Notas sobre la toponimia maya de la península de Yucatán

por William H. Mex

última modificación: 16 de noviembre de 2025

Introducción

El objetivo de este trabajo es presentar un acercamiento al análisis de los topónimos de la península de Yucatán considerando principalmente aspectos lingüísticos. Como es bien conocido, en la región peninsular (que comprende los actuales estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo), existió desde épocas prehispánicas una toponimia predominantemente de origen maya. Aunque la mayoría de esos nombres se han preservado hasta la actualidad, muchos han cambiado, han perdido su significado o han sido reinterpretados (en forma o traducción), a veces por los mismos mayahablantes. Este trabajo revisa brevemente las bases para catalogar, analizar y, en algunos casos, recuperar los significados modernos o antiguos de algunos topónimos.

Los estratos de la toponimia mesoamericana antigua y actual

La toponimia forma parte de la onomástica y se puede considerar como la disciplina que estudia el significado y origen de los nombres de los lugares. El topónimo es el nombre propio que designa a cualquier lugar y puede referir a sitios en los que las personas habitan permanente u ocasionalmente. Los topónimos, en general, son descriptivos, ya que refieren a los eventos o aspectos que les dieron origen. Para concebir topónimos, los idiomas usan sus propios recursos lingüísticos de acuerdo con los elementos gramaticales característicos de la creación de nombres 1.  

De manera general, los topónimos se pueden clasificar como orográficos (motivados por la presencia de elevaciones, depresiones, planicies y cavidades), hidrológicos (que refieren a la presencia de agua en sus diferentes formas), zoológicos (motivados por la presencia de animales) y botánicos (por la presencia de árboles y plantas) 2.

A veces, los topónimos también son creados a partir de los nombres de deidades o personajes mitológicos, con base en referencias a personajes históricos o de acuerdo con sucesos que ocurrieron en un lugar; considerando elementos arquitectónicos, tomando en cuenta los nombres de grupos étnicos, tribus o pueblos, reutilizando nombres ya existentes o valorando aspectos religiosos, culturales o filosóficos particulares de cada cultura 3.  

Desde una perspectiva histórica, León-Portilla4 analiza los topónimos de México y los clasifica según sus características generales. Aunque su análisis se enfoca en el México prehispánico, colonial y actual, es posible aplicar algunos parámetros del mismo al estudio de la toponimia de la mayor parte de Mesoamérica.

El estrato más antiguo de la región incluye topónimos de origen prehispánico que en la mayoría de los casos son descriptivos y refieren a algún elemento del paisaje. El segundo estrato incluye los topónimos de origen nahuatl. El tercer estrato apareció con la llegada de los españoles, este hecho provocó en algunos casos la alteración o sustitución de nombres, causó que se implantaran palabras de origen español o que éstas se combinaran con palabras indígenas e igualmente llegaron topónimos de diverso origen que ya se usaban en España. El cuarto estrato incluye diversos topónimos posteriores al contacto, sobre todo los que se originaron en la antigua Mesoamérica, en la antigua España, en África, e incluso aquellos de origen inglés. Finalmente, el otro estrato incluye a aquellos topónimos que surgieron para honrar a héroes o figuras nacionales relevantes, principalmente después de la Independencia y de la Revolución 5.

Los prefijos y sufijos de la toponimia maya peninsular

A continuación, se abordarán los topónimos mayas peninsulares en primera instancia desde una perspectiva lingüística, para después abordar otros aspectos culturales de los mismos.

Como bien menciona Guzmán 6, los idiomas aprovechan unidades léxicas que ya poseen para crear topónimos. Estos elementos, usualmente sustantivos y adjetivos, se usan (solos o acompañados por otros elementos gramaticales) para describir, explicar y especificar aquello que es relevante en el medio ambiente (ya sean árboles, cuevas, animales, etc.) para una determinada población. También usan afijos toponímicos o locativos que indican que algún elemento se ubica en relación con otro elemento, como en aquellos nombres que se traducen como “Debajo de X” o “En la cima de X”. También es importante mencionar que algunos elementos del lenguaje que aparecen de manera común en los topónimos pueden pasar a considerarse “marcas toponímicas” o “locativos”, es decir se gramaticalizan 7.

