aparecen sobre rocas o árboles.

[27] (Bolles 2010:3669).

[28] Bromelliaceae (Bricker et al. 1998:184).

[29] (Barrera 1980:511).

[30] Chloris elegans H.B.et K. -Grami y Clematis dioica L. -Ranun Chloris virgata Swartz -Grami Tillandsia brachycaylos Schlechter -Brome Tullandsia usneoides L. Brome, respectivamente (ver Barrera et al.1976:111 y 112).

[31] (Baer y Baer 2018:136). Calliandra calothyrsus. La letra /ä/ representa una sexta vocal (que no existe en español), que se pronuncia semejante a una vocal intermedia entre una /o/ y una /u/.

[32] (Cook 2016:347).

[33] (Cook 2016:127).

[34] Las plantas pequeñas también pueden ser concebidas como “bigotes”, en maya yucateco actual, como en la frase ku’ukul jok’ik u pak’al Juan, bey u me’ex: ‘unas cuantas plantitas salieron de lo que sembró Juan, parecen sus bigotes’ (Barrera 1980:347).

[35] (Barrera 1980:522).

[36] (Prager 2020) .

[37] (Kaufman 2003:638). Chan también podría ser ‘cuatro’ o ‘cielo’, si consideramos otras lenguas mayas, como las del grupo ch’olano. No confundir con la palabra chaan o chan con el significado de ‘chico, pequeño’. En yucateco, kaan ‘serpiente’, es su equivalente.

[38] Aunque la ardilla no aparenta tener bigotes o barbas, a diferencia de otros animales, como el jabalí.

[39] Es decir, Ah Mex Cuc Chan se compone de tres elementos que pueden ser analizados y traducidos por separado: Ah Mex, Cuc y Chan.

[40] (Masson y Peraza 2014:53)

[41] (Piña Chan 2013:109). Aunque estos textos fueron redactados en los siglos dieciséis y diecisiete, es posible que contengan información histórica que se remonte unos 300 o 500 antes, es decir, hacia el 1204 d.C. y 1244 d.C., época en la que las ciudades de Mayapán y Chichén Itzá aún estaban habitadas.

[42] (Fox 1987:101). La lengua Chontal es del grupo ch’olano, no relacionada directamente con el Yucateco. Las lenguas nahuas (a las cuales pertenece el Nahuatl) se hablan principalmente en el centro de México (no tienen relación con las lenguas mayas).

[43] Si la palabra me’ex tuviera su origen en otro grupo de lenguas mayas, como el ch’olano (que comprende al Ch’ol, Chontal, Ch’olti’ y Ch’orti’) tal vez se esperaría encontrarla, con esa forma y significado, en varias de esas lenguas o en un grupo completo. Es decir, dado se encuentra en todas las lenguas del grupo yucateco, pero solo en uno del ch’olano, es más probable que una lengua yucateca (tal vez colonial) donara la palabra me’ex al Ch’olti’. El préstamo al Tuzanteco, pudo ser en la época colonial o actual.

[44] (Molina 1571:55). Parece ser Lepidium Virginicum. Es una planta comestible.

[45] (Simeón 1992:271). Con las Indias, se refieren a la región del México antiguo. Los mexicas habrían tomado su nombre de la planta mexixin, tomando la raíz lingüística del mismo *mexix, formando después la palabra mexica. Posiblemente se trate de una etimología popular o mitológica. Al respecto, el cronista y conquistador español Cristóbal del Castillo en su Historia de la venida de los mexicanos y otros puebles e Historia de la conquista, relata que cuando los mexicas llegaron a la región de lo que sería Tenochtitlan: “…después todos los pobladores -los azcapotzalcas, los tepanecas que se llaman en conjunto tlacopanecas, y todos sus súbditos, los coyohuques, los atlacuihuayancalques-, los nombraron mexixquilquani, comedores de mastuerzo, porque comían mastuerzo por hambre” (Navarrete 2001:89).   

[46] (Karttunen 1992:149). Aunque la vocal de este término es /i/ en algunas lenguas, es común el cambio vocálico en la pronunciación, donde la vocal /e/ pasa a pronunciarse como /i/ como en mex -> miixi. Cabe remarcar que la diferencia entre vocal corta (mexix) y la vocal larga (de miixii) no se explicaría y también faltaría explicar la variación entre mex y me’ex.

[47] Fray Bernardino de Sahagún, recopiló en Nahuatl colonial la palabra mixitl, como nombre de una hierba pequeña que se usaba para tratamientos medicinales, explicando que también quitaba las fuerzas al cuerpo y hacía perder el habla (Garibay 1969:292). Un diccionario Nahuatl actual de Zongolica, Veracruz, registra: mixixiwitl: ‘planta medicinal’, dícese mixixi (ver Gerónimo et al. 2012:66).

[48] (Restall 1997)

Bibliografía

Academia de la Lengua Maya de Yucatán (ALMY)
-2003 Diccionario maya popular. Academia de la Lengua Maya de Yucatán, A.C., Mérida, Yucatán, ALMY.

Acuña, René (ed.)
-1993 Bocabulario de Maya Than, México, D.F., UNAM.
-2001 Calepino Maya de Motul. Plaza y Valdez, México.

Baer, Phillip, y Mary Baer
-2018 Diccionario maya lacandón. ILV

Barrera Marín, Alfredo, Alfredo Barrera Vásquez y Rosa María López Franco
-1976 Nomenclatura etnobotánica maya. Una interpretación taxonómica. INAH, SEP.

Barrera Vásquez, Alfredo (director)
-1980 Diccionario Maya Cordemex. Mexico: Ediciones Cordemex.

Bastarrachea Manzano, Juan Ramón, Ermilo Yah Pech, y Fidencio Briceño Chel
-1998 Diccionario básico español-maya-español. Maldonado editores.

Bolles, David
-2010 Combined Mayan-Spanish and Spanish Mayan Vocabularies.

Bracamonte y Sosa, Pedro
-2001 La conquista Inconclusa de Yucatán. Los mayas de la montaña, 1560-1680. Colección Peninsular.

Bricker, Victoria, Eleuterio Poot Yah y Ofelia Dzul
-1998 A Dictionary of the Maya Language as Spoken in Hocabá, Yucatán. Salt Lake City: The University of Utah Press.

Brown, Cecil H. y Søren Wichmann -2004 Proto-Mayan syllable nuclei. International Journal of American Linguistics 70:128-186.

Christenson, Allen J.
-2004 K’iche’-English Dictionary and Guide to Pronunciation of the K’iche’-Maya Alphabet. Documento electrónico, FAMSI.

Cook, Suzanne
-2016 The Forest of the Lacandon Maya. An Ethnobotanical Guide. Springer.

Forebears: Names & Genealogy Resources
https://forebears.io/surnames/mex

Fox, John W.
-1987 Maya Postclassic State Formation: Segmentary Lineage Migration in Advancing Frontiers. New Studies in Archaeology. Cambridge University Press.

Flora de la península de Yucatán (Centro de Investigación Científica de Yucatán, CICY)
https://www.cicy.mx/sitios/flora%20digital/index.php

Garibay, Ángel María (ed.)
-1969 Historia General de las Cosas de la Nueva España, (vol. 3). Editorial Porrúa, México. D.F.

Gerónimo Sánchez, Eutiquio, Ezequiel Jiménez Romero, Ramón Tepole González, Andrés Hasler Hangert, Aquiles Quiahua Macuixtle, y Jorge Luis Hernández
-2012 Tlahtolnechikolli. Diccionario nawatl moderno – español de la sierra de Zongolica Veracruz

Hofling, Charles A.
-2011 Mopán Maya-Spanish-English Dictionary / Diccionario maya mopan-español-inglés. University of Utah Press, Salt Lake City.
-2014 Lacandon Maya-Spanish-English dictionary. University of Utah Press, Salt Lake City.

Hofling, Charles, y Francisco Fernando Tesucún
-1997 Itzaj Maya – Spanish – English Dictionary. University of Utah Press, Salt Lake City.

Kaufman, Terrence
-2003 A Preliminary Mayan Etymological Dictionary. Documento electrónico.

Karttunen, Frances
-1992 An Analytical Dictionary of Nahuatl. University of Oklahoma Press

Masson, Marilyn, y Carlos Peraza Lope
-2014 Kukulcan’s Realm: Urban Life at Ancient Mayapán. University Press of Colorado.

Molina, Alonso de
-1880 Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana, edición facsimilar.

Navarrete Linares, Federico (ed.)
-2001 Historia de la venida de los mexicanos y otros pueblos e Historia de la conquista. Cristóbal del Castillo, Cien de México. CONACULTA.

Piña Chan, Román
-2013 Chichén Itzá. La ciudad de los brujos del agua. FCE, México.

Prager, Christian
-2020 The Sign 576 as a Logograph for KUK, a Type of Bundle.

Quezada, Sergio
-2014 Maya lords and lordship. The Formation of Colonial Society in Yucatán, 1350–1600. University of Oklahoma Press Norman

Restall, Matthew
-1997 The Maya World : Yucatec Culture and Society, 1550-1850, Stanford University Press

Rivera Dorado. Miguel (ed.)
-1985 Relación de las cosas de Yucatán. Landa, Fray Diego de. Alianza Editorial, Madrid.

Robertson, John S., Daniel Law y Robbie Haertel (eds.)
-2010 Colonial Ch’olti’: The Seventeenth-Century Morán Manuscript. University of Oklahoma Press.

Roys, Ralph
-1957 The Political Geography of the Yucatan Maya. Carnegie Institution of Washington.

Siméon, Rémi
-1992 Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana. Siglo XXI.

Ulrich, Mathew y Rosemary Dixon de Ulrich
-1976 Diccionario bilingüe maya mopán-español y español maya mopán. ILV.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _

CONTACTO
Correo: arq.will.mex@gmail.com * MSJ / TXT: Cel. (WhatsApp) (+52) 999 334 6689

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Aprenda Maya con breves diálogos (.pdf y .mp3)

Aquí puedes descargar libremente el texto y el audio del libro KAN MAAYA YÉETEL MEJEN TSIKBALO’OB Aprenda maya con breves diálogos (Ismael May May, 2013). Este material, publicado por el CEPHCIS de la UNAM, sirve de ayuda para acercarte a la lengua maya-yucateca (peninsular) que se habla hoy principalmente en la Península de Yucatán (incluyendo Campeche y Quintana Roo) en México. El libro pesa 1.66 mb y tiene 136 páginas, el estudio ofrece 6 diálogos breves y sencillos y 816 frases u oraciones de uso común. La primera parte del libro (páginas 15 a la 72) contiene solo el texto en maya, su traducción al español va de la página 73 a la 134. Los 14 archivos mp3 de los audios correspondientes pesan 129 mb y están solo en maya.

Portada del libro

De la introducción (por Michal Brody):

«La técnica de este libro es tan sencilla como original. Por medio de seis diálogos cortos
y su ampliación con frases, en la misma forma pero con variaciones controladas, los lectores pueden ver y aprender la estructura de la lengua sin fastidiarse con jerga ni explicación. Con ayuda de la comparación y la práctica, los lectores pueden aumentar su comprensión de una manera más natural que la que se presenta en la pedagogía tradicional. Además, en cada capítulo se introducen palabras útiles en su contexto normal – la plática – para ampliar el vocabulario.»

¡También puedes descargar los audios que acompañan el texto, en formato .mp3!:

Enlace (audios .mp3): https://mega.nz/folder/LA9l1CID#3B1hMMVh05dPQb0fyIylig

Los audios en el orden en que deben aparecer en la carpeta de Mega

¡ojo! el segundo enlace lleva a una carpeta con 14 archivos mp3 que pesan 129 mb, tienen una duración total aproximada de 55 minutos. El audio es solamente en maya. Están nombrados de la siguiente manera : NÚMERO.CONTENIDO.PÁGINA. Por ejemplo, el archivo 01 contiene el audio de Consonantes y Vocales y corresponde a la página 13 del libro. El archivo 02 corresponde al Diálogo 1 y a las páginas 15-17 del libro. El archivo 03 es del primer grupo de Frases que van después del diálogo 1 (D1), numeradas de la 1 a la 156 y corresponde con las páginas 18-24 de la parte maya y 80-85 de la parte en español (y así sucesivamente).

Es importante mencionar que los audios se deben reproducir exactamente de acuerdo con el orden del texto. El material en formato de video también se puede consultar libremente en YouTube, en el canal Filosofía Maya. Son 38 videos (audio solo en maya, texto simultáneo en maya y español), con un formato diferente al original : https://www.youtube.com/playlist?list=PLn9ogpLPtIC7zgZRbz8iHpv_q0ZnnBiaG

De los créditos:
Todo este trabajo fué escrito por Ismael May May. Personas que colaboraron: Cesar David Can Canul, Lizbeth Ahinoan Carrillo Can, Adolfo Cob Baeza, Leónides Chan Ek, Rosana Beatriz Ek Chablé, Sary Lorena Hau Ucán, Hilaria Maas Collí.
Centro penínsular de humanidades y ciencias sociales CEPHCIS, Coordinación en humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

Responsable de la publicación en el blog: William H. Mex

CONTACTO
Correo: arq.will.mex@gmail.com * MSJ / TXT: Cel. (WhatsApp) (+52) 999 334 6689

____________________

__________

_____

__

¿Qué significa la palabra píib?

por William H. Mex

Este breve texto hace una revisión de los distintos significados que la palabra píib / piib ha tenido dentro de varios contextos en la región maya. Si bien es conocido que la voz pib se usa en la actualidad principalmente por hispanohablantes para designar a un tamal grande preparado en fechas cercanas al Día de muertos, en un principio, la palabra designaba a otra cosa. Como se verá, los orígenes de la palabra se encuentran en las inscripciones jeroglíficas del siglo siete de nuestra era, pero sus significados también se infieren en textos coloniales y, en la actualidad, la palabra sigue teniendo cambios interesantes.

El término pib en el período colonial (siglos 16-18)

En las primeras dos partes del trabajo, se hace una revisión de las palabras y términos relacionados con la voz píib / piib en la mayoría de los diccionarios y fuentes coloniales y actuales de las lenguas mayas, así como en algunos trabajos etnográficos. No se pretende hacer un análisis profundo de los términos relacionados con el día de muertos, más bien, se revisan las varias fuentes de los textos antiguos para darse una idea de los cambios de significado de una sola palabra.

Una de las fuentes escritas con caracteres latinos más antiguas del área maya es el Calepino Maya de Motul. Este diccionario, que recopila términos del maya yucateco principalmente de finales del siglo 16, registró la voz pib como sustantivo: ‘baño o temazcal en que se purificaban las parturientas o recién paridas, y el hornillo en que se asaban calabazas, carnes, etc., debajo de tierra’, y también como verbo: pib ‘asar debajo de tierra carne, calabazas, etc.’[1]. También registra la voz pibaan ‘cosa asada debajo de tierra en los hornillos dichos pib’ y pib bil o pibil ‘lo asado debajo de tierra en los tales hornillos pib’. El Bocabulario Maya Than, casi de la misma época, también recopila voces parecidas: pib ‘baño en que entran las indias recién paridas y otros enfermos’; pib ba ‘bañarse en este baño’ y pan pib ‘hacer el horno en que se cuecen gallos y gallinas debajo de la tierra’, entre otras voces (esta última dicción usa la voz pan ‘excavar’)[2].

Otro término interesante que registra el Bocabulario es pib cab ‘cama de puercos, citames o de casta, que hacen’. Es interesante que, en este caso, ‘cama’ es igual a lo que se conoce como ‘barbacoa’, por lo que la dicción recopilada refiere a la barbacoa de puerco, que es el antecedente de la famosa cochinita pibil, como bien remarca René Acuña (1993).

Cabe indicar que uno de los sufijos usados en estos términos es -aan, que, añadido a la raíz del verbo (pib) sirve para formar el participio ‘asado, asada’. El mismo sufijo aparece en otras palabras mayas como dzibaan ‘escrito’, alaan ‘dicho’ y mizaan ‘barrido’. Otro sufijo es bil, que forma participios a partir de verbos transitivos, como en el caso de kakbil ‘cosa asada’, caxanbil ‘cosa hallada’ y por supuesto, mucbil ‘cosa enterrada’ (palabra que aún se usa en términos compuestos como mucbilpollo) (ver Smailus 1989). Al final de este trabajo se ponen otros ejemplos del uso de la palabra en distintas oraciones[3].   

Con esto queda claro que los significados principales de pib eran ‘horno subterráneo’, ‘baño (edificio) de vapor’ (usualmente conocido como temazcal) y también ‘asar bajo la tierra’.

Otra fuente fidedigna recopilada con caracteres latinos alrededor del siglo 18, donde se menciona la palabra pib, es el texto esotérico conocido como Ritual de los Bacabes. En el folio 180, en una sección relacionada con los conjuros para apaciguar las enfermedades, se menciona un ‘texto [o palabras] para el enfriamiento del pib’, en maya colonial: u thanil u siscunabal pib lae. El texto hace una analogía entre apagar el horno subterráneo con agua y calmar la enfermedad del cuerpo humano. En una sección declara: “¿serán trece mis cántaros de agua de cenote? Trece son mis medidas de agua de granizo que se filtraron en la laja”. Sería interesante profundizar entre el uso del pib en ese contexto, seguramente relacionado con el temazcal para el tratamiento de enfermedades y dolencias[4].

El famosísimo Chilam Balam de Chumayel, texto del siglo 17, en una sección relacionada con los acertijos y el lenguaje suyua, también menciona varias comidas ‘cocidas en el pib’. Por ejemplo, se comparan los huesos enterrados del padre con la mandioca que se pide cocida así:

he x lic u katice lay tz’iine pibbil [subrayado mío]

‘lo que está pidiendo es la mandioca, horneada bajo tierra’

De aquí se deduce que pibil tz’in la ‘mandioca asada’, es algo que se consumía desde tiempos antiguos. En otra sección se compara el tronco del henequén con la cabeza del cerdo silvestre (kéek’en, con ortografía actual):

he x lic u katice u pol keken[e] pibbil [subrayado mío]

‘lo que está pidiendo es la cabeza del cerdo silvestre, horneada bajo tierra’  

También se menciona al macal o ñame (cocido bajo la tierra), como pibil macal y la mazorca de maíz (también cocida), como pibil nal. Con estos ejemplos mencionados, es claro que el significado antiguo más común de pib era ‘horno subterráneo’ y ‘cocer en el horno subterráneo’, según las fuentes alfabéticas mayas de la etapa colonial.

Elaboración de un horno subterráneo -píib- en una comunidad maya yucateca en la actualidad (foto de Salazar y otros, 2012)

Los significados de pib en las lenguas del grupo yucateco actuales

El significado de pib, con ortografía actual píib, piib o incluso pii’, se ha conservado en las cuatro lenguas que conforman el grupo yucatecano: yucateco, lacandón, itzá y mopán[5].

El diccionario de la Academia de la Lengua Maya de Yucatán registra píib (con vocal con tono alto -íi-) como ‘horno hecho bajo tierra a modo de foso para cocer la carne o el pan’ y también como ‘cocer debajo de la tierra’. También registra píib ‘asar a las brasas’ y píib ‘barbacoa’. Otra entrada anotó pib como ‘horno hecho en tierra a modo de foso para carne o pan; la barbacoa u horno subterráneo’. El Diccionario Maya Cordemex recopiló pib como ‘horneado, cocido bajo tierra; en el centro de México se diría hecho en barbacoa’ y también pibi wah (con ortografía actual, píibil waaj) con la definición de ‘pan de maíz que tiene forma de disco, grueso, en su interior se coloca carne de puerco o de gallina y puerco, la masa lleva manteca y sal; se cuece en horno subterráneo, envuelto en hojas de plátano; esta comida se hace especialmente en Todos Santos’ [énfasis mío]. Esto indica que el nombre completo del célebre tamal es píibil waaj ‘tamal horneado (bajo la tierra)’.

Una fuente yucateca de Hocabá (1998) registra la variante píi’ (que omite la consonante -b- en la pronunciación), así como algunos significados relacionados con otros, ya mencionados: píib o píi’t ‘enterrar, cocinar en horno de pozo’; j-píib ‘(cocinero) enterrador’ y x-píib ‘(cocinera) enterradora’[6]. Es llamativo que esta fuente también registre píib como ‘tamal grande para los finados’.

Otras lenguas del grupo conservan significados parecidos. En lacandón, ha sido registrado píib ‘horno, horno de pozo’ y también píibtik ‘hornearlo’. En itzá, piib se ha recopilado como ‘horneada’ y pii’ o piib como ‘hornear’. Finalmente, en mopán, la forma que sobrevive es pib ‘horno; horno en la tierra (subterráneo)’. Aunque por el momento no dispongo de información más amplia acerca de los alimentos y la cocina de estos grupos, seguramente aún se prepara entre ellos algo parecido al píibil waaj de la península de Yucatán.

Como se ha visto, el significado que predomina es el de ‘horno (subterráneo)’ y ‘hornear bajo tierra’. Algunos estudios etnográficos del siglo 19, como el de Brinton (1883) cuando mencionan “la conmemoración de la comida de las almas”, aluden también a los tamales que eran horneados bajo tierra. Alice Dixon, en su breve trabajo de 1885, también menciona el término hanal pixan “comida para las almas”, y el tamal, diciendo que se elaboraba pibil ‘cocido bajo tierra’, y que podía tener carne de pollo o puerco. Ninguno de los dos menciona el pib solo como ‘tamal’. El Diccionario de Mejicanismos de Ramos I Duarte (1898), que recopila varias voces mayas de uso común en el español de la península de Yucatán, tampoco registra pib como ‘tamal’.  Cabe mencionar que John L. Stephens, al referirse a la Fiesta de Todos los Santos de la región de Mérida, en fechas fechas cercanas a 1843, menciona el término mukbipoyo (mucbilpollo) en referencia a un tamal grande cocido bajo tierra, que llevaba carne de cerdo y aves de corral, y que todos comían en esos días**. Pero tampoco menciona el pib.