Antes de realizar la traducción de los topónimos mayas, es necesario analizar algunos de los elementos gramaticales que los componen. Los prefijos/preposiciones más comunes en la toponimia maya peninsular son ta, te y ti, que significan ‘en, hacia, con, para’, ‘allí donde hay/está’ o bien, en contexto, se pueden traducir como ‘lugar de’ 8. Como ejemplos de topónimos con este prefijo tenemos Ticul, Timucuy, Tixcacalcupul, Tixkokob, Tahdziu, Tahmek, Tahdzibilchen, Tekom, Tekax, Teya, Tepakan y Tekal 9. Así, al analizar morfológicamente las palabras, se infiere que el elemento gramatical que no varía es el prefijo o preposición y lo que aparece después es otro elemento léxico; en la mayoría de las ocasiones este puede ser un sustantivo que refiere a plantas, animales u otros elementos.

Otro elemento gramatical común en la toponimia es el sufijo -il, que aparece usualmente al final de la palabra y puede funcionar como sufijo abstractivizador, indicar la procedencia de algo o bien, indicar la posesión de un elemento 10. Como ejemplos de topónimos con este sufijo, tenemos Kantunil, Akil, Cuzamil11, Uaymil, Yaxcopoil y Cisteil 12. El elemento léxico que se ubica a la izquierda del sufijo puede ser un sustantivo y este sufijo también puede aparecer con el prefijo ti/ta/te en un mismo nombre, como en Tixkuncheil.

Con base en lo ya explicado, se infiere que las dos maneras básicas que tiene la lengua maya peninsular de formar topónimos son:

1.- Colocar un prefijo locativo antes de una o varias palabras o bien

2.- Colocar un sufijo (que puede tener varias funciones) después de una o varias palabras.

Un nombre de lugar con prefijo locativo/preposición se analizaría en primera instancia de la siguiente manera:

Ticul

Ti-cul

preposición-sustantivo

Y un nombre con sufijo se analizaría así:

Cuzamil

Cuzam-il

sustantivo-sufijo

Después de este análisis, se puede proceder a traducir el topónimo considerando todos sus elementos. El primero, Ticul, se puede traducir como ‘lugar del asentamiento’ o bien, ‘lugar del arbusto’13 y el segundo, Cuzamil, se traduce usualmente como ‘lugar de las golondrinas’ 14. Otra manera de traducir el primer nombre sería ‘donde está el arbusto’ y, la traducción más literal del segundo término sería ‘golondrinal’ o ‘golondrinero’; en cualquier caso se entiende que estos topónimos indican en qué lugar (o población) se puede encontrar un tipo de arbusto y golondrinas, respectivamente.

Una vez que han sido identificados los elementos gramaticales presentes en la formación de topónimos, se puede hacer un análisis más cuidadoso incluso si no se conoce el significado de los otros elementos. El siguiente apartado considerará la traducción de los componentes toponímicos en conjunto.

Los sustantivos de la toponimia maya peninsular y su traducción

Como se mencionó anteriormente, un grupo humano puede nombrar a los lugares con base en los elementos de la geografía que considera relevantes para su comunidad y, por extensión, para su supervivencia. Al revisar la lista de topónimos peninsulares de Brito 15, es posible detectar cuáles son los sustantivos más comunes en la toponimia maya (sin considerar los prefijos o sufijos ya mencionados). Esto nos ayuda a saber qué elementos de la geografía eran importantes para las personas de esa región y, además, permite indagar en los motivos involucrados en la creación de topónimos.

Por razones de espacio, solo se mencionarán cuatro sustantivos, lo cuales usualmente se encuentran en la parte final del topónimo: -a, -tun, -chen y -te/-che 16. Se presentarán tres ejemplos de topónimos recopilados por Brito17 en donde aparecen cada uno de esos sustantivos y se realizarán observaciones con respecto a la traducción y ciertos procesos lingüísticos que ocurren en estos nombres. 

El primer elemento más común es el sustantivo ja’, que significa ‘agua, cuerpo de agua, aguada’ y aparece en nombres como Chauaca (chawak ‘extenso’ y ja’ ‘agua’ = ‘río, laguna extensa’), Cuzamá (kusam ‘golondrina’ y ja’ ‘agua’ = aguada de golondrina(s)) y Uayma (wayúum ‘huaya’ [tipo de árbol] y ja’ ‘agua’ = aguada del árbol wayúum) 18. Este tipo de nombres se pueden clasificar en tres grupos: aquellos que describen algún aspecto del agua (y constan de un adjetivo más un sustantivo); aquellos que relacionan los cuerpos de agua con algún animal (sustantivo más sustantivo) y aquellos que relacionan un árbol o una planta con un cuerpo de agua (y también contienen dos sustantivos). En primera instancia, estos topónimos resaltan la importancia que el vital líquido tenía para los antiguos mayas.

El segundo grupo más común lo conforman aquellos topónimos que tienen la palabra tun ‘piedra, roca’. Se encuentran nombres como Chactun (chak ‘rojo’ y tuun ‘piedra’ = ‘piedra roja’), Kantunil (k’an ‘amarillo’, tuun ‘piedra’, –il abstractivizador = ‘lugar de piedra amarilla’ o ‘pedregal amarillento’) y Pustunich (p’us ‘jorobado’ y tuunich ‘piedra’ = ‘piedra jorobada’). Los topónimos de este grupo usualmente no relacionan a las piedras con otros elementos del paisaje, solamente indican la cualidad o alguna característica del elemento pétreo. Sin embargo, se puede inferir que estos topónimos se crearon para resaltar la importancia de los diferentes tipos de rocas como material de construcción o de elaboración de monumentos. Y así como los topónimos del primer grupo indican dónde se puede hallar agua, los del segundo grupo a veces indican dónde se puede encontrar un tipo de piedra específica.

El tercer grupo lo conforman topónimos que usan la palabra chen (ch’e’en) ‘pozo, cueva, cavidad acuosa’. Como ejemplos tenemos Chucmichen (chukum ‘tipo de árbol’, –il sufijo de relación y ch’e’en ‘pozo’ = ‘pozo del árbol chukum’), Catzinchen (katsim ‘tipo de árbol’ y ch’e’en ‘pozo’ = ‘pozo del árbol katsim’) y Bacabchen (bakab ‘tipo de deidad maya’ y ch’e’en ‘pozo’ = ‘pozo (del dios) bakab’). Este tipo de nombres usualmente no resaltan una característica de los pozos, si no que remarcan la relación de los pozos con los árboles. Esto podría deberse a que algunos árboles crecen de manera común cerca de fuentes de agua y, por lo tanto, sirven como guías para encontrar el vital líquido.

El último grupo contiene topónimos que usan la palabra che’ / te’ que significa ‘árbol, madera, palo’ 19. Así, tenemos Dzidzilche (ts’il ‘pelado’ y che’ ‘árbol’ = ‘árbol pelado/que se pela’) 20, Tixcacauche (ti prefijo locativo, kakaw ‘cacao’ y che’ ‘árbol’ = ‘árbol de cacao’) y Yaxche (ya’ax ‘verde’ che’ ‘árbol’ = ‘árbol verde’, ‘ceiba’) 21. Algunos de estos topónimos indican la característica más notable de los árboles pero otros, como Tixcacauche, parecen solo referir al nombre maya de dicho árbol.