La voz píib o pib ha pasado a ser usada y popularizada para designar al tamal grande elaborado en fechas cercanas al día de muertos, principalmente entre hablantes del “español yucateco”. El diccionario del INEA (publicado en el mismo año que el de Hocabá, 1998) registra, además de los primeros dos significados mencionados, el tercero, píib: ‘pan de maíz relleno con carne o frijol’. Sin embargo, aunque podría parecernos que el uso de píib como ‘tamal’ es muy reciente, algunos estudios sugieren que ya se usaba así desde hace algún tiempo. Santiago Pacheco Cruz, en sus trabajos de 1946 y 1947, menciona que en la región yucateca ya se usaba la palabra pib para designar al tamal, en una fecha cercana a 1924, al parecer entre hispanohablantes. Pero curiosamente, el mismo autor, en su Diccionario Verdadero del Idioma Maya (1969), solo menciona pib con los significados de ‘hornear’ y ‘horno’. Trabajos como los de Villa Rojas (1987) y Redfield y Villa Rojas (1934) solo mencionan pib con los significados de ‘horno’ u ‘hornear’ y también muchos alimentos y varios tipos de tamales -waaj- que se preparaban en hornos subterráneos penínsulares. Diccionarios el español yucateco modernos, como el de Güémez (2011), mencionan pib con los tres significados.

Con los datos ya revisados, se infiere que fue a principios del siglo pasado cuando la voz pib, para designar al ‘tamal de día de muertos’ comenzó a popularizarse entre hispanohablantes, hasta llegar a la actualidad, donde la palabra píib usualmente trae a la mente el alimento, y no tanto al lugar de cocción (horno) ni al verbo (aunque las personas cultas si conocen los dos significados). Como se verá a continuación, algunas fuentes prehispánicas de hace más de 1,300 años también registran la palabra pib, pero en otros contextos.

Los píibil waaj envueltos. Imagen tomada de redes sociales.

El término pib(nah) en las inscripciones clásicas mayas (600-700 d.C.)

Tenemos por lo menos dos ciudades con inscripciones jeroglíficas donde se mencionan los antecedentes de las palabras coloniales y actuales ya revisadas y las inscripciones datan de la segunda mitad del siglo 7[7]. En Palenque (Chiapas), en las inscripciones del Templo de la Cruz, del Templo de la Cruz Foliada y en el “Altar del cráneo” se menciona el recinto interior de los primeros dos edificios como el pibnah o pibnahil de los dioses del gobernante K’inich Kan Bahlam, en los años 684 y 692. La lectura de la sección es clara: u-pi-bi-NAH-li, que se transcribe u pibnahil y se traduce como ‘es el templo de baño de vapor de…[los dioses]’ (ver Imagen 3).

Imagen 3. Sección de la alfarda del Templo de la Cruz Foliada (Palenque). Se señala el cartucho con la lectura u pibnahil. Dibujo de L. Schele, tomado de FAMSI.

En el último monumento se menciona incluso una entrada de fuego, och-k’ahk’ hacia el pibnah de una deidad de la muerte. Es claro que en estos ejemplos la palabra pib refiere a ‘horno’ (no necesariamente subterráneo) o incluso a ‘asar/calentar’ y que la palabra nah refiere al ‘edificio/templo’. La traducción literal de pibnah sería ‘edificio-horno’, pero se debe interpretar como ‘templo para baño de vapor’ o bien, ‘(edificio) temazcal’. Esto ha llevado a que autores como Houston (1996) y Bernal (2011) afirmen que dichos recintos eran una especie de temazcales simbólicos relacionados más que nada con las tres deidades principales de Palenque. Posiblemente el significado original de pib tenía que ver únicamente con ‘calentar con fuego (en espacios cerrados)’ y estaba relacionado con recintos pequeños construidos dentro de estructuras más grandes, y no necesariamente con ‘calentar/asar en espacios subterráneos’. En maya clásico tal vez se leyó como pihb[8].

El segundo ejemplo que tenemos, desgraciadamente con menos contexto, se encuentra en el Monumento 6 de la ciudad de Tortuguero (Tabasco). Una sección menciona la dedicación, ocurrida en el 510 d.C. del pibnah del personaje Ahkul K’uk’. La transliteración es u-pi-bi-NAH, que se transcribe u pibnah(il) y se traduce como ‘…el temazcal (de Ahkul K’uk’…)’ (ver Imagen 4). Aunque el contexto es obscuro, es probable que el nombre del temazcal haya sido Nah k’anjal y es llamativo que esta acción ocurriera en una fecha 8 Chuwen, en otros calendarios mayas, 8 Ba’atz’[9]. Es valioso mencionar que hoy en día, esta fecha en la cuenta chol q’ij de algunos pueblos mayas, marca el comienzo del “año nuevo”. Posiblemente el ejemplo de Tortuguero sea el antecedente de este tipo de celebraciones y tal vez el pibnah se relacionó con el comienzo o cierre de ciclos calendáricos importantes y con el uso de baños de vapor, para rituales de purificación-renovación. Pero estos son tópicos más específicos en los que se debe profundizar aún más.  

Imagen 4. Sección del Monumento 6 de Tortuguero, con la parte que se lee u pibnah a la izquierda. Dibujo de S. Gronemeyer (de Gronemeyer y MacLeod 2010).

Con los ejemplos ya revisados, queda claro que pib o pihb, en fechas próximas al 650 d.C. y en las inscripciones de la región de Palenque y Tortuguero (occidente del área maya) tenía el significado de ‘calentar/asar con fuego en espacios cerrados’. Se usaba junto con la palabra nah ‘edificio, templo’, para formar el término compuesto pibnah, que se puede traducir como ‘templo de vapor’, ‘edificio para baño (de vapor)’ o bien, ‘temazcal’.  

Comentarios finales

En este breve recorrido lingüístico se han revisado las variaciones en el significado que la palabra pib ha tenido a lo largo del tiempo. Si bien sus significados coloniales nos revelan que hacía referencia al horno subterráneo, al temazcal y a las acciones relacionadas con estos lugares, hoy en día la palabra se usa por los hablantes de español yucateco (y mexicano) como sustituto de pílbil waaj. Es decir, píib ha pasado de ser ‘lo horneado bajo tierra’ a ser ‘el tamal horneado (del día de finados)’. Los mayahablantes de la península aún entienden a la perfección términos como píib o píibil y su relación con las diferentes comidas. Los diversos contextos del uso de la palabra, entre éstos y los no mayahablantes, enriquecen aún más la historia de la voz y lengua maya.

Queda pendiente profundizar más en el estudio de la palabra y sus contextos. Sería interesante indagar por qué esta palabra solo se conservó en las cuatro lenguas pertenecientes al grupo yucatecano. Hace falta un estudio del desarrollo de términos como pibipollo (más usado en Campeche), mucbilpollo y las diferentes formas de cocinar en el pib que han existido desde tiempos coloniales o prehispánicos. Vale mencionar que se ha propuesto la existencia arqueológica del píib para cocinar en el área maya y también se conoce la existencia de temazcales arqueológicos prehispánicos (ver bibliografía). Esta palabra, que se ha usado ininterrumpidamente en varios contextos durante más de 1,300 años, aún tiene mucho que decirnos.  

An Alaskan in Yucatán: Hanal Pixan, "Comida de Muertos"
El píib moderno. Foto tomada del blog An alaskan in Yucatán.

ANEXO. Frases y términos relacionados con el píib~piib~pib a través de la historia. Se incluyen del maya yucateco colonial (Acuña 1993 y 2001) y del maya yucateco actual (Barrera y otros 1980, Bricker y otros 1998, INEA 1998, ALMY 2007). ¡Ojo! La ortografía de las fuentes es variada. Algunas dicciones aún merecen un análisis etimológico profundo.

Pib tex ah tzoo ‘asad así el gallo de papada’
Oppem oppem in pib kum ‘muy asadas están mis calabazas’
Ticin pib ‘asar debajo de la tierra, o cocer sin caldo ni agua’
Ticin pib tex ceh ‘asad el venado así’
Ticin pib bil; ticin pibaan asado así
Ticin pib tabal -pasivo [del verbo]-
U pib ah al; u pibil ah al ancil ‘baño de parida’
Pib ba u cibah, ca tohni yol ‘bañóse en un baño así y sanó’
Piban; pib tahan ‘bañado así’
Pan ex pibil ‘haced así el horno’
Zac pib och ‘zorrillos grandes y blancos, que traen los hijos en una bolsilla en la barriga’
Pan pib ‘pecar con parturienta’
U panah bin u pibil Juan ‘dicen que pecó Juan con su mujer parturienta’
U maak píib ‘tapa del horno subterráneo (hecha de hojas de diversos árboles)’
Píibil bak’ carne asada en horno subterráneo
Píib u joolil lu’um tu’ux ku tak’ankunsa’al ba’al utia’al jaantbil. Bey u ya’alal tu’ux kuk mu’ukul bak’ yéetel waaj utia’al tak’ankunbil
Jaaleb: u k’aaba’ juntúul ba’alche’ kajakbal ich k’áax bey miise’, píibil u jaanta’al

Ts’a u si’intunil le’ píibo’ – ponle piedras al pib [horno]
Jáale’ex le’ píibo’ – desentierren el pib [alimento]
yan u píib in taata bejla’e’: mi papá tiene que hacer pibes hoy
In suku’une’ táan u píibtik bu’ul: ‘mi hermano está haciendo pib de frijol’
Pedroe’ tu píibtaj iib: ‘Pedro hizo pib de ibes’
píibt le kaaxo’: ‘haz pib de gallina’.
nojoch le píib tu beetajo’obo’: ‘es grande el hoyo que hicieron en la tierra para el pib’
píib ken k jaant bejla’e’: ‘hoy vamos a comer pib’.
Pibil k’éek’en ‘baked pork’
píibil iis ‘baked sweet potato’
píibil bu’ul ‘baked beans’
píibil k’óol ‘baked sauce’
píibil nal ‘roasted corn’
tu síiskuntaj in píib ‘ella enfrió mi horno’ ‘(mujer embarazada que se acercó al horno)’

NOTAS

[1] La ortografía colonial para el maya yucateco varía con respecto a la ortografía actual. Las equivalencias son: c=k, k= k’; h=j, th=t’, dz=ts’, tz’=ts’, tz=ts, u=w (antes de vocal). Las vocales rearticuladas se representan con vocal doble. En todas las palabras mayas la x=sh del español mexicano. ¡En ningún caso la -h- es muda! En este texto, las palabras en lengua maya se presentan en cursivas y sus traducciones, entre comillas simples ‘ ‘ .

[2]  Pib, como verbo, hace uso de los sufijos tah y te.

[3] El participio en español sirve para expresar la forma de un verbo que se ha completado, normalmente con la terminación -ado, -ido. En el término compuesto pib-bil, la -b- de pib, se asimila con la primera -b- del sufijo -bil, dando lugar a pibil (no se pronuncia pib bil, aunque algunas fuentes coloniales así lo recopilaron).

[4] Muchas enfermedades del cuerpo humano se describen en los textos coloniales mayas como relacionadas con el calor del cuerpo humano, o bien, como una afectación relacionada con algún tipo de “calor” a veces generada por factores externos.

[5] El proceso de omitir la -b- al final de la palabra se llama síncopa.

[6] El proceso de omitir la -b- en la pronunciación se llama elisión. La forma píi’~pii’ también es común en Campeche.

**La referencia de Stephens fue agregada el 26-oct-20 (ver bibliografía).

[7] La escritura jeroglífica maya se desarrolló principalmente en las Tierras bajas mayas y refleja un idioma de filiación ch’olana, relacionado principalmente con el ch’olti’, ch’orti’, ch’ol y chontal. El sistema de escritura consta principalmente de dos tipos de signos: silabogramas, que representan sílabas y logogramas, que representan palabras. En la transliteración (escribir lo que aparece con los signos, tal cual), los silabogramas se escriben con minúsculas y los logogramas con mayúsculas, ambos en negritas. En la transcripción (escribir como se debe leer el texto), las palabras van en minúsculas y en cursivas, sin negritas. Por cuestiones de fluidez para el lector, no represento aquí lo fonemas reconstruidos, normalmente puestos entre corchetes [ ]. En los ejemplos, los signos u, pi, bi y li son silabogramas, el signo NAH es un logograma.

[8] La palabra solo sobrevivió en lenguas del grupo maya yucateco. Aunque la reconstrucción de la -h- aspirada glotal preconsonántica en maya clásico es viable, no contamos con ejemplos de lenguas ch’olano-tzeltalanas como pijb~pihb como equivalentes de píib. La forma proto-yucatecana debió ser *pihb. Es posible el tono de la vocal-íi- sirviera para desarrollar un verbo (asar, píib), a partir de un sustantivo (horno, piib).

[9] La cuenta chol q’ij es la conocida como tzolk’in en maya yucateco. Es un conteo calendárico que combina 13 numerales y 20 signos de días, con sus respectivos augurios.

BIBLIOGRAFÍA (usada y recomendada)

Academia de la Lengua Maya de Yucatán (ALMY)
-2003 Diccionario maya popular. Academia de la Lengua Maya de Yucatán, A.C., Mérida, Yucatán, ALMY.

Acuña, René (ed.)
-1993 Bocabulario de Maya Than. México, D.F., UNAM.
-2001 Calepino Maya de Motul. Plaza y Valdez, México.

Arzápalo Marín, Ramón (ed.)
-1987 El Ritual de los Bacabes. Edición facsimilar con transcripción rítmica, traducción, notas, índice, glosario y cómputos estadísticas (Fuentes para el estudio de la cultura maya, 5). UNAM, México.

Barrera Vásquez, Alfredo (dir.)
-1980 Diccionario Maya Cordemex. México: Ediciones Cordemex.

Bernal Romero, Guillermo
-2011 El Señorío de Palenque durante la Era de K’inich Janaahb’ Pakal y K’inich Kan B’ahlam (615-702 d.C.). Tesis Doctoral, México: UNAM, FFyL.

Bricker, Victoria, Eleuterio Poot Yah y Ofelia Dzul
-1998 A Dictionary of the Maya Language As Spoken in Hocabá, Yucatán. Salt Lake City: The University of Utah Press.

Brinton, Daniel G.
-1883 “The Folk-Lore of Yucatan”. En: «The Folk-Lore Journal, Vol. 1, No. 8 (Aug. 1883), pp. 244-256

Clarke, Mary, Ashley E. Sharpe, Elizabeth M. Hannigan, Megan E. Carden, Gabriella Velásquez Luna, Boris Beltrán & Heather Hurst
-2020 Revisiting the Past: Material Negotiations between the Classic Maya and an Entombed Sweat Bath at Xultun, Guatemala. Cambridge Archaeological Journal.

Dixon [LePlongeon], Alice
-1885 The new and old in Yucatan. Harper’s Magazine, 70:372–386.

Edmonson, Munro S.
-1982 The Ancient Future of the Itza: The Book of Chilam Balam of Tizimin, University of Texas Press, USA.
-1986 Heaven Born Merida and Its Destiny: The Book of Chilam Balam of Chumayel. University of Texas Press, Austin.

FAMSI (Foundation for the Advancement of Mesoamerican Studies, Inc.)
-2020 Copyrighted drawings by Linda Schele.

Gronemeyer, Sven
-2006 The Maya Site of Tortuguero, Tabasco, Mexico: Its History and Inscriptions (AMA, 17). Verlag Anton Saurwein, Markt Schwaben.
-2016 “The Linguistics of Toponymy in Maya Hieroglyphic Writing”. En: Places of Power and Memory in Mesoamerica’s Past and Present. How Sites, Toponyms and Landscapes. Shape History and Remembrance. Daniel Graña (ed.). Berlin: Ibero-Amerikanisches Institut. pp.85-122.

Gronemeyer, Sven y Barbara McLeod
-2010 “What Could Happen in 2012: A Re-Analysis of the 13-Bak’tun Prophecy on Tortuguero Monument 6”. Wayeb Notes Number 34.

Grube, Nikolai, Simon Martin y Marc Zender
-2002 Palenque and its Neighbors. In: Grube, Nikolai (ed.): Notebook for the XXVIth Maya Hieroglyphic Forum at Texas, pp. 1-66. Austin: University of Texas.

Güémez Pineda, Miguel
-2011 Diccionario del español yucateco. Universidad Autónoma de Yucatán.

Hofling, Charles A.
-2011 Mopán Maya-Spanish-English Dictionary / Diccionario maya mopan-español-inglés. University of Utah Press, Salt Lake City.
-2014 Lacandon Maya-Spanish-English dictionary. The University of Utah Press, Salt Lake City.

Hofling, Charles, y Francisco Fernando Tesucún
-1997 Itzaj Maya – Spanish – English Dictionary. University of Utah Press, Salt Lake City.

Houston, Stephen D.
-1996 Symbolic Sweat baths of the Maya; Architectural Meaning in the Cross Group at Palenque, Mexico. Latin American Antiquity 7(2): 132-151.

Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA)
-1998 Diccionario bilingüe maya-español-maya. México, D.F.

Kennedy, Diana
-2004 Cocina Esencial De Mexico / Essential Cooking of Mexico. Plaza & Janes Editories, S.A.

Olson, Marc
-2009 Hanal Pixan, «Comida de Muertos». En An Alaskan in Yucatán, blog https://marcoyucatan.blogspot.com/2009/11/hanal-pixan-comida-de-muertos.html

Pacheco Cruz, Santiago
-1946 Cosas del terruño, cuentos, historietas, leyendas i chismografías regionales. Pluma y lápiz, s.a. Mérida, Yucatán, Méjico.
-1947 Usos, Costumbres, Religión i Supersticiones de Los Mayas. Mérida, Yucatán, Méjico.
-1969 Hahil tzolbichunil t’an mayab / Verdadero diccionario de la lengua maya. Mérida, Yucatán, Méjico.

Ramos I Duarte, Feliz
-1898 Diccionario de Mejicanismos. Colección de locuciones i frases viciosas. Segunda edición. Herrero Hermanos, editores. México.

Redfield, Robert, y Alfonso Villa Rojas
-1934 Chan Kom: A Maya Village. University of Chicago Press.

Salazar, Carmen, Daniel Zizumbo-Villarreal, Stephen B. Brush,Y Patricia Colunga-Garcíamarín
-2012 Earth Ovens (Píib) in the Maya Lowlands: Ethnobotanical Data Supporting Early Use. Economic Botany, 66(3), 2012, pp. 285–297.

Simms, Stephanie R., Francesco Berna, George J. Bey III
-2013 A prehispanic Maya pit oven? Microanalysis of fired clay balls from the Puuc region, Yucatán, Mexico. Journal of Archaeological Science 40, 1144-1157.

Smailus, Ortwin
-1989 Gramática del Maya Yucateco colonial. Wayasbah, Hamburgo.

Stephens, John L.
-1843 Incidents of travel in Yucatan. Vol. 1. London, W. Clowes and sons, 14, Charing Cross.

Terán, Silvia y Christian Rassmussen
-1994 La milpa de los mayas: agricultura de los mayas prehispánicos y actuales en el noroeste de Yucatán, Gobierno del Estado de Yucatán, Mérida.

Villa Rojas, Alfonso
-1978 Los elegidos de Dios: etnografía de los mayas de Quintana Roo. Instituto Nacional Indigenista, México.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

CONTACTO
Correo: arq.will.mex@gmail.com * MSJ / TXT: Cel. (WhatsApp) (+52) 999 334 6689

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Observaciones acerca de la palabra K’inich en la escritura jeroglífica maya

por William H. Mex

Introducción

El presente escrito tiene como objetivo hacer una breve revisión de las traducciones y significados propuestos para el término K’inich en diversos contextos, tomando como base el estudio de las lenguas y documentos mayas. En primer lugar, se exponen todos los ejemplos en los textos del período colonial relevantes en los que se tiene registro de la palabra, como parte de nombres propios, nombres de lugar o nombres de cosas.

Se hace una breve recapitulación de los principales trabajos que propusieron las primeras lecturas en la epigrafía maya, así como las propuestas para analizar la palabra desde una perspectiva lingüística. También se analizarán brevemente varias de las traducciones, explicando y descartando algunas, exponiendo los argumentos en contra o a favor de las interpretaciones que se han dado. Se busca discutir algunos temas relacionados con la palabra K’inich poco conocidos pero que merecen más atención.

El término K’inich durante el período colonial y actual

Desde hace tiempo, diversos autores notaron que el término K’inich refiere a la deidad del sol, al sol mismo o a un aspecto relacionado con las cualidades del astro rey. Una de las primeras menciones de este término la tenemos en la Relación de las cosas de Yucatán, donde se registra dos veces la existencia de una deidad a la que se le hacía una ofrenda por los yucatecos peninsulares en los años <Muluk>[1]:

“Hacían una estatua al demonio llamado <Kinchahau> y poníanla en la casa del principal en lugar conveniente, y desde allí, teniendo muy limpio y aderezado el camino, iban todos juntos con su acostumbrada devoción por la imagen del demonio <Chacuayayab>. (Landa 1985:107)[2]

En otro párrafo, el mismo texto afirma:

“Llegados a casa del principal ponían esta imagen en frente de la estatua de <Kinchahau> y hacíanle todos sus ofrendas, las cuales repartían corno las demás. Ofrecían a la imagen pan hecho con yemas de huevo, y otros con corazones de venados, y otro hecho con su pimienta desleída.” (Landa 1985:108)

Cabe mencionar que, aunque la forma registrada es <Kinchahau>, por otros ejemplos sabemos que se debe transcribir <Kinich Ahau> (con ortografía actual, K’inich Ajaw)[3]. Otra de las citas más conocidas que menciona el término es la que Diego de Lizana hace en su Historia de Yucatán de principios del siglo diecisiete, al describir uno de los edificios de Izamal:

“[…] es el mas alto, que se llamaba <Kinich Kakmo> y era la causa, que sobre el habia un Templo, y en el un Idolo, que se llamaba asi, y significa en nuestra lengua, Sol con rostro, que sus rayos eran de fuego, y bajaba a quemar el sacrificio a medio dia; como bajaba volando la Guacamaya con sus plumas de varias colores. Y este Dios ó idolo era venerado, y decian que cuando tenian mortandad, ó pestes, ó otros comunes males, iban a el todos, asi hombres, como mujeres, y llevando muchos presentes, los ofrecían, y que alli a la vista de todos bajaba un fuego (como es dicho) a medio dia, y quemaba el sacrificio, y les decia el Sacerdote lo que habia de suceder […]” (Lizana 1633:3:4, énfasis mío)[4]

Con base en esta referencia es que se ha popularizado la traducción de <Kinich> como ‘sol con rostro’, ‘ojos de sol’, o ‘rostro solar’. Esta traducción es bastante cuestionable. Es preciso decir que ni Landa ni Lizana fueron expertos en lengua maya colonial y, en muchos casos, no analizaron las traducciones que ofrecían, aunque Lizana ofrece pistas útiles para interpretar el nombre. El caso de ‘sol con rostro’ sin duda alguna correspondía a una etimología popular, como varias de las que encontramos en textos coloniales[5]. Más adelante, con otros ejemplos, también se profundizará en la traducción del término <Kinich Kak Mo>.

Diego López de Cogolludo, además de repetir lo que Lizana apunta, registra otros nombres de deidades semejantes, explicando de esta manera que en la Península de Yucatán:

“Los de Campeche, tenían un ídolo particular, a quien llamaban Dios de las crueldades, y Ie sacrificaban sangre humana: su nombre era <Kinchahau haban>.” (López de Cogolludo 1954:554)[6]

En otra sección de su escrito, al describir varios dioses y algunas de sus características, afirma:

“Fingieron, que el Dios mayor que todos los otros, a quien también llamaban <Kinchahau>, fué casado, y que la mujer de éste fué inventora del tejer las teIas de algodón, con que se vestían […]”. (López de Cogolludo 1954:552)

Queda claro que <Kinchahau> refiere a <Kinich Ahau>. Cabe mencionar también que <Kinich>, al encontrarse antes que otros términos, describe una cualidad de estos (es decir, funciona como adjetivo). De esta manera, <Kinich Ahau> refiere al ‘Ahau (que es como) Kinich’, mientras que <Kinich Kak Mo>, refiere a el Kak Mo (que es como) Kinich. En las lenguas mayas lo más común es que el adjetivo se ubique antes que el sustantivo (ver England 1992:84-87). Lo que menciona Cogolludo también reafirma la importancia de esta deidad, su estatus dentro del grupo de dioses mayas de la época colonial y su relación con el sol[7].

El Ritual de los Bacabes tiene registro del ya conocido <Kinich Kak Mo>, nombre que R. Arzápalo (1987:285) traduce como ‘Guacamaya de fuego de rostro solar’. El mismo texto menciona a <Ix Kan Kinich>, que el filológo traduce como ‘Preciosa de rostro solar’ (Arzápalo 1987:272)[8]. Estos son otros ejemplos del uso de la palabra como adjetivo (primer caso) y sustantivo (segundo caso). El Chilam Balam de Tizimín también menciona a <Kinich Kak mo> o <Ah Kinich Kak Mo>, a <Kinich chaan te> y a <Kinich tu tan […]>, voces que Edmonson  (1982:22, 72, 99), apoyándose en interpretaciones de A. Barrera y R. Roys, traduce como ‘Guacamaya de fuego de cara/ojo de sol’, ‘ojo del sol del pequeño árbol’ y ‘ojo del sol habló […]’[9]. El Chilam Balam de Chumayel también menciona a <Kinich Kak Mo> y registra una oración que lo relaciona con Izamal (Yucatán): <U cab yahau ah ytzamal Kinich kak moo>, traducido como ‘es la tierra del señor de Izamal, <Kinich kak mo>’ (Edmonson 1986:60)[10]. El mismo texto menciona el nombre del lugar <Kinchil Coba> como asiento del K’atun 13 Ajaw (Edmonson 1986:77), con lo que es claro que el término también servía para designar lugares que tenían características relacionadas con el sol[11].

La Relación de Izamal y Santa María registra que los pobladores del primer pueblo fueron vencidos por <Kak u pacal> y otros personajes, y también menciona como uno de los primeros pobladores del lugar a <Kinichhaba> y <Kinich Kak Mo> (Garza et al. 1983:1:305). Es posible que el primer personaje o deidad, <Kinich Haba> sea el mismo <Kinchahau haban> que mencionan otros cronistas ya mencionados[12].

El Bocabulario Maya Than (siglo dieciséis) menciona algunos nombres de deidades con el término Kinich. Una entrada expresa que <Ytzam Na Kin [i]ch Ahau> fue un ídolo “[…] que adoraron, que fue hombre, por aber allado el arte de las letras de esta tierra’ (Acuña 1993:419). Además, como un ‘Ydolo de las crueldades, a quien los de Campeche sacrificaban sangre humana’, menciona a <kin cha haban kinch ahau haban> (Acuña 1993:420). Encontramos equivalencias con los nombres <Kinich Ahau> y <Kinich Haban> que registraron López de Cogolludo y Landa. En su gramática, Fray Pedro Beltrán (1746:13) también menciona a <Kin chahau> y <Tzamna>. El Bocabulario también menciona un término muy interesante, que no refiere a nombres de dioses o personas: <Kin ich kak ek>, traducido como ‘fuego del cielo, como el que descendió sobre Sodoma y Gomorra’ (Acuña 1993:357). Más adelante se profundizará en la traducción de esta expresión y su posible relación con el ya mencionado <Kinich Kak Mo> de Izamal.

Finalmente, fuera del área peninsular, en el Popol Vuh también encontramos una referencia a la deidad solar, que guarda semejanza con lo que los otros cronistas recopilaron. Una sección relativa al origen de los linajes K’iche’ y sus líderes, menciona: <halahoh chi quibi chiquihuhunal ta xepocotahuc chila chi relebal quih qui ubi xuxik ri uinac tepeu, oloman, cohah, quenech, ahau, chuchax chic ubi uinac>, que se traduce y transcribe como ‘Cada uno tenía un nombre distinto cuando se multiplicaron allá, donde sale el Sol. Llegaron a ser muchos los nombres de la gente: Tepew, Oloman, Kojaj, Kinich Ajaw, se decía a los nombres de la gente’ (Carmack y Mondloch 2018:160 y 161, subrayado y énfasis mío). No cabe duda de que la deidad o personaje mencionado como <quenech ahau> en la región K’iche’ es el equivalente al <Kinich Ahau> de la región yucateca[13]. La palabra es un préstamo de otros grupos mayas hacia el grupo k’icheano [14].

Una vez revisados estos antecedentes históricos, dejando claro que <Kinich> (con ortografía actual, K’inich) se podía usar como adjetivo o sustantivo y como parte del apelativo de deidades, personas, lugares y otras cosas, se procederá a revisar brevemente el estado de la cuestión en la escritura jeroglífica maya. También se aportarán argumentos en contra de la traducción del término como ‘ojos de sol’, ‘rostro solar’ y otras interpretaciones semejantes.  

Análisis del término K’inich mediante la epigrafía y lingüística[15]

El término K’inich fue descifrado en la escritura jeroglífica maya por D. Stuart (1986), quien propuso la lectura considerando el orden de signos K’IN-ni-chi, con una traducción inicial basada en ‘ojos de sol’[16]. La lectura goza de aceptación, ya que hay suficientes ejemplos de sustitución o complementación fonética que la confirman (ver Stuart 1987:20-23; Stuart y Houston 1994:9-12; Colas 2003). Así, sabemos que la lectura K’INICH es aplicable a los signos T184, T74.184, T1010 (que funcionan como logogramas) y que la lectura K’IN corresponde al signo T544 (logograma, con forma de «flor» de cuatro pétalos) (Imagen 1)[17]. El signo T1010 es la representación de la cabeza de la deidad solar, y uno de sus apelativos precisamente es K’inich Ajaw y también puede aparecer como variante de “cuerpo completo”. En otros contextos, el cefalomorfo también puede tener la lectura CHAN / KAN (usualmente ‘cuatro’) y K’IN (‘día’). Si bien la lectura no está en duda, lo que se pretende revisar es la traducción de la palabra y el análisis que se ha hecho de esta.

IMAGEN 1. Algunas formas de escribir K’inich en la escritura jeroglífica. a) logograma K’INICH; b) logograma K’INICH; c) lectura [K’IN]-ni-chi. Nótese que el signo con forma de «flor» se lee K’IN. Dibujos de Simon Martin (tomados de Martin 2010:72 y 73).

Algunos académicos han seguido con la traducción ‘ojos de sol’ o ‘rostro solar’, y otros han optado por traducir la palabra como ‘sol’, ‘dios solar’, ‘gran sol’ (ver Grube 2002), o ‘radiante’, ‘solar’. S. Wichmann (2004) ha llamado la atención en que las traducciones o etimologías relacionadas con ‘ojos’ o ‘rostro’, carecen de sentido. Este autor propone la traducción considerando la palabra del ch’orti’ k’ihn, con el significado de ‘calentarse, entibiarse, enfadarse’[18] y un sufijo -ich (vocal+ch, -Vch). Este sufijo aparece en ch’orti’ y forma adjetivos a partir de verbos posicionales, como en los siguientes casos: jek’ ‘abrir’ y jek’ech ‘estar abierto de piernas’; but ‘llenar’ y butuch ‘jorobado’; sut ‘poner al revés’ y sutuch ‘colocado al revés’ (Wichmann 2004:79, subrayado y traducción mías). Estas traducciones son válidas suponiendo que el sufijo -Vch hubiera funcionado para derivar adjetivos a partir de verbos transitivos y que también hubiera funcionado para derivar sustantivos. Cabe mencionar que R. Acuña (1993:419, nota 19), basándose en documentos del yucateco colonial, hace tiempo consideró la posibilidad de que el sufijo -ich funcionara como un sufijo intensificador, también en K’inich. En yucateco colonial los sufijos –Vch servían para intensificar la cualidad o el efecto del adjetivo o nombre que los precedía, como en: <kam> ‘cosa recia’ y <kamach> ‘cosa recia y constante’; <noh> ‘cosa grande’ y <nohoch> ‘cosa grande como Dios o el mar’; <nuc> ‘cosa gorda y gruesa’ y <nucuch> ‘cosa gruesa, basta, cosa grande en calidad’ (Acuña 1993:30, subrayado mío).

La voz k’in en las lenguas mayas

Para proceder con el análisis del término, se realiza una breve revisión de diccionarios y algunas gramáticas en las lenguas ch’olti’, ch’orti’, ch’ol y chontal (grupo ch’olano), tzeltal y tzotzil (grupo tzeltalano) y yucateco, lacandón, itzá y mopán (grupo yucatecano), dado que son las que están relacionadas con el idioma de las inscripciones jeroglíficas, llamado maya clásico o maya epigráfico[19]. Dado que se conoce que la mayoría de las palabras en lenguas mayas son monosilábicas o bisilábicas, se procede a buscar voces con estructura CVC o CVhC (C=consonante, V= vocal).

La raíz lingüística de la palabra K’inich es *k’in. La forma antigua de la raíz, reconstruible en proto-maya es *q’inh, que en varias lenguas mayas dió lugar a voces con los significados de ‘sol, día, tiempo’, principalmente (Kaufman 2003:461)[20]. Para Tierras Bajas Mayas[21], es reconstruible una forma antigua como *k’ihn, que en algunos idiomas es un adjetivo: ‘caliente, tibio’, o un verbo transitivo: ‘(re)calentar’ (Kaufman 2003:467).

De este modo, en ch’olti’ colonial tenemos: <quin> ‘día’, <quinpael> ‘calentar’ y <quinquin> ‘calor natural’ (Robertson et al.:307,309,313). En ch’orti’ tenemos k’in ‘día, sol, hora, período perteneciente al día, en punto, sequía, estación seca’. En la misma lengua encontramos k’ihn ‘calor, entusiasmo’; k’ihn ha’ ‘agua tibia, agua caliente, manantial caliente’; así como k’ihnk’ihn ha’ ‘agua tibia’; ink’ihn ‘cálido, enojado, agitado, emocionado’; ink’ihn u ch’ich’er ‘sangre caliente’, ‘(condición contagiosa de algunos individuos, semejante al “mal de ojo”)’; uk’ihnir e k’in ‘el calor del sol’; uk’ihnir ubah ‘el calor corporal de uno’; k’ihnah ‘estar cálido, estar enojado, erecto’; ah k’ihnaar ‘persona enojada’ (Wisdom 1950:504, 454, 478, 503, 504). También tenemos k’ijna’r ‘enojo, cólera, envidia’, k’ijna ‘estar bravo, ponerse enojado, enojarse’, además de k’ijnes ‘calentar, recalentar’ (Pérez et al. 1996:114; Hull 2005:73, 74). En estos ejemplos podemos ver que la inserción de una aspirada -h / j- en el núcleo vocálico sirve para crear sustantivos abstractos y para adjetivos vinculados con el temperamento del ser humano, palabras relacionadas a la vez con el sol y su calor.

En ch’ol encontramos k’in ‘día, sol’ (Hopkins et al. 2011:116) y en chontal q’uin ‘sol, día, fecha’ y q’uina ‘agua caliente’ (Keller y Luciano 1997:207). En tzotzil colonial tenemos k’in: ‘día’ (en términos compuestos), k’in: ‘adivinanza o saber, agüero, fiesta, suerte’, k’inal ‘adivinanza, suerte, día, tiempo’ (Laughlin y Haviland 1988:232). En tzeltal k’inal ‘día o el tiempo que ocupa el día y noche’ y k’inal ‘tierra’ o ‘temporada’ (en expresiones compuestas) (Zapata 2002:70; Polian 2017:365) y en tzendal colonial <quinal> ‘tiempo’ (Ruz 1986:373). En el grupo ch’olano occidental y tzeltalano, no se encuentra la diferencia entre k’ihn/k’ijn (CVhC o CVjC) y k’in que si hay en ch’orti’.

En yucateco colonial se encuentran los términos: <kin> ‘sol, tiempo, día’, ‘fiesta, nuevas o fama, reinar’; <kinal> ‘el calor de alguna cosa; cosa caliente, que da calor o calienta; cosa tibia, medianamente caliente’, <u kinal kin> ‘el calor del sol’ y <u kinal kak> ‘el calor del fuego’ (Acuña 2001:335, 336). En yucateco actual tenemos k’iin ‘sol, día’, ‘tiempo, época’; k’íin ‘sol’; y k’íin ‘calentar, entibiar, abrigar’ (Bricker et al. 1998:152, 154; ALMY 2007:117, 118). En lacandón aparece k’íin ‘sol, día, tiempo’ y k’íin ‘calentarlo, recalentarlo, hervirlo’ (Hofling 2014:209); en itzá, k’in ‘día, sol, tiempo’ y k’in ‘entibiarlo, calentarlo’ (Hofling y Tesucún 1997:392); por último, en mopán se encuentra k’in ‘sol, día’, k’inal ‘calor de pareja’ y k’in ‘calentarlo’ (Hofling 2011:270, 271). Es de notar que en yucateco actual, el tono alto que se desarrolla en la vocal de la raíz (V́V) ayuda a derivar verbos a partir del sustantivo ‘sol, día’ y también ayuda para adjetivos (y en otros casos mensurativos y sustantivos, ver Sobrino 2018:75)[22]. Es decir, así como en ch’orti’ hay una diferenciación entre k’in y k’ihn, en yucateco hay diferenciación entre k’iin y k’íin.

La revisión de términos deja ver que hay una relación entre los cognados de *k’ihn ~ *k’ijn y las características del sol, el calor vital y el temperamento o temperatura que una persona tiene o va adquiriendo.

El sufijo -ich en las lenguas mayas

Ahora se debe explicar la segunda parte de la palabra. Como se expresó al principio, hay varios argumentos en contra de la interpretación ‘ojos/rostro solar’ (o semejantes). El primero es que la voz ich como ‘ojo, rostro’ solo se encuentra en lenguas del grupo yucateco, mientras que en las demás lenguas tenemos palabras como ut, hut, wut o sat (ver Kaufman 2003:324). Los términos que se encuentran en el yucateco colonial que refieren al carácter o las emociones y hacen mención de los ojos o el rostro humano, casi siempre llevan algún tipo de sufijo. Por ejemplo, tenemos <chac booxen ich> ‘el de rostro tostado, y el airado y enojado’, <ah chacau olal > ‘colérico y enojado’; <chiilac ich> ‘el enojado y airado con mohína’; <chiilac ol> ‘desgraciado y mohíno y enojado asi’ (Acuña 2001:186, 40, 199; ver también Bourdin 2014). Lo mismo pasa con otras palabras como ich ‘fruto’, ich ‘par, gemelo, par’, jich ‘superficie’, ich ‘dentro’ o ich ‘lugar donde abunda algo (para lugares)’. Son palabras reducidas a una o pocas lenguas y cuando se analizan junto con k’in, considerando otros contextos (como el de nombres personales), no dan traducciones o etimologías coherentes.

Otro argumento en contra de -ich como ‘ojo, rostro’ lo encontramos en la misma iconografía maya. La deidad solar no tiene el signo K’IN en los ojos, es decir, no tiene ‘ojos de sol’ y aunque en algunos ejemplos tiene el signo K’IN en la mejilla o como orejera, hay otros ejemplos en los que tiene el signo en la frente, en la diadema de su cabeza o bien, ejemplos donde no lo tiene (Imagen 2).

IMAGEN 2. Ejemplos del dios solar en la iconografía maya. a) La cabeza del dios y sus características, con el signo K’in en la mejilla y frente, nótese que no tiene ‘ojos de sol’ (dibujo de Daniel Salazar, 2019:197) ; b) K’inich Ajaw en la cerámica. nótese que no tiene ni en los ojos, ni en el rostro (pero si en el cuerpo), el signo K’in (dibujo de Karl Taube, 2003:411).

Es decir, el signo K’IN no necesariamente es un elemento inherente al rostro del dios. Los famosos mascarones de Kohunlich (Q. Roo) también se han tomado como evidencia de los ‘ojos solares’. Si bien estos mascarones a veces tienen en sus ojos el signo K’IN, en otras ocasiones este signo se combina con el signo WINIK (también parecido a CHUWEN) y en algunos ejemplos no tienen el signo (ver Salazar 2019:195-199) (Imagen 3). De cualquier manera, un elemento iconográfico así, no necesariamente respalda o nos dice como se debe leer o traducir el nombre de quien lo porta[23]. Debemos considerar que esto es suficiente para descartar una traducción relacionada con ‘ojo(s)/rostro’.

IMAGEN 3. Ejemplos de los ojos de personajes de los mascarones del edificio A1 de Kohunlich. Obsérvese la mezcla de elementos iconográficos, que no necesariamente refieren al signo K’in. Dibujos de Daniel Salazar (2019:197).

Como se mencionó, René Acuña ya había considerado la posibilidad de que la terminación -ich de K’inich cumpliera la función de intensificador, semejante al sufijo del yucateco colonial. Esto es algo remarcado también por D. Bolles (2019:99), quien considera que -ich es parte del “complejo de sufijos adjetivales” -Vch y que <Kinich> tendría relación con <kinam>, con el significado de ‘poderoso, respetado’ (Bolles 2014:50)[24]. El mismo autor, al equiparar la palabra con términos como <halach> y <cilich>, considera la posibilidad de traducir <Kinich> como ‘poderoso’. También Smailus (1989:123) hizo notar que, en la misma lengua, con algunos adjetivos de dos sílabas, la segunda tiene forma -Vch o -Vc[25]. Para el maya jeroglífico, algunos autores han considerado el sufijo -Vch como adjetivizador, a partir de sustantivos abstractos o verbos (Lacadena y Wichmann 2004:247) o bien, como intensificador de adjetivos (Boot 2009:193).

Hay más ejemplos del maya yucateco colonial que arrojan luz sobre el sufijo: <bak> ‘cercar rodeando’ y <bakach> ‘todos’; <ziidz> ‘codiciar y desear con mucho afecto alguna cosa buena o mala’ y <ziidzach> ‘deseoso o codicioso así’; <baldzam> ‘representante y tal representación’ y <baldzamach> ‘truhan, farandulero y chocarrero, no es vocablo honesto’; <zauin> ‘cosa ambicionada y envidiada’ y <zauinach> ‘envidioso y ambicioso’. También deriva algunos verbos transitivos en términos compuestos, como en <takach pakat> ‘mirar de hito en hito con desvergüenza o con irreverencia’ (de <tak> ‘pegar como papel’ y <pakat> ‘mirada’) y <pakach> ‘hacer tortillas de maíz formándolas y palmeándolas entre las manos’ (de <pak> ‘pegar, engrudar o soldar pegando’) (ver Acuña 2001:73, 148, 79, 142, 527, 478).

Es de notar que este sufijo ya desde época colonial era bastante raro y que la forma predominante era -ach. El sufijo en yucateco actual ya no es productivo, aunque aparece en algunas palabras y también en mopán y lacandón, principalmente (ver Hofling 2017:713).