De acuerdo con la clasificación de Guzmán 22, los topónimos más comunes en las regiones del mundo son los hidrológicos, orográficos y botánicos. En la península también parecen ser los más comunes. Obviamente, el hecho de que los ríos sean escasos y de que la piedra domine el paisaje peninsular habría dado lugar a la creación de ese tipo de topónimos. Es necesario remarcar que el elemento que se resalta en los nombres hidrológicos es el agua y no otro, como podrían ser los cenotes (ts’ono’ot, con ortografía actual), tan conocidos en la región y, así mismo, las cuevas y árboles parecen haber sido importantes principalmente por su relación con el recurso hídrico.

Cabe mencionar que cuando aparecen las traducciones de los topónimos en los textos coloniales de la península, pueden ayudar a corroborar o descartar los significados antiguos de los nombres. Tal es el caso de la Relación de Dzan, Muna y Panabchen realizada por Alonso Rosado a finales del siglo dieciséis. Ese texto explica en una sección que el nombre Panabchen (con ortografía actual, Páana’ab ch’e’en) significa ‘pozo cavado’ y que Muana (Muwan ja’) quiere decir ‘agua de gavilán’ y, además, menciona que esos nombres fueron creados por los primeros pobladores 23.

Pero en ocasiones las Relaciones registran etimologías populares o paretimologías, es decir, reinterpretaciones del significado de los topónimos hechas por la semejanza que tiene el mismo con otras palabras. Por ejemplo, una Relación registra que Chacan (Chak’an) «quiere decir daca el mecate, porque cha quiere decir toma, y can quiere decir mecate, digo cordel, y así decían chacan toma el mecate»24. Sin embargo, la revisión de cualquier diccionario maya deja ver que la palabra Chak’an significa ‘sabana, campo llano’, y este significado concuerda con los significados que predominan para otros topónimos en la península, ya que es una referencia al paisaje . 25

Una nota sobre la historia, la traducción y la toponimia maya peninsular

Como ha sido mencionado, la toponimia de origen maya es la que predomina en la región peninsular y, además, los topónimos originarios de otras lenguas mesoamericanas son escasos.

Para el caso del estrato toponímico 2 de León-Portilla 26, es posible encontrar algunos ejemplos en la región. Uno de los casos más conocidos, y cuyo origen aún no ha sido resuelto, es el de la palabra Yucatán, que algunas fuentes afirman que proviene de la expresión ma’ na’atik a t’aan ‘no entiendo tu habla’, u’uy u t’aan ‘escucha cómo habla’ o ki’ u t’aan ‘su habla es agradable’ 27. El nombre del estado pudo originarse a partir de un malentendido entre mayas y españoles, por lo que Yucatán sería una palabra inventada o producto de palabras tergiversadas. Sin embargo, algunos académicos consideran que el topónimo se originó con base en la palabra Yuuk, que refiere al venado pequeño o temazate y el sufijo locativo tan 28, por lo que la forma antigua pudo haber sido algo como Yuukaltaan ‘donde se encuentra el venado Yuuk’ 29. Aunque es un problema no resuelto, el hecho de que en épocas antiguas el venado haya sido importante en la región sirve para favorecer la segunda traducción.

También en ese estrato encontramos algunos nombres conocidos que revelan la sustitución de la toponimia maya por la toponimia española del siglo dieciséis. Uno de los casos más conocidos es el de la ciudad del oriente de Yucatán llamada Valladolid, cuyo nombre maya se registró como Zaci o Zacihual y que significaba algo parecido a ‘(lugar del) gavilán blanco’. El nombre hispano fue impuesto por Don Francisco de Montejo “El sobrino” a mediados del siglo dieciséis 30. Pero, a pesar de que el nombre de la ciudad fue cambiado, el recuerdo del nombre maya antiguo aún prevalece en la población.

Para terminar con esta sección, se mencionará un nombre de ciudad que pertenece al estrato toponímico 5 de León-Portilla, el de la ciudad de Motul (Yucatán), que debe su nombre a su fundador histórico de origen maya. Sin embargo, esta ciudad cambió su nombre oficial a Motul de Carrillo Puerto, en honor a Felipe Carrillo Puerto, ex-gobernador del estado, quien fue asesinado en 1924 31.

Observaciones finales

La importancia de los recursos naturales favoreció la creación de la toponimia maya que aún prevalece en la península de Yucatán. Aunque en algunos casos los significados de los topónimos o la forma de escribirlos ha cambiado, un análisis lingüístico que considere los datos aquí expuestos ayuda a resolver algunas de esas problemáticas.

Algunos textos coloniales relacionados con los pleitos por la propiedad en la época colonial nos dejan ver cuál era la motivación para la creación de topónimos y la importancia de los elementos del paisaje para el territorio. Por ejemplo, un documento del Archivo General de la Nación (AGN) expuesto por Matías y Sebastián Noh en relación con un pleito de tierras, menciona la descripción de los límites de su terreno de esta manera:

[…] una tabla de monte que se haya en Xhokchil que heredé en testamento de mi abuelo Pablo Puc como tres cuadras de Xucen al bajío de una tierra negra, a la orilla de la milpa de los nohes […] Estos montes como el testamento provino de los antepasados. Otro tablaje en Cheb girando al oriente hasta llegar a Ixima, esquina dando vuelta al norte en Xpaakab (chen) faldeando el camino hasta llegar a un árbol kulinché en donde está una sarteneja nombrada Chachaltún, al oriente de ésta una mojonera, la esquina girando al poniente pasa de largo, en donde tuvo colmenar Juan Chablé, hasta llegar al pozo del cacique Xeque, esquina dando vuelta al sur pasando por un terreno nombrado Sacyeb hasta llegar a Cheb otra vez, en donde comenzó. Estos montes los dejo a manos de mi hijo don Matías Noh, con los papeles, y en éstas han de labrar todos mis parientes […] 32.

Este fragmento remarca algunos elementos del paisaje que, además de delimitar el territorio, en algunos casos pasaron a nombrar partes del mismo, como en el caso de Kulinche, nombre de un rancho actual de Yucatán. Otros nombres, aunque no sean tan comunes, confirman la importancia de los elementos o recursos ya mencionados anteriormente: Ixima significa ‘aguada del ixim’ (un tipo de insecto), Xpaakabchen significa ‘umbral del pozo’, y Chachaltun significa ‘sarteneja’. Como no existía en la sociedad maya precolombina una delimitación lineal del territorio, éste se marcaba por medio de estos elementos, los cuáles, además, ayudaban a formar un mapa mental para ubicarse y hallar los recursos naturales. Seguramente esto también influyó para que los nombres de los lugares se conservaran 33.

Topónimo Uxte’ tun ‘lugar de tres piedras/monumentos’, relacionado con Calakmul, Campeche.

BIBLIOGRAFÍA

Bracamonte y Sosa, Pedro. 2003 Los mayas y la tierra. La propiedad indígena en el Yucatán colonial. CIESAS, Instituto de cultura de Yucatán. Miguel Ángel Porrúa, Ciudad de México.

Bricker, Victoria. 2019  A Historical Grammar of the Maya Language of Yucatan, 1557-2000.  University of Utah Press, Salt Lake City.

Brito Sansores, William.1981 La escritura de los Mayas: jeroglíficos, Chilam Balames y toponímicos. Miguel Ángel Porrúa, Ciudad de México.

Garza, Mercedes de la, Ana Luisa Izquierdo, Ma. Del Carmen León y Tolita Figueroa (eds.). 1983 Relaciones histórico-geográficas de la Gobernación de Yucatán (Mérida, Valladolid y Tabasco), Vol 1., UNAM, IIFL, México, D.F.

Gobierno del Estado de Yucatán. 2024 Motul. https://www.yucatan.gob.mx/estado/ver_municipio.php?id=52  [consultado en octubre de 2024].