K’inich como adjetivo

En ch’orti’, como se mencionó anteriormente, Wichmann (1999:82) hizo notar que el sufijo -Vch forma adjetivos a partir de verbos posicionales[26]. Hull (2005:118) también registra lo mismo sobre el sufijo -Vch. En este caso, el uso del sufijo muestra cierta equivalencia con su uso en yucateco colonial. En ch’ol también se registran algunas voces que hacen uso de un sufijo -Vch, de manera similar a ejemplos del yucateco, como intensificador: koj ‘solo’ y kojach ‘solo’; säk ‘blanco’ y säkäch ‘limpio’ (entendido como ‘muy blanco’); al ‘pesado’ y aläch ‘pesado’ (analizado como ‘muy pesado’), y posiblemente también bäjäch ‘culpable’ (Hopkins et al. 2011:99, 197, 7, 12; Aulie y Aulie 2009:8). En este caso el sufijo aparece solo con adjetivos y también predomina la forma -äch (también algunos pronombres hacen uso del intensificador, ver Hopkins et al. 2008:90,91). Es notable que en ch’ol actual aún se usa un sufijo -äch que puede derivar adjetivos a partir de sustantivos, como witsäch ‘empinado’ (derivado de wits ‘montaña, cerro’)**.

La evidencia sugiere que era más común que a partir de verbos, el sufijo -Vch ayudara a formar adjetivos, aunque considerando el ejemplo ch’ol, también pudo formar adjetivos a partir de sustantivos. Considerando las lenguas ya revisadas, se pueden proponer traducciones de K’inich como ‘caliente, airado, colérico’, ‘enojado, iracundo, animoso’ y por supuesto, las más comunes e igualmente vinculadas con el sol: ‘radiante, solar, resplandeciente’. Cada traducción debe aplicarse según el contexto, pero no cabe duda de que K’inich principalmente refiere a aquel que tiene alguna característica del sol, o bien, a aquel cuyo temperamento, carácter o modo de vida es semejante al del astro rey. Como han hecho notar varios autores, de manera general en Mesoamérica, el calor vital del ser humano se relaciona con la edad. Así remarcaba López-Austin (1996:288) hace tiempo:

“Tanto los nahuas como los tzotziles actuales hablan de la gran fuerza anímica de los ancianos, que puede convertirlos en seres peligrosos. La «sombra» de los viejos, según los nahuas, ha adquirido poder con los años, y puede dañar a los niños, muy débiles de «sombra», a través de la mirada. Para los tzotziles la fuerza de los ancianos aumenta tanto con la edad como por el contacto con los dioses que se establece en el desempeño de los cargos públicos. Los viejos, así, atesoran calor en sus corazones”.

Durante el período clásico, el término K’inich principalmente se aplicó a ciertos soberanos que retomaron el nombre de sus ancestros. Los ejemplos más conocidos los tenemos en Palenque, donde encontramos primero a un K’uk’ Bahlam y después, a un K’inich K’uk’ Bahlam, un Ahkul Mo’ Nahb y un K’inich Ahkul Mo’ Nahb, un K’an Joy Chitam y un K’inich K’an Joy Chitam, un Kan Bahlam y un K’inich Kan Bahlam, y un Janab Pakal y un K’inich Janab Pakal (Stuart y Stuart 2008:244-248). Vale mencionar que todos los K’inich gobernaron después de los que no lo eran y, en algunos casos, tenían relación de parentesco con ellos. De esta manera, la traducción de los nombres propios de algunos personajes que se identificaban como K’inich, quedaría así: K’uk’ Bahlam ‘jaguar-quetzal’, K’inich K’uk’ Bahlam ‘jaguar-quetzal radiante’; Kan Bahlam ‘jaguar-serpiente’ y K’inich Kan Bahlam ‘jaguar-serpiente iracundo’;  Ajaw ‘señor, gobernante’ y K’inich Ajaw ‘Señor solar’ o ‘Señor furioso’ (ver también Colas 2003, 2003a, 2004; Grube 2002; Sheseña 2012, 2020: Zender 2014) [27]. Muchas de las traducciones se deben hacer considerando contextos más amplios, que no se revisarán aquí.

El nombre colonial de <Kinich Kak Mo> se podría traducir como ‘Guacamaya ígnea-resplandeciente’ o bien ‘Guacamaya colérica-solar’ (<Moo> ‘gacamaya’)[28]. Un apelativo muy interesante que se encuentra en yucateco colonial y que no refiere a seres vivos es <Kinich Kak Ek>, que el Bocabulario Mayathan define como ‘fuego del cielo, como el que descendió sobre Sodoma y Gomorra’[29]. Aquí, la palabra <Ek>, usualmente, ‘astro, estrella’, tiene la concepción de ‘fuego’, como lo demuestra el término compuesto <lubul ek> ‘caer fuego del cielo’ (que literalmente sería ‘caer estrella’) (Acuña 1993:357, 162). La mitología bíblica enfatiza que lo que descendió sobre las ciudades fue una lluvia de fuego y azufre, por lo que <Kinich Kak Ek> puede traducirse como ‘furiosa lluvia de fuego’, ‘fuego sulfúreo-solar’, o bien, ‘fuego colérico-solar’, enfatizando que es un fuego celeste. Dado que en Mesoamérica hay una relación entre las estrellas, el fuego y la guerra (ver Aldana 2005, Chinchilla 2017:72-75; Stuart 1995:310), es obvio que varias de estas descripciones y nombres personales tienen origen en las actividades bélicas. Es un tema en el que se debe profundizar.

K’inich como sustantivo

La otra forma de K’inich que aparece es cuando designa a la deidad solar. Hay pocos ejemplos en las lenguas mayas de sustantivos con terminación -ich. En maya yucateco los más conocidos tal vez sean tatich, registrado como ‘término de respeto con el que, por lo general, se designa a los hombres de mayor edad’ o ‘reyezuelo o cacique’ y mamich ‘término de respeto con el que, por lo común, se designa a las mujeres casadas, especialmente, si son de edad madura’ o  ‘madre o persona mayor de edad’ (Villa Rojas 1992:248; Barrera 1980:779, 491, énfasis mío)[30]. El primer término deriva de tat o taat, que significa ‘señor’ o ‘padre’ y el segundo de maam ‘mamá, madre’ (voz tomada del español). En la lengua de las inscripciones tenemos voces que posiblemente usan el sufijo: ak’ach ‘pavo de monte’, emach ‘mapache’, nukuch ‘grande’ y tunich ‘piedra’ (ver Boot 2009:22, 64, 136, 172). Todo indica que, en este caso, el sufijo -ich, debe analizarse como un intensificador que funciona para derivar la forma reverencial de algunos sustantivos. Otra opción es que haya servido para formar sustantivos a partir de verbos o adjetivos.

En este caso, y como han remarcado varios autores, su traducción puede ser: ‘dios solar’, ‘gran sol’, ‘el caliente’, ‘el iracundo’. De esta manera, algunos nombres de soberanos clásicos como K’ahk’ u Jol K’inich se traducen como ‘la cabeza del dios-sol es ardiente’, o bien, ‘el (dios) sol (es) iracundo’, mientras que K’awil Chan K’inich, se traduciría ‘el dios solar-celeste es K’awil’ (Colas 2003:273; Sheseña 2012:443; Wichmann 2004:81). El nombre yucateco colonial <Ix Kan Kinich> se traduciría como ‘(la) preciosa (señora) deidad solar’ o ‘(la) rojiza deidad solar’[31]. Aún se puede mejorar la traducción de este tipo de nombres y su interpretación. Cabe remarcar que el término K’inich, cuando aparece pospuesto (usualmente usado como sustantivo) se debe analizar junto con los otros elementos del nombre a los que está conectado, ya que es parte del “designador rígido” que describía al soberano como el representante de un aspecto de la deidad solar. El epíteto K’inich, cuando aparece antepuesto (usualmente adjetivando otros elementos), sirve como atributo del “designador rígido” que le sigue y por medio de este uso, una persona se envestía con todos los atributos de la deidad solar (Colas 2003:281).

Observaciones finales y pendientes

Con la revisión de la evidencia lingüística y epigráfica referente al término K’inich, queda claro que ni el origen de la voz, ni su traducción, tienen que ver con ‘ojo(s)’ o ‘rostro’ (de sol). Como parte de los nombres de deidades, el término quedó registrado principalmente en documentos coloniales de la región maya peninsular, aunque por su prestigio aparece también en el Popol Vuh. Dada su asociación semántica con las voces para ‘sol’ y ‘calor corporal’ en varias lenguas mayas,  su traducción más coherente es ‘caliente, airado, colérico’ o ‘enojado, iracundo, animoso’, cuando forma parte del primer elemento de los nombres personales (y adjetiva otros elementos), o bien, como ‘radiante, solar, resplandeciente’ cuando describe la cualidad de cosas o lugares. Cuando el término se usa como sustantivo (pospuesto, en la última parte del nombre personal) refiere a una forma reverencial para designar a la deidad solar, en otros contextos, K’inich Ajaw. Como han remarcado varios autores, tal vez deba traducirse ‘dios solar’, ‘gran sol’, ‘el caliente’ o ‘el iracundo’. La relación del término con la guerra también es un tema en el que se puede profundizar.

Aún quedan varios pendientes por resolver en la cuestión del uso del término, su origen y desarrollo. Uno de los mas interesantes refiere a la cuestión de que si la voz debe tener aspiración glotal o no; es decir, si debe transcribirse K’ihnich (con raíz CVhC) o K’inich (con raíz CVC). Tenemos evidencia de una aspirada /h/ por las equivalencias en los términos ch’orti’ k’ihn y yucateco k’íin; pero hay que notar que algunas palabras que tienen una estructura parecida a K’inich (CVnVC), y vocal con tono alto en yucateco, como wíinik y síinik, no tienen una aspirada posvocálica en sus equivalentes ch’olano-tzeltalanos, que son winik y xinich’ (ch’ol), y xanich’ y winik (tzeltal). Parece ser que la nasal /n/ condiciona la aparición de este rasgo[32]. La propuesta de Wichmann (2004:79) de la existencia de un silabograma hi que indicaría esta aspiración en la lectura epigráfica K’inich, también es bastante cuestionable, ya que el signo T405, como ha sugerido Boot (2005:273) parece ser parte del silabograma chi (T671).

También se debe investigar más sobre el origen y desarrollo del sufijo, ya que si bien la forma predominante en el yucateco colonial es -Vch (con vocal variable), la evidencia sugiere que el sufijo -ach era usado como intensificador de forma más común. Posiblemente un sufijo servía para formar adjetivos (a partir de verbos o sustantivos), mientras que otro formaba sustantivos (a partir de verbos o adjetivos), algo semejante a lo que debió existir en el lenguaje de las inscripciones, como han sugerido algunos autores. La equivalencia con los sufijos de otras lenguas (como puede ser el tzeltalano -Vt) y el posible préstamo de la palabra hacia otras lenguas mayas (posiblemente en el posclásico) también es un tema pendiente.

IMAGEN 4. Signos relacionados con el sol y el calor. a) logograma K’IN, b) logograma K’IN (variante de mono, en contexto de Cuenta Larga), c) logograma K’INICH. Dibujos estándar de William Mex.

NOTAS

*Este texto fue publicado el 19 de agosto, pero se le hicieron ligeras correcciones ortográficas y de estilo el 24 de agosto* Última modificación: diciembre de 2022

[1]Los años comenzaban con 1 de los 4 de los días del Tzolk’in que se conocen como “cargadores del año”. Estos eran K’an, Muluk, Hix y Kawak (con ortografía actual).

[2] Las lenguas mayas aquí analizadas tienen las siguientes consonantes: b, ch, ch’, h, j, k, k’, l, m, n, nh, ñ, p, p’, q, q’, r, s, t, t’, tz (ts), tz’ (ts’), v, w, x, y. La grafía -h- usualmente representa el sonido fricativo glotal y la -j- el fricativo velar (en ningún caso la -h- es muda). Algunas lenguas usan la -q- y -q’- para el sonido uvular (diferente a -k- y -k’-). La grafía -x- usualmente representa el sonido -sh- en el alfabeto español. Las vocales usadas son: a, e, i, o, u y en algunas lenguas, la sexta vocal, ä. Se ha respetado la ortografía de las fuentes coloniales, que usualmente difiere de los alfabetos usados actualmente, esa palabras se representan entre paréntesis angulares < >. En yucateco colonial, el sonido -w- normalmente se representa con la -u-; c = k y la -k- representa el sonido glotalizado k’. En todos los casos ç = s, z. Todas las palabras mayas van en cursivas y sus traducciones, entre comillas simples.

[3] Cabe recalcar que algunas fuentes registran el apelativo como <Kinich> y otras, como <Kin ich>. Por su contexto, aquí se consideran que refieren a lo mismo y deben transcribirse como <Kinich>, con ortografía actual, K’inich.

[4] En ortografía actual el nombre sería K’inich K’áak’ Mo’. En otra sección de su escrito, Lizana afirma: “lo que estos naturales decían de los rayos del Sol, cuando adoraban las plumas de colores variados de la guacamaya, como también cuando hacen consumir por el fuego sus ofrendas; yo creo, pues, que de esa manera simbolizaban la quema de los bosques y el agostamiento del verdor de los campos ocasionados por el calor dé los rayos del Sol.” Se le hicieron ligeras modificaciones a la ortografía del texto original de Lizana, para hacerlo más entendible en español actual.

[5] Una etimología popular es aquella que establece una relación entre palabras parecidas, por su uso o significado, pero que son de distinto origen.

[6] Haban es un término relacionado con la cacería (ver Acuña 2001:271). Otras Relaciones lo mencionan y algunos autores han transcrito la palabra como Kaban o Caban (ver Garza et al. 1983:1:305). Tal vez se asocie con la guerra.

[7] El Informe contra idolorum cultores menciona también a un <Kiniche> (Sánchez de Aguilar 1613:19), aunque por falta de contexto no se puede decir más. No es claro si Kiniche refiere a un título o dios y tampoco si la /-e/ final es parte de otra palabra, un sufijo, o si simplemente es un cambio por la pronunciación final de la consonante /-ch/ de Kinich. El mismo informe, al referirse a Gaspar Antonio Xiu (como Gaspar Antonio de Herrera), menciona que este individuo “fue hijo de vn Sacerdote de su gentilidad llamado <Kinchi> […]” (Sánchez de Aguilar 1613:96). En este caso, sabemos que <Kinchi> refiere al personaje de título y nombre Ah Kin Chi (ah kin: ‘especialista ritual, sacerdote’, que usa Chi como apellido o patronímico) y no a Kinich (ver Cogolludo 1954:1:260).

[8] En ortografía actual sería Ix K’an k’inich. Ix- es un prefijo femenino, k’an es ‘amarillo/a, precioso/a’.

[9] En la traducción en inglés de Edmonson son ‘of sun eye kak mo’ o ‘sun eye/face fire macaw’, ‘the sun eye of the little tree’ y ‘sun eye spoke’, respectivamente.

[10] La traducción al español es mía.

[11] No es clara la traducción de Kinchil Coba. La primera parte es una contracción de Kinichil, y también hoy en día es el nombre de un poblado de Yucatán. Tal vez deba traducirse como ‘lugar de K’inich’. También se tiene registro de un K’inchil en el clásico. Coba, por otra parte, parece referir a la ciudad o a la zona arqueológica de Cobá, ubicada en el estado de Quintana Roo.

[12] Aunque Garza et al. (1983:1:305) transcriben Haban como Kaban.

[13] En el alfabeto K’iche’, se usó y se usa la grafía /q/ para representar el sonido uvular, equivalente al sonido de la /k/ de otras lenguas mayas. Es decir, Quenech seguramente se pronunciaba Q’inich y el hecho de que la palabra para ‘sol, día’ en K’iche’ y otras lenguas mayas guatemaltecas sea q’ij, mientras que en maya epigráfico es k’in, ayuda a comprobar que Quenech Ahau es un préstamo de otros grupos de prestigio hacia el K’iche’.

[14] Christenson (2007:191, nota 505), considera que “In addition, the progenitors of the Quiché ruling lineages bore the title K’enech Ajaw (Sun-faced/eyed Lord—see p. 203n.505), the legitimate sun lords as opposed to the false sun of Seven Macaw.” (Christenson 2007:79). Apparently, Quiché lords also saw themselves as earthly manifestations of the sun deity. The use of this archaic, non-Quiché title may indicate the antiquity of the concept as well as the origins of its Cavec authors”. (Ver también Campbell 1983:82 y Tedlock 1993:337).

[15] La escritura jeroglífica maya se desarrolló desde el período preclásico (hacia el 300 a.C.) y se usó aproximadamente hasta 1700 d.C. Por convención, los silabogramas se escriben con minúsculas y en negritas, los logogramas en mayúsculas y negritas (unidos con guion, en dado caso). La transliteración (escribir con grafías latinas la lectura fonética de los signos) se realiza primero, después la transcripción (escribir como se deben pronunciar las palabras), que se hace con cursivas y, por último la traducción, con letra normal y entre comillas simples

[16] ‘Sun-eyed’ en el original en inglés, aunque a veces también ‘sun-faced’. Este título en un principio se propuso leer como Mah K’ina, o bien, Chik’in, lecturas ya en desuso.

[17] La escritura jeroglífica maya consta principalmente de signos que representan palabras (logogramas) y signos que representan sílabas (silabogramas). Los signos se identifican con una T mayúscula y un número, según la catalogación de Thompson. Hay que tener en cuenta que conocer la lectura del signo, no necesariamente implica poder traducirlo correctamente o poder analizarlo lingüísticamente. El desciframiento comprende de varios pasos y niveles.

[18] En el original en inglés: “to get heated, become warm, become angry”.

[19] En la actualidad, existen alrededor de 30 lenguas mayas, las cuales descienden de un (hipotético) ancestro común, llamado proto-Maya y cuyos hablantes se distribuyen principalmente en el sur y este de México, Belice, Guatemala, y parte de Honduras y El Salvador. Los grupos lingüísticos mayores de la familia maya son: Yukatekano, Ch’olano-Tzeltalano, Gran Q’anjobalano, Mamo-K’iche’ano y Huastecano. El área Mayor de las Tierras Bajas Mayas (Greater Lowland, abreviado GLL), incluye al Yukatekano (cuatro lenguas), Ch’olano (cuatro lenguas) y Tzeltalano (dos lenguas).

[20] La grafía -q- representa un sonido uvular y el dígrafo -nh- representa un sonido nasal velar.

[21] Tierras Bajas Mayas refieren al área de los grupos ch’olano y yucatecano.

[22] Ver Sobrino (2018) para la cuestión del tono en maya yucateco y protoyucateco.

[23] Por ejemplo, tenemos el caso del dios del viento, quien siempre tiene un elemento de “T” como collar, orejera, o en su rostro, pero sabemos que su nombre es Ik’ K’uh, ‘dios viento’ (y nada que ver con ‘rostro/ojos de viento’).

[24] Otras traducciones de <Kinam> se relacionan con el calor vital del ser humano.

[25] Ver también Andrade 1955:3.40. Edmonson considera que: “Kin Ich ‘sun eye’ is a metaphor for divine or glorious. It was later applied to Christ (line 1590). Landa 1929: 2: 26 considers it the name of a god.” Al parecer Edmonson considera <Kilich> y <Kinich> como equivalentes (Edmonson 1982:22, nota 363).

[26] El sufijo –Vch en algunos aspectos es semejante en función al sufijo -Vt, que se encuentra en lenguas ch’olano-tzeltalanas y que puede formar sustantivos instrumentales y adjetivos. Ver por ejemplo la correspondencia entre el tzeltal bik’it ‘pequeño, chico’ y el yucateco bek’ech ‘delgado, flaco’. Aún se debe profundizar en esta cuestión.

**Agradezco esta información proporcionada por Raphael Tunesi y su informante hablante de ch’ol Eulises [NOTA AGREGADA EL 21-AGO-2020].

[27] Los términos usados aquí son k’uk’ ‘quetzal’, bahlam ‘jaguar’ y kan ‘serpiente’.

[28] Considerando el yucateco colonial <moo> ‘guacamaya’ y <kak> ‘fuego, lumbre’ o bien <kak> ‘cólera con que uno muestra su indignación e ira’ (Acuña 2001:320). De manera general las guacamayas se asocian con el fuego y calor, pero también hay una obvia relación por paronomasia entre <moo> ‘guacamaya’ y la palabra <moh> ‘brasero o brasas, lumbre o fuego que se pone debajo de la cama’ y ‘calentarse a la lumbre’ (ver Acuña 2001:409). Con ortografía yucateca actual, sería K’inich K’áak’ Mo’.

[29] Esta traducción también ayuda a descartar un significado relacionado con ‘ojos/rostro’. Con ortografía actual sería K’inich K’áak’ Ek’.

[30] Sería interesante indagar si la voz Cauich (Kawich), hoy usada como apellido, hace uso de este tipo de sufijo.

[31] Considerando <kan> ‘cosa bermeja’ o <kan> ‘ponerse amarillo’ (ver Acuña 2001:325, 326). Con ortografía actua es k’an.

[32] Este fue un detalle notado también por Sobrino (2018:234). Winik significa ‘persona’ y xinich’/xanich’ ‘hormiga’.

Bibliografía

Academia de la Lengua Maya de Yucatán (ALMY) (2007). Diccionario maya popular. Academia de la Lengua Maya de Yucatán, A.C., Mérida, Yucatán, ALMY.

Acuña, René (ed.) (1993). Bocabulario de Maya Than, México, D.F., UNAM.