Guzmán Betancourt, Ignacio. 1987 La toponimia. Introducción general al estudio de nombres de lugar. En De toponimia…y topónimos. Contribuciones al estudio de nombres de lugar provenientes de lenguas indígenas de México. Guzmán Betancourt, Ignacio (coordinador). INAH, México. D.F. pp.13-40.

INEGI. 2024 Catálogo Único de Claves de Áreas Geoestadísticas Estatales, Municipales y Localidades https://www.inegi.org.mx/app/ageeml/  [consultado en octubre de 2024].

León-Portilla, Miguel. 2010 “La multilingüe toponimia de México: sus estratos milenarios”. En: Obras de Miguel León-Portilla, Tomo VI, Lingüística. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas/COLNAL, Ciudad de México, pp. 171-206.

Mentz, Brígida von. 2017 “Topónimos y cronología: notas sobre una puerta distinta al estudio del pasado”. Historia Mexicana, LXVII, pp. 7-59.

NOTAS

  1. (Guzmán, 1987: 14-18). Guzmán también incluye los topónimos cromáticos (que aluden al color de algún elemento del paisaje). En realidad, considero que esta última categoría incluye algunas de las otras antes mencionadas, ya que usualmente se indica el color de algún elemento del lugar (ej. Mar Bermejo, Laguna Azul, etc., como bien menciona el mismo Guzmán) y no se crea el topónimo únicamente considerando el color (sería raro encontrar un nombre como “Lugar del verde” o “Lugar del color azul”). ↩︎
  2. (Guzmán, 1987: 19-22) ↩︎
  3. (Guzmán, 1987: 22-25) ↩︎
  4. (2010) ↩︎
  5. (León-Portilla, 2010: 173-183) ↩︎
  6. (1987: 25) ↩︎
  7. (Guzmán, 1987: 27) ↩︎
  8. (Brito, 1981: 35) ↩︎
  9. (INEGI, 2024). La ortografía que se conservó para los topónimos mayas peninsulares es diferente a la que se usa para la lengua maya peninsular actual. Cabe mencionar que la página del INEGI solamente tiene el listado de las poblaciones, no ofrece las traducciones ni hace el análisis de los elementos del topónimo. ↩︎
  10. (Bricker, 2019: 202; Brito, 1981: 136). Con abstractivizador, aquí se indica un elemento gramatical que a partir de sustantivos concretos forma sustantivos abstractos. Por ejemplo de la palabra batab ‘cacique’, se deriva batabil ‘cacicazgo’, usando el sufijo -il. ↩︎
  11. Cuzamil es una de las formas en como se registró el nombre de la isla Cozumel. ↩︎
  12. (INEGI, 2024) ↩︎
  13. Sin embargo, hay que notar también que Ticul parece ser un nombre incompleto, ya que en la península se encuentra el topónimo Bolonchenticul (Bolonchén de Rejón), que sería la forma original del primer nombre. ↩︎
  14. (Brito, 1981: 189) ↩︎
  15. (1981: 136-146) ↩︎
  16. Con ortografía actual, estos sustantivo se escribirían como ja’, tuun, ch’e’en, te’/che’. Entre paréntesis se presentan los nombres con la ortografía moderna de la lengua maya. ↩︎
  17. (1981: 136-146) ↩︎
  18. En la ortografía colonial muchas veces solo se registró esta palabra como /a/, debido a que la /j/ inicial de la palabra, al ser un sonido suave y casi imperceptible, se pierde en la pronunciación común. ↩︎
  19. La palabra che’ es de origen maya peninsular y la forma te’ (que es un cognado de la primera palabra) tiene su origen en otra lengua maya ↩︎
  20. El primer elemento de este nombre, ts’il, aparece parcialmente reduplicado, como ts’its’il. Esto debe indicar una característica de la corteza del árbol, posiblemente que está ligeramente pelada. En un sentido estricto, el nombre haría referencia al árbol cuya corteza tiene la apariencia de estar ligeramente pelada. ↩︎
  21. En este caso, la ortografía tradicional no permite saber si la palabra que se registró era ya’ax ‘verde’ o yáax ‘primero/primigenio’. El topónimo se podría traducir como ‘árbol verde’ o ‘árbol primigenio’, en cualquier caso, es claro que refiere a la ceiba. ↩︎
  22. (1981) ↩︎
  23. (Garza et al., 1983:1:252) ↩︎
  24. (De la Garza et al. 1983:1:342) ↩︎
  25. No deja de ser interesante que otra paretimología se haya usado en la actualidad para un topónimo que tiene la palabra Chak’an también: Nohchakan (Noj Chak’an, con ortografía actual), comisaría de Cuzamá. El letrero de esta comisaría tiene la traducción de ‘hamaca grande’, etimología que se deriva por la semejanza entre la primera parte del nombre, Nohch- y la palabra Nohoch/Nojoch ‘grande, inmenso’ y por la semejanza entre -kan/-k’an y la palabra para ‘hamaca’ k’áan. Agradezco a José Ic Xec (comunicación personal, agosto de 2023) por haberme hecho notar esto. ↩︎
  26. (2010) ↩︎
  27. (Brito, 1981: 130) ↩︎
  28. Este sufijo también se encuentra en otras lenguas mayas, como el huasteco/ teenek, tal y como menciona Mentz (2017). ↩︎
  29. (Brito, 1981: 133) ↩︎
  30. (Gobierno del Estado de Yucatán, 2024) ↩︎
  31. (Gobierno del estado de Yucatán, 2024) ↩︎
  32. (Bracamonte, 2003: 97) ↩︎
  33. Una parte del contenido de este texto ha sido inspirado por la lectura del libro Place Names. Approaches and Perspectives in Toponymy and Toponomastics de Francesco Perono Cacciafoco y Francesco Paolo Cavallaro (2023) ↩︎