  • (2001) Calepino Maya de Motul. Plaza y Valdez, México.

Aldana, Gerardo (2005). “Agency and the «Star War» Glyph: A Historical Reassessment of Classic Maya Astrology and Warfare”. Ancient Mesoamerica 16(2): 305-320.

Andrade, Manuel J. (1955).  A grammar of Modern Yucatec. Página web: (https://www.christianlehmann.eu/ling/sprachen/maya/andrade/index.html).

Arzápalo Marín, Ramón (ed.) (1987). El Ritual de los Bacabes. Edición facsimilar con transcripción rítmica, traducción, notas, índice, glosario y cómputos estadísticas (Fuentes para el estudio de la cultura maya, 5). UNAM, México.

Aulie, H. Wilbur y Evelyn W. Aulie (2009). Diccionario ch’ol-español, español-ch’ol. Serie de Vocabularios y Diccionarios Indígenas, Mariano Silva y Aceves no. 21. ILV, México, D.F.

Barrera Vásquez, Alfredo (director) (1980). Diccionario Maya Cordemex. México: Ediciones Cordemex.

Beltrán de Santa Rosa, Pedro. (1746). Arte del idioma maya, reducido a sucinctas reglas, y semilexicon yucateco. Mérida: J.D. Espinosa.

Bourdin, Gabriel (2014). Las emociones entre los mayas. El léxico de las emociones en el maya yucateco. México: UNAM.

Bolles, David (2019). Ti Can Titzil Caan, Ti Can Titzil Luum: To the four corners of the sky, to the four corners of the world. A collection of papers about the relationships between the world directions, the calendar, prognostications and the Mayan deities. Documento electrónico.

Boot, Erik (2005). Continuity and Change in Text and Image at Chichén Itza, Yucatan, Mexico: A Study of the Inscriptions, Iconography, and Architecture at a Late Classic to Early Postclassic Maya Site. CNWS Publications, Leiden.

  • (2009) A Classic Maya-English/English-Classic Maya Dictionary of Hieroglyphic Readings. MESOWEB.

Bricker, Victoria, Eleuterio Poot Yah y Ofelia Dzul (1998). A Dictionary of the Maya Language As Spoken in Hocabá, Yucatán. Salt Lake City: The University of Utah Press.

Chinchilla, Oswaldo (2017). Art and Myth of the Ancient Maya. New Haven: Yale University Press.

Colas, Pierre Robert (2003). Typologische Analyse von Anthroponymphrasen in den Hieroglypheninschriften der klassischen Maya-Kultur als Beitrag zur allgemeinen Onomastik. Ph.D. dissertation, University of Bonn, Germany.

  •  (2003a) Kinich and King. Naming self among classic maya rulers. Ancient Mesoamerica 14.
  •  (2004) Personal names: a diacritical marker of ethnic boundary among the classic maya. En F. Sachse (Ed.) Maya ethnicity. The construction of ethnic identity from preclassic to modern times. Bonn, Markt Schwaben: Saurwein.

Carmack, Robert, y Mondloch, James (2018). Popol Wuj: Nueva Traducción Y Comentarios. Ciudad de Guatemala: Universidad Mesoamericana.

Campbell, Lyle (1983). «Préstamos lingüísticos en el Popol Vuh», en Nuevas perspectivas sobre el Popol Vuh, ed. Robert M. Carmack y Francisco Morales Santos, pp. 81–86, Piedra Santa, Guatemala.

Christenson, Allen J. (2007). Popol Vuh: Sacred Book of the Quiché Maya People. MESOWEB.

Edmonson, Munro S. (1982). The Ancient Future of the Itza: The Book of Chilam Balam of Tizimin, University of Texas Press, USA.

  • (1986) Heaven Born Merida and Its Destiny: The Book of Chilam Balam of Chumayel. University of Texas Press, Austin.

England, Nora C. (1992). La Autonomía De Los Idiomas Mayas: Historia e Identidad. Editorial Cholsamaj, Guatemala.

Finamore, Daniel y Stephen Houston (eds.) (2010). Fiery Pool: The Maya and the Mythic Sea, Peabody Essex Museum, Salem, Massachusetts

Garza, Mercedes de la, Ana Luisa Izquierdo, Ma. Del Carmen León y Tolita Figueroa (eds.)  (1983). Relaciones histórico-geográficas de la Gobernación de Yucatán (Mérida, Valladolid y Tabasco), 2 vols., UNAM, IIFL, México, D.F.

Grube, Nikolai (2001). Los Nombres de los Gobernantes Mayas. Arqueología Mexicana 9(50):72–77.

  • (2002) Onomástica de los gobernantes mayas. En V. Tiesler, R. Cobos, M. Greene (Eds.) La organización social entre los mayas. Memoria de la tercera mesa redonda de Palenque. México, CONACULTA, INAH, UADY.

Hofling, Charles A. (2011). Mopán Maya-Spanish-English Dictionary / Diccionario maya mopan-español-inglés. University of Utah Press, Salt Lake City.

  • (2014) Lacandon Maya-Spanish-English dictionary. The University of Utah Press, Salt Lake City.
  • (2017) “Comparative Maya (Yucatec, Lacandon, Itzaj, and Mopan Maya)”. En The Mayan languages, Aissen, Judith & England, Nora C. & Zavala Maldonado, Roberto (eds.)., 685-759. Nueva York: Routledge.

Hofling, Charles, y Francisco Fernando Tesucún (1997). Itzaj Maya – Spanish – English Dictionary. University of Utah Press, Salt Lake City.

Hopkins, Nicholas, J. Kathryn Josserand, y Ausencio Cruz Guzmán (2011). A Historical Dictionary of Chol (Mayan): The Lexical Sources from 1789 to 1935, Tallahassee: Jaguar Tours.

Hopkins, Nicholas A., Ausencio Cruz Guzmán, y J. Kathryn Josserand (2008). “A Chol (Mayan) vocabulary from 1789”. International Journal of American Linguistics 74(1):83-114.

Hull, Kerry (2005). An Abbreviated Dictionary of Ch’orti’ Maya. Electronic document.

Kaufman, Terrence (2003). A Preliminary Mayan Etymological Dictionary. Documento electrónico.

Keller, Kathryn C., y Plácido Luciano G. (1997). Diccionario chontal de Tabasco (mayense). Serie de Vocabulario y Diccionarios Indígenas “Mariano Seilva y Aceves” no. 36. SIL, Tucson.

Lacadena, Alfonso, y Søren Wichmann (2004). “On the Representation of the Glottal Stop in Maya Writing”. En: The Linguistics of Maya Writing, ed. Soren Wichman, pp. 100-164. University of Utah Press, Salt Lake City

Landa, Fray Diego de (1985). Relación de las cosas de Yucatán. Alianza Editorial, Madrid. Editado por Miguel Rivera Dorado.

Laughlin, Robert M., y John B. Haviland (1988). The great Tzotzil dictionary of Santo Domingo Zinacantán: with grammatical analysis and historical commentary. Smithsonian Institution Press, Washington D.C.

Lizana, Bernardo de (1633 [1893]). Historia de Yucatán: Devocionario de Ntra. Sra. de Izmal y conquista espiritual. impr. del Museo nacional.

López Austin, Alfredo (1996). Cuerpo humano e Ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas, México, Instituto de Investigaciones Antropológicas-Unam.

López de Cogolludo, Diego (1688 [1954]). Historia de Yucatán. Comisión de Historia, 1954 – Yucatán (Mexico), 3 vols.

Martin, Simon (2010). “Biografía de K’inich Janaab’ Pakal”, en: Misterios de un rostro maya: la máscara funeraria de K’inich Janaab’ Pakal de Palenque, ed. Laura Filloy Nadal, pp. 71-89, INAH, México.

Mathews, Peter (1979). On the Glyphs “West” and “Mah K’ina.” Maya Glyph Notes, No. 6. Manuscript, published in Texas Notes on Precolumbian Art, Writing, and Culture, No. 61 (1994).

Pérez Martínez, Vitalino, Federico García, y Felipe Martínez (1996). Diccionario Ch’orti’: Jocotán, Chiquimula. Proyecto Lingüístico Francisco Marroquín, La Antigua, Guatemala.

Polian, Gilles (2017). Diccionario multidialectal del Tseltal. INALI, México.

Robertson, John S., Daniel Law y Robbie Haertel (eds.) (2010). Colonial Ch’olti’: The Seventeenth-Century Morán Manuscript. University of Oklahoma Press, Norman.

Ruz, Mario Humberto (ed.) (1986). Vocabulario de Lengua Tzeldal según el Orden de Copanabastla (Domingo de Arar). Fuentes para el Estudio de la Cultura Maya no. 4. UNAM. México, D.F.

Salazar Lama, Daniel (2019). «Frente al antepasado: imágenes y discursos de poder en el entorno construido de Kohunlich». Revista Española de Antropología Americana 49: 193-216.

Sánchez de Aguilar, Don Pedro (1613 [1892]). Informe contra «idolorum cultores» del obispado de Yucatán, dirigido al rey N. Señor, en su real Consejo de las Indias. México, Imprenta del Museo Nacional.

Sheseña Alejandro (2012). Acerca de la traducción de los nombres de los gobernantes mayas. Latin American Indian Literatures Journal,  vol. 28, no. 2, pp. 114–129.

  •  (2020) Metonyms and Metaphors in Hieroglyphic Texts of the Ancient Maya. Vestnik of Saint Petersburg University. History, vol. 65, issue 2, рp. 433–447.

Smailus, Ortwin (1989). Gramática del Maya Yucateco colonial. Front Cover. Wayasbah.

Sobrino Gómez, Carlos Martin (2018). El sistema fonológico protoyucatecano. Reconstrucción y desarrollo. Tesis doctoral, COLMEX, México.

Stuart, David (1986). The Hieroglyphic Name of Altar U. Copan Note 4. Copan.

  • (1995) A Study of Maya Inscriptions. Phd Thesis, Vanderbilt University. 

Stuart, David, y, Stephen Houston (1994). Classic Maya Place Names. Studies in Pre-Columbian Art and Archaeology, No. 33. Dumbarton Oaks, Washington, DC.

Stuart, David, y George Stuart (2008) Palenque Eternal City of the Maya. Thames and Hudson, New York.

Taube, Karl (2003). “Maws of Heaven and Hell: The Symbolism of the Centipede and Serpent in Classic Maya Religion”. En Antropología de la eternidad: La muerte en la cultura maya, ed. Andrés Ciudad Ruiz, Mario Humberto Ruz Sosa y María Josefa Iglesias Ponce de León, pp. 404–442. S.E.E.M., Madrid.

Tedlock, Dennis (traducción y notas) (1993). Popol vuh: el libro maya del albor de la vida y las glorias de dioses y reyes. Editorial Diana.

Villa Rojas, Alfonso (1992). Los elegidos de Dios. Etnografía de los mayas de Quintana Roo. Segunda reimpresión. CNCA, Dirección General de Publicaciones: INI.

Wichmann, Søren (1999). A Ch’orti’ morphological sketch. Manuscript.

  • (2004) “The names of some major Classic Maya gods”.  En D. Graña Behrens (Ed.) Continuity and change: Maya religious practices in temporal perspective: 5th EMC, Bonn, Markt Schwaben: Anton Saurwein.

Zapata Guzmán, Alfredo (2002). Vocabulario tseltal-español, Tuxtla Gutiérrez, Gobierno del Estado de Chiapas, Servicios Educativos para Chiapas, Dirección de Educación Indígena.

Zender, Marc (2014). The Naming Insight: Hieroglyphic Names and Social Identity in the Pre-Columbian Americas. In A Celebration of the Life and Work of Pierre Robert Colas, editado por C. Helmke y F. Sachse, Acta Mesoamericana 27. Verlag Anton Saurwein, Munich, Germany.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

CONTACTO
Correo: arq.will.mex@gmail.com * MSJ / TXT: Cel. (WhatsApp) (+52) 999 334 6689

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

¿Es correcto celebrar el Año Nuevo Maya en julio de cada año? Una revisión del estado de la cuestión

por William H. Mex[1]

Introducción a la problemática

En los últimos años y sobre todo a raíz del fenómeno 2012, se puso de moda la celebración de un “Año nuevo maya” o “Fuego nuevo”  en diversas partes de la Península de Yucatán. Esta actividad, normalmente llevada a cabo el 21, 25 o 26 de julio de cada año (o unos días antes o después), es proclamada -no pocas veces- como de “origen prehispánico” y perteneciente a una “tradición antigua” por sus organizadores. Pero ¿cuál es la evidencia antigua en la que se respalda dicha actividad? ¿existe un origen prehispánico de la celebración? Y, desde un punto de vista serio y académico, ¿es correcto celebrarlo en el mes de julio, cada año? Este breve artículo pretende revisar y cuestionar las fuentes antiguas en las que se basaría dicha celebración, para saber qué tan confiables son y para acercarse a cómo conmemoraban el Año Nuevo los antiguos mayas.

El calendario maya y los textos para su estudio

Como sabemos, para el estudio de la cultura maya y las culturas mesoamericanas, existen básicamente 3 tipos de fuentes: las actuales (tradición viva, estudios antropológicos, etc.), las coloniales (crónicas, vocabularios, Relaciones, etc.) y las prehispánicas (monumentos en piedra, códices, etc.). En varias ocasiones, una fuente complementa a otra (y no siempre disponemos en igual cantidad y calidad de todas). Este texto indaga principalmente en las fuentes etnohistóricas y arqueológicas (incluyendo las epigráficas).

En primer lugar, debemos dejar en claro qué entendemos como calendario maya prehispánico. Este calendario es aquel que es posible estudiar (principalmente) mediante un acercamiento a los monumentos e inscripciones datadas más que nada del 250 al 900 d.C. (período “Clásico”), es decir, mediante las fuentes más antiguas y fidedignas. Este calendario se conforma en su totalidad de varias cuentas, siendo las más relevantes para este estudio, las siguientes (ver bibliografía citada):

  • El “año solar” Haab (o Ja’ab) de 365 días, formado por 18 veintenas o winales (“meses”) y 5 días aciagos (Wayeb)
  • El “año vago” de 360 días (también conocido como Haab/Ja’ab)
  • La cuenta de augurios/adivinatoria/sagrada de 260 fechas conocida como Tzolk’in (nombre moderno) o Ch’ol q’ij (nombre actual de los altos de Guatemala). Se conforma de 20 días y 13 números = 260 fechas con augurios/pronósticos, que se repiten infinitamente
  • Un ciclo de 52 años, que es cada cuando una fecha Haab y Tzolk’in vuelven a coincidir o se “sincronizan”
  • La “Cuenta larga”, que parte de un punto de origen, conocido como “Fecha era”, que inició en el 3114 a.C. y en cuyo decimocuarto “Baktún” (Pik) estamos viviendo. Esta cuenta considera los Bak’tunes, K’atunes, Tunes, Winales y K’ines que han pasado desde una fecha, la 4 Ajaw, 8 Kumk’uh[2]

Ninguna de estas cuentas por sí sola es el calendario maya. Por ejemplo, si no consideramos la cuenta Tzolk’in / Ch’ol q’ij, no tendríamos el augurio o suerte del día; si no consideramos el Ja’ab/ Haab, no tendríamos la veintena y las actividades correspondientes, y si no consideramos la “Cuenta Larga”, no tendríamos el punto de partida del conteo de días totales. Ahora bien, retomando el tema relevante para nosotros, es preciso preguntar: ¿Quiénes nos hablan del año nuevo maya? Una fuente moderna afirmaba hace poco que:  

“La fecha de inicio del Año Solar Maya (Haab) está establecida en tres fuentes documentales: (1) El Códice Pérez, recopilación de documentos calendáricos hecha por el ilustre investigador yucateco Juan Pío Pérez Bermon (vivió del 11-7-1798 al 6-3-1859), (2) El Chilam Balam de Chumayel, capítulo III, y, (3) la Relación de las cosas de Yucatán, libro escrito por Fray Diego de Landa. Las tres fuentes mencionan la fecha 16 de julio, pero, como es fecha del Calendario Juliano (ahora en desuso), al convertirla al Calendario Gregoriano (el que usamos), obtenemos el 26 de Julio[3].”

Es válido mencionar que, actualmente, las tres fuentes documentales citadas resultan fundamentales para comprender la cultura maya yucateca colonial (y también posclásica), aunque hayan sido escritas con el alfabeto latino, después de la conquista española y con influencia de la tradición europea. Como se mencionará al final de este apartado, existe otra fuente colonial, que niega la existencia del bisiesto y un posible ajuste, pero casi no ha sido tomada en cuenta. Pero antes debemos analizar que es lo que realmente dicen los textos. El escrito más relevante, por supuesto, es el atribuido a Diego de Landa. En la sección donde explica el funcionamiento del calendario, el fraile franciscano dice:

“El primer día del año de esta gente era siempre a 16 días de nuestro mes de julio [calendario juliano], y primero de su mes de Pop, y no es de maravillar que esta gente, aunque simple en otras cosas, le hemos hallado curiosidad y opinión en esta […]” (Rivera 1985:112, enfásis mío)

Después de lo cual prosigue:

“El primer día de Pop es el primero del primer mes de los indios; era su año nuevo y, entre ellos, fiesta muy celebrada porque era general y de todos […]” (Rivera 1985:130).

Ahora bien, tenemos que notar que Landa menciona que el 16 de julio (26 de julio, ajustado al calendario gregoriano) coincidía con el primer día del mes <Pop> (en maya Clásico: K’anjalaw / K’anjalab). La fecha Tzolk’in era 12 K’an, uno de los «cargadores» del año[4]. La fecha de la Relación probablemente fue 16 de julio de 1553. Pero si la cuenta solar de los mayas precolombinos era de 365 días ¿Cómo es posible que siempre cayera un 16 de julio el día de “año nuevo” del mismo? Esto hubiera implicado un ajuste de días, del cual no tenemos evidencia y no tenemos por qué pensar siquiera que dicho ajuste existió originalmente, ni el Clásico, ni en el Posclásico[5]. Existe la posibilidad de que la fecha que recopiló Landa haya coincidido con el inicio del año nuevo una sola vez, y no siempre. Y que esa fecha se haya tomado como absoluta.

Más aún ¿por qué deberíamos tomar al pie de la letra -y sin cuestionar- lo que Landa afirmó con respecto al calendario? En otra sección, por ejemplo, el fraile confunde el silabario maya con un alfabeto (ver Rivera 1985:148). Si consideramos que el redactor confundió un silabario con un alfabeto ¿Por qué habríamos de creer que comprendió o quiso entender el calendario maya, algo que era mucho más complejo? Como se verá, es poco probable que haya existido una ajuste de bisiestos en la cuenta maya, ya que no hay fuente que así lo afirme y fundamente, al menos de manera convincente[6].

Ahor bien, ¿qué dice el Chilam Balam de Chumayel sobre el año nuevo? Este texto colonial, si bien tiene datos del período Posclásico (aprox. 900/1000 – 1521/1697 d.C.), se terminó de elaborar hacia 1782, casi 300 años después de la llegada de los españoles, es decir, cuando los mayas yucatecos ya habían asimilado una parte de la cultura europea. El siguiente análisis se basa en la sección titulada KATÚN en la traducción de Mediz (2010) y CALENDRICAL NOTES en la versión de Edmonson (1986) de dicho texto. Dicha sección comienza con la mención del Katun 11 Ahau en 1513, y menciona las características relevantes del calendario maya de esta manera:

  • los meses del año:
  • <u ychil Haab doce 12> ‘meses del año: doce’
  • los días del año:
  • <u tzol kin ychil hunp’el haab días 365> ‘la cuenta de días en un año: 365’
  • las semanas del año:
  • <u tzolan semana ychil hunp’el haab 52> ‘la cuenta de semanas en un año: 52’
  • y la cuenta de días por meses:
  • <u tzolan kin ychil uacp’el u tu yax chun días 181> ‘la cuenta de días en seis meses, desde el verdadero comienzo: 181’

Tenemos que notar que este es un conteo que toma como base el Calendario Gregoriano, por eso menciona las 52 semanas (períodos de 7 días) que hay en un año y la cuenta de 181 días, para seis meses. Es imposible que se refiera a meses (winales) mayas, ya que habrían sido 120 días (dado que son 6 veintenas de días). Y más aún: usa la palabra <u> ‘mes, luna’ para los meses de 30 o 31 días del Calendario Gregoriano, a pesar de que el término originalmente designaba a la veintena o  “mes” maya. Esto es un ejemplo de la adaptación de conceptos calendáricos europeos a la cultura maya (y viceversa). El texto prosigue con la cuenta de veintenas mayas:

  • <u tzol uinal ychil hunp’el hab lae> ‘la cuenta de winales [meses] en un año es:’
  • Poop 16 julio, Uoo 5 agosto, Zip 25 agosto, Sotz 14 septiembre, Sek 4 octubre [etc.]

Es decir, el mes maya <Pop> iniciaba el 16 de julio, el mes maya <Uoo> iniciaba el 5 de agosto, etc. Esta si es la cuenta de los meses (winales) de 20 días mayas, correlacionada con cada mes del Calendario Gregoriano. La cuenta finaliza con la última veintena y los 5 días aciagos:

  • <Cumku 21 junio>
  • <u uayayab hop’el kin> ‘los wayayab [días aciagos] son cinco [después del mes Cumku]’  

Considerando lo anotado, si al 21 de junio sumamos 20 días, llegamos al 11 de julio. Eso quiere decir que el año nuevo siguiente, después de los 5 días aciagos, habría caído otra vez el 16 de julio [26 de julio, en C. Gregoriano], ya que ese habría sido el primer día de la veintena maya Pop (21 junio + 20 días= 11 julio + 4 días = 16 julio [26 de julio, en C. Gregoriano]). Pero sin agregar bisiestos, ya que febrero lo contaron de 28 días. De seguir con ese tipo de cuenta, habría provocado un desfase mayor con el pasar de los años, a menos que se hiciese un ajuste (recordemos que el bisiesto europeo se instituyó hacia 1582). El problema es que ninguna fuente colonial registró que el calendario maya hiciera algún ajuste del calendario solar con el año trópico. Si lo hicieron, muy probablemente fue un ajuste de la época colonial temprana o un ajuste con miras a igualar la cuenta maya con el calendario europeo (una “recalibración”, en tiempos cercanos a la llegada de los europeos)[7].

Otro texto colonial, atribuido al famoso Diego Chi, dado a conocer por Juan Pío Pérez y escrito hacia 1793, explica parte del funcionamiento del año maya y sus meses de esta manera:

“Éste es el calendario de nuestros antepasados: cada 20 días hacen un mes, según decían. 18 meses era lo que contaban un año; cada mes lo llamaban «un uinal» que quiere decir mes; de 20 días era la carga de un mes; «mes uinal» decían […] (Barrera y Rendón 1972:150)”

Y nos dice que una vez completadas las 18 veintenas, venía los días wayeb:

“[…] cuando se cumplían los 18 por cada vez que pasaba su carga era un año; luego se asentaban los cinco días sin nombre, los días dañosos del año, los más temibles, los de mayor pena por el temor de muertes inesperadas y peligros de ser devorados por el jaguar […] (Barrera y Rendón 1972:150)”

Y ya cuando iban a finalizar los días dañosos, dice:

“[…] al cuarto día se le colocaba [la imagen del dios] en las afueras de la casa para que allí le amaneciera; al quinto día se le echaba para que se fuese. El sexto día entonces que era el primero, el día cargador del año, en el que se asentaba el comienzo del año, del nuevo año y del primer mes llamado otra vez Poop, (estera) […] (Barrera y Rendón 1972:152, subrayado mío).

Resulta raro que quién escribió esto no mencionara algo sobre ajustes o años bisiestos. Aunque esto podría atribuirse a su incompleta comprensión del sistema, ya que el mismo redactor maya afirmó: “Que me perdonen mis yerros mis señores padres y los altos entendidos maestros […]” (Barrera y Rendón 1972:153, énfasis mío). Parece ser que entendía que el sistema maya no se ajustó en ningún momento (el bisiesto europeo se había implementado casi 200 años antes de que él escribiera).

El intelectual yucateco Juan Pío Pérez Bermón, en su Antigua Cronología Yucateca, también nos explica algo con respecto al funcionamiento del calendario y la cuestión del Año Nuevo. Además de recalcar las características básicas de los períodos de tiempo ya mencionados, con respecto a la finalización del año maya y el supuesto ajuste de un día de más (cada cuatro años) para el año bisiesto, hace notar que:

«[…] como el bisiesto es muy necesario para integrar el curso solar y éste lo tenían los indios bien conocido, sin duda alguna hacían la intercalación, aunque del modo de verificarla, no hayan dejado noticia alguna; por lo cual se tratará del que usaban los mexicanos por ser muy análoga su cronología á la de nuestros indios, habiendo tenido un mismo origen […]» (Pérez 1883:646, subrayado mío).

Es decir, Pérez Bermón, para respaldar la idea del bisiesto y el ajuste calendárico, toma como base los trabajos que otros académicos de su época (como Veytia y Boturini) realizaron acerca de los calendarios del centro de México (ver Pérez 1883:646-649). Y hay que decirlo: principalmente considera válidos los argumentos de esos académicos, a razón de ser autoridades intelectuales en el tema:

“Como el caballero Boturini tenía conocimientos superiores á cualquiera otro de las historias y pinturas de los indios [del centro de México], es evidente que nada puede contrabalancear su autoridad sobre esta materia, y que su pluma ha puesto la cuestión bajo su verdadero punto de vista.” (Pérez 1883:649, subrayado mío)

Pérez valida la existencia del ajuste del bisiesto entre los antiguos mayas, a razón de que otros académicos expresaron que tal cosa existió en el centro de México antiguo. Aunque se comprende que el ambiente intelectual y el acceso a fuentes al momento en que se redactaron esos trabajos era muy, pero muy distinto al de nuestra época, es justo reconocer que a Pérez le faltó hacer una meticulosa crítica de fuentes históricas, muy necesaria aún en nuestros días.

Antes de pasar a revisar las fuentes precolombinas, vale la pena recalcar lo que las Relaciones histórico-descriptivas de la Verapaz, el Manché y Lacandón en Guatemala, de Martín Alfonso Tovilla mencionan con respecto al calendario de los Chol-Manché[8]. En el Capítulo III del Libro Segundo, este texto, que recopila información de principios del siglo diecisiete, menciona que el año se formaba por 18 meses de 20 días, (tal y como se ha venido mencionando aquí), pero se debe poner atención en lo que dice sobre el sistema, al final de la descripción:

“[…] Constan estos dieciocho meses de trescientos sesenta días, al fin de los cuales dan cinco, que llaman de gran ayuno, días que no tienen nombre. Con estos días se cumplen los 365. Y sólo un yerro les hallé en esta cuenta, que es por ignorar los bisiestos. Y no hay que admirar, pues tantos años lo erramos nosotros hasta que la Iglesia lo enmendó […]” (García 1985:729, énfasis mío)

La misma Relación menciona más adelante:

“Cúmplense estos dieciocho meses a 28 de junio, que el postrero día del mes, y entonces entran los cinco del gran ayuno. Dura hasta tres de julio, y esta vigilia para ellos es de gran veneración, de forma que a cuatro de julio entra el primer día del año según su cuenta […]” (García 1985:729, énfasis mío)  

Cabe mencionar que en esa época, la región Chol-Manché permanecía sin pacificar y se puede considerar que era una región con poca influencia española u occidental. Sin embargo, como en otras crónicas coloniales, no se menciona cuál era la fecha de la cuenta de 260 días en la que caía el año nuevo.

Una vez analizadas estas fuentes, podemos considerar varias posibilidades para explicar las similitudes o disparidades entre ellas: 1) que el año bisiesto o ajuste de días del calendario maya fuese influencia del calendario europeo; 2) que los mayas del Posclásico hubiesen ajustado su calendario introduciendo el bisiesto (tal vez mediante 6 días finales) de manera independiente a la influencia europea (pero en vísperas del contacto); 3) que los mayas peninsulares hubiesen hecho un ajuste de días para el bisiesto (con o sin influencia europea) y que los Chol-Manché no lo hubiesen hecho, a razón de que ambos grupos mantuvieron tradiciones calendáricas relativamente “aisladas”. Aún faltaría un estudio más profundo para respaldar o descartar alguna de estas propuestas. Lo que debemos notar por el momento, es que las fuentes yucatecas coloniales parecen basarse en una sola fuente primaria y eso explicaría que repitieran la misma información. Ahora bien, pasemos a revisar las fuentes más confiables con respecto al tema: las prehispánicas.

Ceremonias de Año Nuevo y cargadores en los códices mayas

La mejor evidencia de origen precolombino que nos da ejemplos confiables de las fechas y ceremonias del año nuevo maya la encontramos en los códices de papel amate. Existen cuatro códices mayas y todos son de origen Posclásico (aprox. 1000-1200 d.C.): Dresde, Madrid, París y Grolier. Los tres primeros tienen evidencia epigráfica de las ceremonias de los cargadores del año, entendidas como “aquellas que marcan la transición de un año a otro, celebrado durante los últimos cinco días del año anterior y el primer día del año nuevo” (Vail y Hernández 2013:11, traducción mía). Es decir, en esos documentos hay evidencia de qué se hacía antes y después de la fecha de año nuevo.

Hay que aclarar que un “cargador del año” es el día con que comenzaba el año Haab, la primera posición del año de 365 días, el día de año nuevo, tiempo denominado como Yax Haab. Por la dinámica de las cuentas de 260 días y de 365 días, solo 4 de los 20 días Tzolk’in podían corresponder con la primera posición del Haab[9]. En teoría existirían 5 “tipos” o grupos de cargadores de años, pero solo tenemos evidencia de la existencia de 3 tipos[10]:

  • Tipo 2, días Ik’, Manik’, Eb y Kaban (Período Clásico)
  • Tipo 3, días Ak’bal, Lamat, Ben y Etz’nab (Códice Dresde)
  • Tipo 4, días K’an, Muluk, Hix y Kawak (Códice Madrid y Landa)

En las páginas 25-28 del Códice Dresde hay evidencia de que los días de año nuevo eran Ben, Etznab, Ak’bal y Lamat y en las páginas 27 y 28 hay evidencia de la expresión Yahx Haab(il) ‘año nuevo’. En la sección de la página 27, con referencia a los años Ak’bal, se menciona el levantamiento (tz’ahpaj) de un árbol (Yahx Itzamna? Te’) en el oeste (chik’in) y se dice que el augurio para el inicio de año (Yahx haabil) es la sequía (k’in tuun haabil). La deidad de la muerte se observa ofrendando pescado, una ave degollada, tamales y esparciendo incienso (Imagen 1). En la página 28, con referencia a los años Lamat, se menciona el levantamiento de un árbol en el norte, pero esta vez el augurio es ‘comida y bebida’, entendido como ‘banquete’ o ‘abundancia de alimento’. La deidad Itzamna(?) se observa ofrendando piernas de venado, pavo, una ave degollada e incienso (Imagen 1).

Es valioso notar que el énfasis recae en los días del calendario maya y no en la veintena (mes). Y que estos días, por la mecánica del calendario, variaban. Estos son los ejemplos más claros de ceremonias de año nuevo que tenemos en los códices y, a cada grupo de días corresponden actividades similares, consistentes en más o menos el mismo tipo de acción y ofrenda (Imagen 2).

Imagen 1. Páginas 27 (izquierda) y 28 (derecha) del Códice Dresde, correspondientes a los años Ak’bal y Lamat. La flecha señala la lectura Yahx Haab(il) (tomado de https://www.slub-dresden.de/startseite/ y de Schele y Grube 1997)
Imagen 2. Páginas 25 y 26 del Códice Dresde, correspondientes a los años Ben (izquierda) y Etz’nab (derecha), respectivamente (tomado de Schele y Grube 1997)

Ahora bien, en el Códice Madrid también hay ceremonias de los cargadores del año. En la página 35, en la parte superior izquierda, se registraron los numerales 7 y 12 y el nombre del mes <Pop>, como K’anjalaw (Imagen 3, flecha blanca izquierda). Después (de arriba hacia abajo) aparecen las fechas 11 K’an, 2 K’an, 6 K’an, 10 K’an, etc., cada uno separado por un intervalo de 4 años, ya que los años restantes del ciclo son Muluk, Ix y Kawak (que cubren las páginas 34, 36 y 37).

 

Imagen 3. Página 35 del Códice Madrid (sección, tomado de Vail 2013)

Hay que mencionar que si bien estas son ceremonias de los cargadores de los años, no se menciona explícitamente el término Yahx Haab ‘año nuevo’, como si se hace en el Códice Dresde. El hecho de que aparezca la fecha Haab 7 y 12 <Pop> (K’anjalaw) se debe a que, por la dinámica del calendario, solo determinados días pueden corresponder con determinados coeficientes del Haab. Así, los días K’an, Muluk, Hix y Cauac (cargadores del Posclásico y mismos que registra Landa) solo pueden ser los días 7, 12, 17 y 2 de algún mes. Se sabe que las páginas 34, 36 y 37 del Códice Madrid hace referencia a las ceremonias relativas al año nuevo y cierran el ciclo de los 4 días-cargadores mencionados (ver Vail 2013).

Como se ha mencionado, Landa da la fecha 12 K’an 1 Pop como inicio del año nuevo (16 de julio, probablemente de 1553), pero por la dinámica del calendario, esta fecha debió ser 12 K’an, 2 Pop. El detalle se explicaría si consideramos la posibilidad de que el Haab pudo iniciar en un momento diferente del día que el Tzolk’in[11]. Aún así, mucho de lo que menciona Landa tiene cierta correspondencia con lo que aparece en estas secciones del Códice Madrid.

Con respecto a los libros sagrados, finalmente, en las páginas 19 y 20 del Códice París (el tercero que nos interesa), se presentan los augurios correspondientes a cada año: Lamat, Ben, Etz’nab y Ak’bal (Imagen 5). En la sección (reconstruida) correspondiente a los años Lamat (primera de la izquierda) aparece una deidad esquelética sentada en una “banda celeste” y debajo de ella, un zopilote, un dios del maíz y un felino devorando a un humano. En la sección correspondiente a los años Ben (segunda columna), aparece un dios del maíz destripado, un ave (tal vez un zopilote) con intestinos en el pico y, debajo, un dios del maíz con el signo de tamal. En la parte correspondiente a los días Etz’nab (tercera columna) aparece un dios del maíz sentado sobre el signo del año, debajo de él una figura no identificada y más abajo, dos dioses del maíz frente a frente. Finalmente, en los años Ak’bal (cuarta columna) aparece un jaguar con la boca abierta, un dios del maíz bajo él, un animal sentado (tal vez un felino) y debajo, otro dios del maíz. 

De nuevo, se enfatiza que estos augurios son para años que comenzaban con cuatro fechas diferentes: Lamat, Ben, Etz’nab y Ak’bal. A cada grupo de días correspondían augurios específicos.

Imagen 4. Páginas 19 y 20 del Códice Paris (sin modificaciones). En la sección izquierda se observa la columna de los días Ben y a la derecha, de los días Ak’bal. Tomado de Rodríguez et al. (1999).
Imagen 5. Cargadores de las páginas 19 y 20 del Códice París, con modificaciones. Se observan, de izquierda a derecha, columnas de los días Lamat, Ben, Etz’nab y Ak’bal. La primera (día Lamat) y tercera (día Etz’nab) columnas se reconstruyeron, con base en la evidencia (tomado de Love 1994).

El caso de los cargadores del año en las inscripciones clásicas

Aunque hay poca evidencia de la importancia del “cargador del año” en los monumentos jeroglíficos, un estudio reciente (Stuart 2007) ha retomado el tema de la importancia ritual de esos días. Ese estudio respalda el uso de los cargadores “tipo 2” (Ik’, Manik’, Eb y Kaban) durante el Clásico. Un pasaje de la Estela 18 de Naranjo menciona que en un día 1 Ik’, asiento de Pop ocurrió una toma de posesión de unos jóvenes (ch’oktaak) y la erección de una estela (tz’ahpaj lakamtuun) supervisada por el gobernante K’ahk’ Tiliw Chan Chahk (Imagen 6). Es posible que este tipo de ceremonias antecediera a los rituales de año nuevo, sobretodo considerando los ejemplos que hemos visto en los códices.

En el contexto de los murales de la Tumba 2 de Río Azul se muestran las fechas 4 Ik’ y 4 Kaban, sobre la iconografía de montañas, en lo que es una asociación direccional de fechas importantes (Imagen 6). En el Panel 1 de Pomoná aparecen 2 figuras sosteniendo los glifos 4 Ik’ y 4 Kaban (Imagen 7). Finalmente, el altar U de Copán menciona la fecha 3 Kaban, chum K’anjalaw (asiento de Pop) en relación con cuatro entidades o deidades. En conclusión, si consideramos también los casos que hemos visto de los códices, los ejemplos clásicos podrían indicar que el año comenzaba con alguno de estos 4 días.

Imagen 6. Derecha: sección de la estela 1 de Naranjo, se indica 1 Ik’, chum (asiento) de K’anjalaw (Pop) (dibujo de David Stuart 2007). Izquierda: Fechas 4 Ik’ y 4 Kaban sobre la iconografía de montañas, Tumba 2 de Río Azul (dibujo de Ian Graham, tomado de Stuart 2007)
Imagen 7. Sección del Panel 1 de Pomoná, se observan dos figuras identificadas como “Pawatunes” o Chan Itzam (‘Cuatro Itzam’) sosteniendo el glifo 4 Ik’ (izquierda) y 4 Kaban (derecha), dibujo de campo (tomado de Stuart 2007).

Comentarios y observaciones finales

En conclusión, la celebración moderna del 26 de julio se basa principalmente en lo que la Relación de las cosas de Yucatán dice y en lo que otros académicos han venido repitiendo, pero sabemos -por evidencia prehispánica- que el año nuevo maya no caía siempre en una misma fecha. Por la evidencia de los códices posclásicos, sabemos que se rotaban 4 días distintos, debido al mecanismo de «cargadores del año» y también sabemos que el simbolismo de las fechas era importante. No hay evidencia de ajuste de años bisiestos en las inscripciones prehispánicas, y si tal cosa existió, habría que presentar evidencia concreta y convincente. Por la constitución del calendario solar Haab (365 días) y del Tzolk’in (260 días) cualquier ajuste habría provocado un desfase de todo el calendario maya. La celebración del «año nuevo maya» en julio es más una invención moderna, que casi no toma en consideración lo que hacían los antiguos mayas[12], ¡Los antiguos mayas no usaban nuestro Calendario Gregoriano!

Con esto en mente, se puede plantear la pregunta: ¿cuándo se debe celebrar el año nuevo maya, en nuestros días? La opción más sencilla para averiguar la respuesta es revisar alguno de los varios programas que existen para el cálculo de fechas de acuerdo con los datos del Clásico (por ejemplo: http://mayan-calendar.com/calc.html). Una segunda opción sería hacer una investigación más profunda, que considere la información aquí esbozada, para conocer a detalle cuales fueron los cambios en el uso de la cuenta de 260 días y el calendario maya durante el posclásico, los primeros años de contacto y la colonia. La tercera opción sería retomar la cuenta de 260 días, de manera semejante a como se maneja en varias partes de los altos de Guatemala, en dónde aún se celebran ceremonias semejantes a las registradas en los códices mayas posclásicos (ver Tedlock 1982). Es importante mencionar que, como se ha expresado en este trabajo, lo más importante -según la evidencia prehispánica- era el conteo de días, esto es, las fechas de la cuenta Tzolk’in.

Con base en la revisión de las fuentes etnohistóricas y del período de transición colonial- actual, se puede afirmar que: “La mecánica del calendario […] no es compatible con ningún sistema de correcciones comparable con el de nuestro calendario gregoriano (o también juliano), ya que los días intercalares, teniendo nombres en los ciclos de 260 y de 365 días, hubieran estropeado la alternancia conocida de los portadores del año y la conmensurabilidad de diversos ciclos” (Sprajc 2000:137).

En definitiva (y sin cerrarnos a otros puntos de vista), aún falta mucho por decir acerca de este tema. Debemos de revisar las fuentes históricas y académicas de manera muy crítica y seguir investigando con una metodología más rigurosa el funcionamiento del calendario maya antiguo, si queremos comprender cómo funcionaba realmente y que aspectos religiosos y de la vida cotidiana involucraba y si pervivieron hasta la colonia o actualidad. Y aceptar que la celebración del mes de julio ni siquiera se basa en la continuidad de algún tipo de tradición. Esa sería una forma respetuosa de honrar la memoria de los ancestros mayas y también una manera de estimular el debate intelectual y académico, algo que contribuirá a que los mayas actuales conozcan y aprecien un poco más de su pasado.


Notas

[1] Arqueólogo egresado de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).

[2] Ver la bibliografía citada para profundizar en estos datos. No existe evidencia de algún ajuste para los años bisiestos y tampoco de otro ajuste que haya provocado cambios significativos con respecto al conteo continuo de días. Esto no significa que los antiguos mayas no se hubiesen dado cuenta del desfase que ocurre entre el año trópico (de poco más de 365 días) y el calendario solar (de 365 días). Más bien, parece que no tenían necesidad de hacer ajuste alguno, en parte porque lo importante eran las fechas Tzolk’in. También manejaron lo que se conoce como “Series lunares” y un ciclo llamado “Señores de la noche”, pero no son relevantes para el tema en cuestión.

[3] https://www.diariodelsureste.com.mx/invitacion-a-ceremonia-por-ano-nuevo-maya/

[4] Una gran cantidad de estudios al respecto respaldan la importancia del Tzolk’in o Ch’ol Q’ij entre los mayas de hoy y de ayer (ver Bunzel 1952, Craveri 2010 y 2012, Colby y Colby 1986, Tedlock 1992, Rice 2007, Rupflin 1999, Stuart 2011, Villaseñor 2007, Whitmore 2013). En los Libros Chilam Balam se resalta la importancia de los augurios, mencionados como <u mutil chuenil kin sansamal> ‘los pronósticos/artificios de los días/amaneceres’ (Barrera 1943, Barrera y Rendón 1972).

[5] Como Erik Boot (2011) afirma: “El Manuscrito de Landa fue copiado de la versión original hecha entre c 1566 y 1579, antes de la Reforma del Calendario Gregoriano de 1582 (que atrasó el calendario para sincronizarlo con las estaciones) y así el año corresponde al Calendario Juliano.151 Esto significa que cada cuatro años podría haberse contado el salto de un día. De qué manera los mayas habrían acomodado esta situación del salto de un día es todavía desconocida. Como se citó con anterioridad, el Manuscrito sugiere que los mayas yucatecos contaban seis horas adicionales, pero no se ha encontrado evidencia en el área maya para calcular cada cuatro años el salto de un día” (énfasis mío).

[6] Cabe mencionar que la Relación de las cosas de Yucatán es un conjunto de textos reelaborados y compilados por varios copistas en diferentes épocas (ver Restall y Chuchiak 2002).

[7] Una fuente moderna afirma: “Los abuelos no usaban un calendario de 360 o uno de 365 siempre. Cada cuatro años le agregaban un día al de 365 y cada 130 años le restaban otro. En el periodo de mil 40 años habían ocho correcciones”,  explica el libro La cuenta maya de los días: Maya’ Ajilab’äl Q’ij (https://www.prensalibre.com/vida/escenario/asi-resolvieron-los-mayas-el-ao-bisiesto/). Desgraciadamente, no existe evidencia prehispánica de que esto haya sido así. Para la discusión del bisiesto nahuatl, ver Kruell (2019).

[8] La región Chol-Manché ocupaba la actual Verapaz de Guatemala y el sur del actual Belice.

[9] Los días del Tzolk’in / Cholq’ij son 20 (la ortografía de los días yucatecos puede mostrar variación en algunas fuentes): Imix (Imix), Ik (Ik’), Akbal (Ak’bal / Ak’abal), Kan (K’an), Chicchan (Chikchan), Cimi (Kimi), Manik (Manik’), Lamat (Lamat), Muluc (Muluk), Oc (Ok), Chuen (Chuwen), Eb (Eb), Ben (Ben), Hix (Ix/ Hix / Hiix), Men (Men / Meen), Cib (Kib), Caban (Kaban), Etznab (Etz’nab), Cauac (Kawak) y Ahau (Ajaw). Sus equivalentes, en otros idiomas de los altos de Guatemala son los siguientes (o algunos parecidos): Imox, Iiq’, Aq’bal, K’at, Kaan, Kame, Keej, Q’aniil, Tooj, Tz’i’, Baatz’, Ej, Aaj, I’x, Tz’ikin, Ajmaq, No’j, Tijaax, Kawoq y Ajpuuj. Aquí se considera el primer día de la cuenta como Imix / Imox y el último, Ajaw / Ajpuuj.

[10] Aunque algunos académicos consideran que en el Clásico los cargadores pudieron ser del tipo 3, aquí no se analizará a detalle ese tópico.

[11] Por ejemplo, si suponemos que el Haab 1 Pop inició con la salida del sol y la fecha 11 Ak’bal (antes de 12 K’an) inició con la puesta del sol. Esto implicaría que el Haab 1 Pop cubriría la segunda mitad de la fecha 11 Ak’bal y la primera mitad de la fecha 12 K’an, mientras que 2 Pop cubriría la segunda mitad de la fecha 12 K’an y la primera mitad de la fecha 13 Chikchan. Así, al menos en algunas ocasiones (ver Martin y Skidmore 2012).

[12] *Según la correlación GMT 584 283, el 2 de abril de este año fue 9 Lamat, 1 Pop. Por lo que ese habría sido el año nuevo, más apegado a lo Clásico (ver: http://mayan-calendar.com/calc.html )

Bibliografía y trabajos recomendados

Barrera Vásquez, Alfredo
(1943) Horóscopos mayas, o, El pronóstico de los 20 signos del tzolkin, según los libros de Chilam Balam, de Káua y de Maní.
-y Silvia Rendón (eds.)
(1972) Libro de los libros del Chilam Balam. Fondo de Cultura Económica, México.

Boot, Erik
(2011) «Fray Diego de Landa y la cosmovisión maya-yucateca a inicios del período colonial». en Cosmovisión Mesoaméricana, ed. Horacio Cabezas Carache. Guatemala: Publicaciones Mesoaméricanas, 71.

Bunzel, Ruth
(1980) Chichicastenango. José de Pineda Ibarra, Guatemala

Craveri, Michela
(2010) “Adivinación y pronósticos entre los mayas actuales”, Revista Arqueología Mexicana, Vol. 17, Núm. 103, pp. 64-69.
(2012) “Adivinación en las tierras altas de Guatemala”, Artes de México, Vol.107

Edmonson, Munro S.
(1986) Heaven Born Merida and Its Destiny: The Book of Chilam Balam of Chumayel. University of Texas Press, Austin.

García Añoveros. J. M., y Villagutierre Sotomayor, J. de
(1985) Historia de la conquista del Itzá. Ed. De Madrid: Historia 16.

Kruell, Gabriel K.
(2019) Revisión histórica del “bisiesto náhuatl”: en memoria de Michel Graulich, Trace (Méx. DF) no.75 México Jan. 2019.

Love, Bruce
(1994) The Paris Codex: Handbook of Maya Priest. University of Texas Press.

Martin, Simon, y Joel Skidmore
(2012) «Exploring the 584286 Correlation between the Maya and European Calendars». PARI Journal, 13, pp. 3–16. MESOWEB.

Mediz Bolio, Antonio (editor)
(2010) Chilam Balam de Chumayel. Editorial Dante.

Pérez Bermón, Juan Pío
(1883) “Antigua Cronología Yucateca”, en: Carrillo y Ancona, Crescencio, Historia antigua de Yucatán, Seguida de las Disertaciones del mismo autor relativas al propio asunto. Mérida de Yucatán: Gamboa Guzmán y Hermano, Impresores-editores.

Restall, Matthew, y John Chuchiak
(2002) “A reevaluation of the Authenticity of fray Diego de Landa´s Relación cosas de
Yucatán”, en Etnohistory, 29, no.3, pp. 660-661.

Rice, Prudence
(2007) Maya Calendar Origins: Mounuments Myth, History, and the Materialization of Time. University of Texas Press, Austin.

Rivera Dorado, Miguel (ed.)
(1985) Relación de las cosas de Yucatán de Diego de Landa. Alianza Editorial, Madrid.

Rodríguez Ochoa, Patricia & Gómez Marín, Edgar & Cerda González, Myriam (eds.).
(1999) Compendio Xcaret de la escritura jeroglífica maya descifrada por Yuri V. Knórosov. México: Universidad de Quintana Roo y Promotora Xcaret. Tomo II.

Rupflin Alvarado, Walburga
(1999) El Tzolkin es más que un calendario. Centro de Documentación e Investigación Maya, Guatemala.

Schele, Linda y Nikolai Grube
(1997) The Proceedings of the Maya Hieroglyphic Workshop : the Dresden Codex.

Stuart, David
(2007) «Registros de año nuevo en las inscripciones mayas del período Clásico». MESOWEB.
(2011) The Order of Days: The Maya World and The Truth About 2012. Harmony Books, New York.

Šprajc, Ivan
(2000) “Problema de ajuste del año calendárico mesoamericano al año trópico”, Anales de Antropología, Instituto de Investigaciones Antropológicas-Universidad Nacional Autónoma de México, vol. 34, pp. 133-160.

Tedlock, Barbara
(1982) Time and the Highland Maya. University of New Mexico: Albuquerque

Vail, Gabrielle
(2013) Códice de Madrid. Universidad Mesoamericana, Guatemala.
-y Christine Hernández
(2013) Re-Creating Primordial Time. Foundation Rituals and Mythology in the Postclassic Maya Codices. Boulder, Colorado, University Press of Colorado.

Villaseñor M., Rafael E.
(2007) Los calendarios mesoamericanos: analizados desde una perspectiva interdisciplinaria. Tesis de maestría en Estudios Mesoamericanos, UNAM, México.

Whitmore, Sylvia
(2012) Divination in Mesoamérica. Tesis Doctoral. LaTrobe, Australia.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

CONTACTO
Correo: arq.will.mex@gmail.com * MSJ / TXT: Cel. (WhatsApp) (+52) 999 334 6689

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Origen y significados del apellido Tepal

por William H. Mex [1]

Introducción

El presente texto busca indagar en el origen y los significados de la palabra de origen nahuatl TEPAL, que hoy en día se usa como apellido, principalmente en la Península de Yucatán y en el centro de México. Es conocido que este término puede significar ‘reinar, reino’ y ‘majestad, dignidad’, entre otras cosas, aunque una revisión más profunda de varios escritos coloniales y actuales (del maya y del nahuatl), nos revela que originalmente proviene de una palabra relacionada con los conflictos bélicos [2]. Esta breve revisión también busca dar a conocer la historia de la palabra y ayudar a profundizar un poco más en las relaciones lingüísticas entre grupos mayas y nahuas[3].

Antecedentes y distribución del apellido[4]

En México, aproximadamente 1,974 personas tienen como apellido la palabra de origen nahuatl Tepal. Estas personas habitan principalmente en los estados de Tlaxcala (940 personas), Yucatán (666), Puebla (172), Quintana Roo (45) y el Estado de México (21) (Imagen 1 y 2).

Imagen 1. Distribución del apellido Tepal en México. En color rojo fuerte, los estados con mayor cantidad de personas.
Imagen 2. Personas con apellido Tepal por estado, cantidad, frecuencia y rango.

Dentro de estos estados, las ciudades o municipios donde más personas tienen ese apellido son: San pablo del Monte (936 personas), Mérida (382), Tixpéhual (123), Puebla (115) y Tixkokob (90) (Imagen 3)[5]. No es un apellido común y en los estados mencionados ni siquiera aparece entre los primeros 200, mientras que en Yucatán ocupa el lugar 454 entre los más comunes. En San Pablo del Monte (Tlaxcala), el apellido ocupa el lugar 21 entre los más comunes y el tercero entre los de origen nahuatl, aunque parece compartir origen con el apellido Tepalcingo (que tiene 126 portadores) y otros apellidos semejantes. En Tixpéhual (Yucatán) el apellido ocupa el lugar 14 y en Tixkokob, ocupa el lugar 50 entre todos los apellidos (Imagen 3)[6].

Imagen 3. Distribución del apellido Tepal por municipio o ciudad, considerando cantidad, frecuencia y rango.
Imagen 4. Distribución del apellido Tepal en municipios o ciudades del centro de México. En rojo profundo, San Pablo del Monte (Tlaxcala) y debajo, Puebla.

Es bien conocido que Tepal forma parte de un pequeño grupo de palabras de origen Nahuatl que pasaron a ser usadas como apellido en la región de Yucatán, desde por lo menos la época colonial (aproximadamente después de 1521 d.C.). Entre esas palabras se encuentran también: Cetzal, Chimal, Iuit, Nauat, Pan, Pantli, Ueuet y probablemente, Xiu[7].

En el caso de Tepal, varios académicos han propuesto o respaldado la idea de que la palabra proviene del Nahuatl Tepeewa ‘conquistar’ y también han hecho notar que en Yucateco tiene los significados de ‘majestad, gobernar, reino, soberanía’ y se vincula con la palabra Tepew ‘rey’ y posiblemente con peul ‘armas de insignia, saludar, linaje’[8]. Otros autores han propuesto que Tepal, con el significado en maya Yucateco de ‘gobernante’, proviene del Nahuatl tepalli ‘trono’ (o ‘piedra larga’)[9]. Como se verá, toda la evidencia que aparece en textos coloniales mayas y nahuas respalda la primera propuesta. A continuación se profundizará en la cuestión.

Los significados de Tepal en maya yucateco

La palabra tepal aparece principalmente en los diccionarios coloniales (siglo dieciséis) de lenguas mayas, con ligeras variaciones en su escritura. Las entradas más comunes, del Calepino Maya de Motul, registran el término como sigue:

  • ah tepal: ‘señor o soberano; decíase a los reyes y señores y, con más congruencia a dios, suena como ‘majestad’’
  • ah tepal: ‘el que reina o ha de reinar’
  • ah tepual: ‘lo mismo que ah tepal, aunque no tan usado[10] (subrayado mío)

La tercera entrada nos da a entender que tepual (en ortografía actual tepwal), era una variante de tepal menos común, tal vez más arcaica. Otros significados de la palabra son:

  • tepal: ‘mucho o muchos, o muy’
  • tepal: ‘basta, o bastante y suficiente ser’ [11]

Esto revela que, al parecer, del significado ‘rey, soberano, majestad’, la palabra pasó a derivar el significado de ‘mucho, bastante’, a modo de intensificador. Otras entradas del mismo diccionario nos revelan que la palabra tepal también se usaba como verbo o sustantivo:

  • tepal: ‘reinar, mandar reinando, ser señor y señorear, y el mismo reino, mando y señorío’
  • tepal: ‘prosperidad, abundancia, gloria y contento, y tenerle’ [12]

Las siguientes entradas nos enseñan las derivaciones que puede tener la palabra, para referir a conceptos abstractos:

  • tepalil: ‘cosa real o de rey, y reinar’
  • u tepualil: ‘reino’
  • tepeual, tepual: ‘reinar; son vocablos antiguos[13] (subrayado mío)
  • tipal, tepal: ‘bastante cosa y suficiente’ [14]

Así, tepal, como ‘majestad’ o ‘reinar’, deriva, añadiendo el sufijo -il, el término abstracto tepalil para nombrar a las cosas reales o relacionadas con el rey. De forma parecida, el término tepual con el sufijo -il deriva el término abstracto tepualil (en ortografía actual, que refleja una pronunciación más exacta, tepwalil) ‘reino’, que tiene su contraparte en otros términos de las lenguas mayas, como ajawlil (‘reino señorío’, derivado de la palabra ajaw, ‘señor, gobernante’) o ajawlel (igualmente, ‘reino, señorío’), que también usan un sufijo -il o -el. La tercera entrada nos confirma que tepeual y tepual, como verbos, son arcaísmos de tepal. Con esto en mente, podemos dar por sentado que la forma más antigua de la palabra era tepeual (tepewal) y que sufrió cambios que la llevaron a pronunciarse primeramente tepual y, por último, tepal. El cuarto ejemplo sugiere que la palabra sufrió (en algunos contextos) el cambio en la pronunciación de tepal a tipal, un cambio vocálico común en las lenguas mayas[15].

En el Vocabulario Maaya T’aan colonial aparecen otras entradas parecidas:

  • ah tepal, ah tepaal: ‘alteza o majestad, título con que hablan los reyes’ [16]
  • ahaulil, tepal: ‘imperar o reinar’ [17]

Otra fuente colonial registra de forma semejante:

  • ix tepeu: ‘abadesa de monjas’
  • tepeu: ‘rey’ [18]

Solo un diccionario de maya yucateco actual (de Hocabá) registra un equivalente, como:

  • teepal: ‘abundancia’ [19]

Con lo que se ha revisado, se deduce lo siguiente. De las cuatro lenguas del grupo yucateco (Yucateco, Itzá, Lacandón y Mopán), la palabra tepal solo tiene equivalentes en Yucateco. La acepción más antigua de la palabra pudo ser como verbo, ‘reinar, mandar, señorear’ y a partir de allí derivó significados más complejos, como aj tepal ‘señor, soberano, majestad’ (‘persona que reina’) y tepalil (‘relativo al rey’, ‘señorío’), entre otros. La forma antigua era tepeual y de allí proviene tepal, por lo que la raíz lingüística (es decir, el término mínimo que tiene significado) de la palabra, debe ser tepeu (tepew), ya que -al, como se ha visto, es un sufijo. Una revisión de las palabras equivalentes en otras lenguas mayas ayudará a descartar o corroborar esta información.

El término tepewal en Chontal colonial

En los textos conocidos como Papeles Paxbolon-Maldonado, redactados en idioma Chontal, alrededor del siglo diecisiete en la región de Acalán, tenemos la mención de un término relacionado con tepal, en la siguiente oración [20]:

“…Vi xachme a hulon ta cab tazcubilon u kal u yum cab Emperador chumul tu tepeual ta Castilla…”

“…aquí he venido a tus tierras que soy enviado por el señor del mundo, emperador, que está sentado en su trono en Castilla…”[21]

Hay que aclarar que, aunque varios autores han traducido el término tepeual como ‘trono’[22], si consideramos los significados ya revisados en Yucateco colonial, es obvio que se debe traducir como ‘reino’ o ‘señorío’. Así, chumul tu tepeual ta Castilla significa ‘está sentado en su señorío en Castilla’ y, de hecho, varias frases de ascensión real, tanto en el texto Chontal como en las inscripciones del período clásico (250-900 d.C.) hacen énfasis en que los personajes de élite se asentaban “en el señorío”[23]. Es difícil saber si el término tepewal pasó del Chontal al Yucateco o viceversa.

Las palabras tepew y tepewal en las lenguas mayas de Guatemala

Términos relacionados con Tepal se registraron en por lo menos cuatro lenguas de la zona guatemalteca, tanto en el período colonial como actual. Es bien conocido que en K’iche’ colonial la palabra aparece como[24]:

  • tepeual: ‘majestad, dignidad’ [25]

Es interesante que la traducción ‘majestad’ se encuentre de manera idéntica al Yucateco colonial. En K’iche’ colonial, otra palabra que se traduce como ‘dignidad’ es ecalem, que también significa ‘nobleza’ [26], un significado semejante al del tepal Yucateco.

En Cakchiquel colonial tenemos las siguientes palabras:

  • tepeual: ‘majestad’ [27]
  • tepeuh: ‘señorío’
  • tepeu: ‘encumbrarse, gloria vana’ [28]

Una frase en esa lengua revela que la palabra también se usó como adjetivo: tepeuh Pedro, es decir: ‘es grave, majestuoso Pedro’ [29].

En Pokomchi’ colonial, los términos equivalentes registrados son:

  • tepeu: ‘grande, admirable, majestoso’.
  • tepeual: ‘la grandeza, la majestad’ [30]

El texto específica que tepeu (como adjetivo) se usaba para designar a un hombre muy poderoso, como un dios, por lo que su traducción guarda semejanza con la del Yucateco colonial y con la referencia Chontal al Emperador español. Por otra parte, tepeual (término abstracto) refería a “la gloria y bienaventuranza del cielo a la gloria y majestad de dios”. La misma lengua también registra el término compuesto k’ak’al-tepeual, como ‘grandeza, majestad; este dice grande, majestuoso, admirable, grandioso, sublime, potente’ [31]. Todo esto indica que Tepew refería a el soberano más poderoso, que estaba a la par de un dios o un emperador.

Para ir terminando con la parte guatemalteca, vale mencionar que en Q’eq’chi’ actual tenemos los siguientes significados:

  • teepeual: ‘señorío, poder, fama, honor’
  • teepeu (forma primitiva de teepal): ‘tierra, reino’ (subrayado mío)
  • teepal, teep: ‘tierra, reino’
  • teepalil: ‘condición de ser tierra circunscrita, gobernada’ [32]
  • teepal: ‘el barrio’ [33]

Tres cosas llaman la atención en el registro Q’eq’chi’: que aparezca la forma teepal (como en el Yucateco actual), que la primera vocal sea larga (como en Yucateco de Hocabá), y que el término haya pasado a designar algo más concreto, un territorio (seguramente una extensión de los significados relacionados con el ‘reino, señorío’). Una vez revisados los diccionarios coloniales y actuales, pasaremos a revisar los diccionarios en lengua Nahuatl, para averiguar de qué término específico proviene la voz tepew.

Los orígenes nahuas de la voz Tepew

En la mayoría de las lenguas mayas, la voz tepeu o tepew tuvo la función de verbo o adjetivo principalmente, aunque también era un sustantivo (relacionado con soberanos y majestades), a partir de la cual se derivaron otros términos abstractos. Pero ¿qué palabra del Nahuatl originó el término maya?

Como se mencionó al principio, varios académicos han propuesto que la voz se conforma con el prefijo te- ‘gente’ y el verbo pew ‘conquistar’, que puede dar el significado de ‘dominio, señorío’, o bien ‘conquistador’ o ‘majestad’[34]. De manera semejante, otros han traducido tepew como ‘el rey o soberano’ y han hecho notar el término q’aq’al tepewal ‘poder y grandeza’, ya mencionado en Kaqchiquel y Pokomchi’ [35]. Igualmente se ha propuesto que el origen exacto es la palabra Nahuatl tepehuani ‘conquistador, vencedor’ [36]. Efectivamente, en el vocabulario de Nahuatl colonial de Alonso de Molina aparecen los términos:

  • tepeuani: ‘conquistador o vencedor de batalla’
  • tepeualiztli: ‘conquista o vencimiento de los enemigos’ [37]

La raíz verbal de la palabra es peua (pewa), que tiene los siguientes significados:

  • peua: ‘conquistar o vencer a los enemigos’ [38]
  • peua: ‘vencer, someter, sojuzgar’ [39]

Este verbo también deriva palabras como peualli: ‘cosa conquistada o vencida’. Hay que recalcar que el término se conforma del prefijo tee- que identifica a los actores, aparece al principio de sustantivos y sirve para derivar palabras a partir de verbos transitivos que toman objetos humanos[40]. Es decir, el tepehuani (teepeewani con ortografía actual), era la persona que conquistaba, sometía o sojuzgaba a sus enemigos (de manera habitual)[41]. La forma tepeu es la que llegó a las lenguas mayas.

Imagen 8. Personaje con el título Tlacochcalcatl

Es de notar que el término tiene una connotación militar. Por ejemplo, Tepehuatzin[42] era el nombre de un ‘noble tenochca con el título Tlacochcalcatl, que acompañaba al soberano azteca Moctezuma cuando se reunió con Hernán Cortés’ [43]. Tepehuatzin se forma a partir de la raíz lingüística tepehua y el sufijo reverencial -tzin. La palabra Tlacochcalcatl refería a un general o capitán de guerra, un título para los que capturaban cuatro prisioneros[44] y puede traducirse como ‘hombre de la casa de las lanzas’ (Imagen 8)[45]. No refería a un gobernante.

Es preciso hacer algunas aclaraciones con respecto a la forma en cómo se tomó prestada la palabra por los grupos mayas. La palabra tepewa originalmente era un sustantivo, que designaba a un alto mando militar entre los nahuas del centro de México, pero los registros en lenguas mayas nos indican que la forma que llegó a ellas es tepew[46]. Esta es la forma que entró en Yucateco con los significados de ‘rey, majestad, dios’, mientras que en Chontal seguramente tuvo un significado muy parecido (relacionado con el emperador) y en K’iche’, Cakchiquel y Pokomchi’ la voz al parecer se usó más como adjetivo. En diferentes lenguas mayas, la palabra adoptaría los sufijos -il y -al para formar términos abstractos o relacionales, típicos de estas lenguas. Si analizamos solo los diccionarios mayas, es difícil discernir el significado bélico original de la palabra, pero otros textos coloniales parecen sugerir que parte de este simbolismo si se conservó en la cultura maya colonial temprana.    

Las palabras Tepal y Tepew en otros textos mayas coloniales

Tal y como se mencionó al principio de este trabajo, la palabra Tepeu sirvió para designar a varios personajes importantes en textos mayas. Por ejemplo, en las crónicas de los libros Chilam Balam, se menciona a un personaje llamado Holom Chan Tepeu, probablemente uno de los dirigentes de las migraciones relacionadas con los Xiu[47]. Su nombre es de difícil traducción, pero podría ser ‘capitán conquistador serpiente’ o ‘capitán conquistador celestial’ [48]. Parece ser que solo estos textos yucatecos registraron la voz Tepeu de esa manera, pero el uso del nombre en esos contextos podría indicar la connotación militar original (nahua) de la voz.

En el Chilam Balam de Chumayel, el término Ah tepal se menciona en varias ocasiones como Rey ah tepal ‘rey emperador’ o ‘majestuoso rey’[49], otras veces, en relación con una designación del dios o la majestad cristiana [50] y otras más, para designar a dirigentes o gobernantes. En los Papeles de los Xiu de Yaxa, Ah tepal sirve para designar al rey de España (quién también tiene el título Noh ahau, ‘gran señor’ o ‘gran rey’) [51]. Una expresión común en este texto es “…tu menel ca noh ahau ti nuestro rey ah tepal..”, traducida como “…por nuestro gran ahau, nuestro rey ah tepal…” [52]. Esto nos dice que el título Noh ahau era más o menos equivalente a Rey ah tepal, y designaba a una persona con un rango superior al de un rey, o bien, a la majestad suprema[53]. En otro texto yucateco colonial, El Ritual de los Bacabes, también hay una mención, como “…Ah tepal an bin chee an bin a ual a mehen…”, que se traduce “…¡Oh! Rey, ayuda, ayuda a los hijos de las mujeres, a los hijos de los hombres…” [54]. Los contextos ayudan a corroborar los significados que se plantean en los diccionarios coloniales.

Otro término interesante que aparece en textos yucatecos, en relación con la ciudad posclásica de Mayapán, es multepal. La palabra mul es un verbo que significa ‘amontonar, recolectar’, y en este caso refiere a ‘hacer algo como una comunidad o hacer trabajo común’, por lo que la institución del multepal posclásico era un tipo de ‘gobierno conjunto o confederado’. Implicaba gobernar conjunta o colectivamente, y se basaba en el reconocimiento mutuo de la autoridad, como una manera de mantener equilibrio y unidad [55].

Por otro lado, la forma tepeu (tepew) es más notoria en textos relacionados con las lenguas mayas de los altos de Guatemala. El texto más famoso donde se menciona es el Popol Vuh, cuando se nombra a la deidad Tepew Q’ukumatz, cuyo nombre se ha traducido como ‘majestad serpiente emplumada’[56], ‘soberano serpiente-emplumada’[57] o ‘poderoso serpiente-emplumada’[58], considerando que aparece en el contexto de la creación del universo y la vida. Los significados hallados en varias lenguas mayas nos permiten decir que la serpiente emplumada, o sea, Q’ukumatz, en su calidad de Tepew, (soberano, majestad, poderoso) era considerado uno de los dioses superiores entre los K’iche’ posclásicos[59].

También en Los Anales de los Cakchiqueles se menciona varias veces a un Tepeuh, como señor de Cauké[60], y se dice que era temido por practicar hechicería, que le rendían tributo varias tribus y que temblaba en el lugar donde vivía. Se dice que los antepasados Caynoh y Caybatz fueron mandados por Tepeuh para recolectar tributo y que esto contribuyó a que fueran apreciados por él [61]. En varias partes del texto se revela su carácter de entidad suprema, temida y reverenciada, lo que concuerda con las designaciones de los diccionarios ya revisados aquí.  

Conclusiones y pendientes

El apellido Tepal tiene su origen en el término bélico Nahuatl tepehuani, que originalmente designaba a la persona que sometía a sus enemigos en batalla. Sin embargo, la voz adoptada por los antiguos mayas -tepeu- no tenía primeramente un simbolismo bélico, y se tradujo como ‘señor, gobernante, rey, majestad’ y se relacionó con los conceptos del señorío y la realeza suprema. Sería interesante indagar cuando y por qué ocurrió este cambio, sobre todo considerando que otras palabras, prestadas en la época prehispánica del Nahuatl al Yucateco, tienen que ver con términos políticos y bélicos[62]. Tal vez tempranamente, entre los mayas, la palabra tuvo un simbolismo marcadamente bélico ¿Designó a una autoridad que se ganó el título por medio de guerras (y por eso se aplicó al emperador de España)? ¿Era para personas relacionadas con los nahuas? y ¿Tuvo un equivalente en lenguas mayas (que fue reemplazado)?

Palabras relacionadas con Tepew, Tepewal o Tepal solo sobrevivieron en textos coloniales del Yucateco, Chontal, K’iche’, Kaqchiquel y Pokomchi’, y en textos actuales de Yucateco y Q’eq’chi’. Uno de estos grupos étnicos pudo actuar como difusor del término en el Posclásico tardío (aprox. 1200-1521 d.C.) . Por su cercanía geográfica con la lengua Nahuatl, y por su conocida influencia en las inscripciones clásicas y la cultura posclásica, el Chontal (clásico) es un buen candidato. Aunque es una hipótesis que aún debe considerar otros datos lingüísticos, históricos y arqueológicos, así como la interacción entre grupos no mesoamericanos.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es tepeuguate-copia.jpg

Imagen 9. Distribución del apellido Tepeu en Guatemala. En rojo profundo se muestra el departamento de Chimaltenango y a su derecha, el departamento de Guatemala
.

Un análisis más extenso de la palabra deberá considerar una posible relación con las voces Tepale, Tepalli, Tepeu, Tepewa y otras más, que posiblemente comparten un origen en común y que son usadas como apellidos en México y Guatemala, en la actualidad (Imagen 9)[63].

Es de notar que personas con apellido Tepal se mencionan en la época colonial en las regiones yucatecas de Telchac y Sinanché (como: Cecilia Tepal, Julio Tepal)[64] y, hoy en día, es apellido común en Tixpéhual, Tixkokob, Kanasín, Hocabá, Acanceh y Motul (todos pueblos cercanos), así como en la ciudad de Mérida (Imagen 5). Si consideramos que la palabra colonial se menciona en relación con Mayapán, la región geográfica ubicada al este y noreste de Mérida pudo ser el punto de origen y difusión de Tepal, como nombre o apellido, al menos dentro de la Península de Yucatán (Imagen 10). En el caso del apellido Tepal del centro de México, cabe la posibilidad de que (aunque suene igual al de la Península de Yucatán) tuviera un origen diferente (aunque sea nahuatl). Sería necesario profundizar más en esta cuestión.

Imagen 10. Posible área de origen y difusión del apellido Tepal (círculo verde) y lugares con mayores concentraciones de personas con el apellido. 1.- Mérida (migraciones recientes), 2.- Tixpéhual, 3.- Tixkokob, 4.- Kanasín, 5.- Hocabá, 6.- Sanahcat, 7 Umán, 8.- Acanceh, 9 Motul. Estrella blanca: Zona arqueológica de Mayapan

Finalmente, vale la pena preguntarse: ¿fue la región nahua de Puebla o de Tlaxcala de donde vino la palabra, ya usada como apellido? ¿O el apellido se originó, de manera independiente, en el centro de México y la Península, a partir de la misma palabra? Como se ha mencionado antes: no debe descartarse la posibilidad de que los apellidos Tepal, usados en distintas regiones de México, tuvieran orígenes y desarrollos diferentes.

Imagen 11. (izquierda) Ascensión Tepal, personaje famoso en la historia de Tlaxcala. Tomado de internet. Imagen 12. (derecha) Logo del restaurante El Tepehuani, de la Ciudad de México. Tomado de internet. Nótese que el nombre aún se asocia con la conquista.
Imagen 13. Promocional de la marca de refrescos mexicanos Tepehuani. Tomado de internet. Imagen 14. Promocional del grupo de baile folklórico Tepehuani Nelli, de Cleveland, Ohio. Tomado de internet.

Notas

1 Arqueólogo, egresado de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Este escrito puede ser citado como Mex-Albornoz, William Humberto (2018) “Origen y significados del apellido nahuatl Tepal” (manuscrito no publicado/borrador).
2 Aquí se consideran las siguientes épocas históricas: Clásica (250-900 d.C.), Posclásica (900-1521 d.C.), Colonial (1521-1810 d.C.) y actual (1810 d.C. en adelante).
3 La familia lingüística maya la componen 31 lenguas y sus hablantes se distribuyen principalmente en el sur y este de México, Belice, Guatemala, y este de Honduras. La lengua Nahuatl pertenece a la familia Yuto-azteca y se distribuye principalmente en el centro de México, está relacionada con el Nahuat, que se habla en El Salvador principalmente.
4 En este escrito, los nombres de textos o libros se presentan en cursivas, al igual que las palabras mayas, nahuas y otras que no pertenecen al español. Las traducciones están entre comillas simples (‘…’) y las citas textuales entre comillas dobles (“…”).
5 San Pablo del monte está en Tlaxcala, centro de México. Mérida, Tixpehual y Tixkokob están en Yucatán, al este de México.
6 Información tomada de Forebears.io (https://forebears.io/surnames/tepal).
7 (Brinton 1882; Roys 1940). Ver también https://multepal.spanitalport.virginia.edu/node/636
8 (Brinton 1882:123; Roys 1940:42; Thompson 1948; Barrera y Rendón 1972:154; Justeson et al. 1985:25).
9 (Dakin 2010:227).
10 (Acuña 2001:56). El término Ah (Aj) señala al actor de la acción o a quién tiene una característica (‘el/la de/que hace…’). La letra /h/ no es muda, sino que refleja un sonido parecido al de la /j/ del español, en maya. En algunos ejemplos, se ha actualizado la ortografía del español, para hacerla más entendible. Otras frases registradas son: Kintan te a tepal: ‘acuérdate de tu prosperidad’ (Acuña 2001:299 y 338)
11 (Acuña 2001:541).
12 (Acuña 2001:541). Ver también: tepalni: ‘reinó’ (pretérito), bin tepalnac: ‘reinará’ (futuro) lay lic v tepal cuchi la: ‘éste reinará entonces’.
13 (Acuña 2001:542).
14 (Acuña 2001:549). También: tepalil v cah: ‘reina, o tiene prosperidad y abundancia’; v tepalil vinic: ‘la prosperidad, abundancia, gloria y contento del hombre’; tepalil na: ‘casa o cámara real’.
15 Este es un cambio en donde la vocal /e/ pasa a pronunciarse como /i/, en diferentes contextos.
16 (Acuña 1993:89).
17 (Acuña 1993:426). Imperar refiere a ‘mandar una persona como emperador’ (RAE).
18 (Bolles 2010:5118). Una abadesa es la mujer que tiene el cargo de “superiora” dentro de un monasterio.
19 (Bricker et al 1998:274).
20 El Chontal es una lengua del grupo Ch’olano (que incluye también al Ch’ol, Ch’orti’ y el extinto Ch’olti’). Se habla principalmente en la región de Tabasco, aunque su antepasado directo (colonial), el Chontal de Acalán, se habló también en la región sur de Campeche.
21 (Smailus 1975:54).
22 Ver Scholes y Roys 1996:337, Smailus 1975:171; Dakin 2010:227.
23 Como en la frases del Clásico: chumlaj ti ajawil ‘se asentó en el señorío’ o chumwan ta ajawlel ‘se asentó en el señorío’ y en la misma fórmula del Chontal colonial chumuanix ta ahaulel ‘se asentó en el señorío’.
24 La lengua K’iche’ pertenece al grupo K’iche’ano, junto con el Kaqchiquel, Tz’utujil, Sipakapense y Sakapulteko, de la región guatemalteca.
25 (Acuña 2005:497).
26 (Acuña 2005:135 y 399).
27 (Acuña 1983:328).
28 (Acuña 1983:CXCIX).
29 Algunos de los significados de grave, son: ‘grande, de mucha entidad o importancia; circunspecto, serio, que causa respeto y veneración’ (RAE).
30 (Feldman 2000:394).
31 (Feldman 2000:46). Aparece como magestad. El término k’ak’al ‘grandeza’ literalmente sería ‘fogoso’ o ‘como el sol’, deriva de k’ak ‘fuego’.
32 (Haeserijn 1979:321).
33 (Sedat 1955:69). Otro significado asociado es tinamit. También se registra teep: ‘tanda, parte, barrio’, aunque algunos de estos términos también podrían asociarse con la voz nahua tepan ‘lugar rocoso’.
34 (Campbell 1970 y 1983:85, Barrera y Rendón 1972:154).
35 (Recinos 1993:137 y 164), ver también Christenson 2007:52; Tedlock 1993:342.
36 (Craveri 2007:105, 571, 711). En Nahuatl, el sonido de la /w/ se representa con el dígrafo /hu/ o /uh/, aunque a veces solo con la /u/.
37 (Molina 1880:102).
38 (Molina 1880:81).
39 (Simeón 1992:381). En Nahuatl actual peehua significa ‘comenzar, hacer algo’ (Karttunen 1992:191).
40 (Karttunen 1992:215).
41 Y NO el que es vencido o sometido. El sufijo -ni forma el nombre del oficial que habitualmente ejerce la acción.
42 En ortografía actual, sería Teepeewatzin.
43 (Bierhost 1985:312). Tepehuatzin o tepeuatzin también fue un hijo del rey Tizoc (Simeón 1992:495). El sufijo -tzin funciona como honorífico.
44 (Simeón 1992:572).
45 (GDN).
46 La adopción de esta raíz lingüística se habría dado debido a que la mayoría de las palabras en lenguas mayas tienen la forma CVC o CVCVC (donde C= consonante y V= vocal, tepew es CVCVC).
47 (Brinton 1882:123).
48 El texto original dice: “…ca uliob uaye yetel Holon-Chan-Tepeuh yetel u cuchulob…”.Se tradujo considerando Holom como derivada de Hol ‘cabeza’, Chan como ‘serpiente’ o bien, como ‘cielo’ y Tepeu como ‘gobernante’ o ‘conquistador’. Chan Tepeu como ‘gobernante celeste/divino’ también podría ser apropiada.
49 (Edmonson 1986:56). El término Rey ah tepale bien podría traducirse como ‘Dios Rey’.
50 (Edmonson 1986:100).
51 (Quezada y Okoshi 2001:29).
52 (Quezada y Okoshi 2001:64).
53 En ortografía actual sería Noj Ajaw y puede traducirse como ‘gran señor/rey’, y Rey ah tepal podría ser ‘rey emperador’ o ‘Rey majestad’.
54 (Arzápalo 1987:365).
55 (Quezada 2014).
56 (Christenson 2007:52). Nótese que Q’ukumatz significa ‘serpiente emplumada’.
57 (Tedlock 1993:342); (Recinos 1993:164).
58 (Craveri 2007:711).
59 Algunos académicos han considerado que los términos Tepew y Q’ukumatz refieren a dos entidades diferentes, algo que es erróneo (ver Sam Colop 2008:28). Los diccionarios K’iche’ y Kaqchiquel dejan claro que Tepew funcionó de manera predominante como adjetivo.
60 Cauké o Cauque es una región de Guatemala.
61 (Recinos 1980:71).
62 Ver, por ejemplo, Justeson et al 1985:25.
63 Ver, por ejemplo, : https://forebears.io/surnames/tepeu. Entre algunos pueblos nahuas, la voz Tepewa designa a los dueños mitológicos de las montañas o del monte, pero es una palabra con un origen diferente al de Tepal y al Tepew de los altos de Guatemala.
64 (Bracamonte 2003:95 y 140).

Bibliografía

Acuña, René (ed.)
1993 Bocabulario de Maya Than, México, D.F., UNAM.
2001 Calepino Maya de Motul. Plaza y Valdez, México.
2005 Vocabulario de lengua quiché de Domingo de Basseta, IIFL, CEM, UNAM, México, D.F.
1983 Thesaurus verboru[m]: vocabulario de la lengua cakchiquel v[el] guatemalteca: nuevamente hecho y recopilado con summo estudio, travajo y erudición, México, UNAM.

Arzápalo Marín, Ramón (ed.)
1987 El Ritual de los Bacabes. Edición facsimilar con transcripción rítmica, traducción, notas, índice, glosario y cómputos estadísticas (Fuentes para el estudio de la cultura maya, 5). UNAM, México.

Barrera Vásquez, Alfredo (ed.)
1980 Diccionario Maya Cordemex. Mexico: Ediciones Cordemex

Barrera Vásquez, Alfredo y Silvia Rendón (eds.)
1972 Libro de los libros del Chilam Balam, FCE, México.

Bierhorst, John
1985 Cantares Mexicanos. Song of Aztecs. Translated from the Nahuatl, with and Introduction and Commentary, Stanford University Press, California.

Bolles, David
2010 Combined Mayan-Spanish and Spanish Mayan Vocabularies.

Bracamonte y Sosa, Pedro
2003 Los Mayas y la tierra: la propiedad indígena en el Yucatán colonial. Serie Estudios colección Peninsular.

Bricker, Victoria, Eleuterio Poot Yah y Ofelia Dzul
1998 A Dictionary of the Maya Language as Spoken in Hocabá, Yucatán. Salt Lake City: The University of Utah Press.

Brinton, Daniel G.
1882 The Maya Chronicles. Library of Aboriginal American Literature 1. D.G. Brinton, Philadelphia.

Dakin, Karen
2010 “Linguistic Evidence for Historical Contacts between Nahuas and Northern Lowland Mayan Speakers”, en Astronomers, Scribes, and Priests: Intellectual Interchange between the Northern Maya Lowlands and Highland Mexico in the Late Postclassic Period, ed. Gabrielle Vail y Christine Hernández, pp.217-240, Dumbarton Oaks, Washington, D.C.

Campbell, Lyle
1983 «Préstamos lingüísticos en el Popol Vuh», en Nuevas perspectivas sobre el Popol Vuh, ed. Robert M. Carmack y Francisco Morales Santos, pp. 81–86, Piedra Santa, Guatemala.

Christenson, Allen J.
2007 Popol Vuh: Sacred Book of the Quiché Maya People. MESOWEB.
http://www.mesoweb.com/publications/Christenson/PopolVuh.pdf

Craveri Slaviero, Michela Elisa
2007 El Popol Vuh y su función poética : análisis literario y estudio crítico del texto K’iche’. (Tesis de Doctorado). UNAM.

Edmonson, Munro S.
1986 Heaven Born Merida and Its Destiny: The Book of Chilam Balam of Chumayel. University of Texas Press, Austin

Feldman, Lawrence
2000 Pokom Maya and Their Colonial Dictionaries, FAMSI.

Forebears: Names & Genealogy Resources
https://forebears.io/surnames/mex

Gran Diccionario Náhuatl
http://www.gdn.unam.mx/termino/search

Haeserijn, Esteban
1979 Diccionario Kʼekchiʼ español, Editorial Piedra Santa, Guatemala.

Karttunen, Frances
1992 An Analytical Dictionary of Nahuatl. University of Oklahoma Press

Molina, Alonso de
1880 Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana, edición facsimilar, Leipzig: Julios Platzman.

Multepal
https://multepal.spanitalport.virginia.edu/node/636

Quezada, Sergio
2014 Maya lords and lordship. The Formation of Colonial Society in Yucatán, 1350–1600. University of Oklahoma Press Norman

Quezada, Sergio, y Tsubasa Okoshi Harada
2001 Papeles de Los Xiu de Yaxá, Yucatán. UNAM.

Diccionario de la lengua española (RAE)
https://dle.rae.es/

Recinos, Adrián
1980 Memorial de Sololá: Anales de los cakchiqueles. Fondo de Cultura Económica, México.
1993 Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché.

Roys, Ralph
1940 “Personal names of the maya of Yucatan”. En Contributions to American anthropology and history. Vol. 6, num. 31. Washington D.C., Carnegie Institution of Washington. Traducción al español: Roldán Peniche Barrera, Versión revisada y comentada por Alfredo Barrera Vásquez.

Sam Colop, Luis Enrique
2008 Popol Wuj, Traducción al español y notas. Cholsamaj, Ciudad de Guatemala.

Sedat, William
1955 Nuevo diccionario de las lenguas K’ekchi’ y Española. Chamelco, Alta Verapaz, Guatemala: ILV.

Siméon, Rémi
1992 Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana. Siglo XXI.

Justeson, John S., William M. Norman, Lyle Campbell, y Terrence Kaufman
1985 The Foreign Impact on Lowland Mayan Language and Script. MARI, Pub. 53. Tulane University, New Orleans.

Scholes, Frances V. y Roys, Ralph (eds.)
1996 Los chontales de Acalán-Tixchel. UNAM / CIESAS, México.

Smailus, Ortwin
1975 El maya-chontal de Acalan: Análisis lingüístico de un documento de los años 1610–13. CEM, Cuaderno no. 9. UNAM, México, D.F.

Tedlock, Dennis
1993 Popol vuh : el libro maya del albor de la vida y las glorias de dioses y reyes.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

CONTACTO
Correo: arq.will.mex@gmail.com * MSJ / TXT: Cel. (WhatsApp) (+52) 999 334 6689