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¿Qué significa la palabra píib?

por William H. Mex

Este breve texto hace una revisión de los distintos significados que la palabra píib / piib ha tenido dentro de varios contextos en la región maya. Si bien es conocido que la voz pib se usa en la actualidad principalmente por hispanohablantes para designar a un tamal grande preparado en fechas cercanas al Día de muertos, en un principio, la palabra designaba a otra cosa. Como se verá, los orígenes de la palabra se encuentran en las inscripciones jeroglíficas del siglo siete de nuestra era, pero sus significados también se infieren en textos coloniales y, en la actualidad, la palabra sigue teniendo cambios interesantes.

El término pib en el período colonial (siglos 16-18)

En las primeras dos partes del trabajo, se hace una revisión de las palabras y términos relacionados con la voz píib / piib en la mayoría de los diccionarios y fuentes coloniales y actuales de las lenguas mayas, así como en algunos trabajos etnográficos. No se pretende hacer un análisis profundo de los términos relacionados con el día de muertos, más bien, se revisan las varias fuentes de los textos antiguos para darse una idea de los cambios de significado de una sola palabra.

Una de las fuentes escritas con caracteres latinos más antiguas del área maya es el Calepino Maya de Motul. Este diccionario, que recopila términos del maya yucateco principalmente de finales del siglo 16, registró la voz pib como sustantivo: ‘baño o temazcal en que se purificaban las parturientas o recién paridas, y el hornillo en que se asaban calabazas, carnes, etc., debajo de tierra’, y también como verbo: pib ‘asar debajo de tierra carne, calabazas, etc.’[1]. También registra la voz pibaan ‘cosa asada debajo de tierra en los hornillos dichos pib’ y pib bil o pibil ‘lo asado debajo de tierra en los tales hornillos pib’. El Bocabulario Maya Than, casi de la misma época, también recopila voces parecidas: pib ‘baño en que entran las indias recién paridas y otros enfermos’; pib ba ‘bañarse en este baño’ y pan pib ‘hacer el horno en que se cuecen gallos y gallinas debajo de la tierra’, entre otras voces (esta última dicción usa la voz pan ‘excavar’)[2].

Otro término interesante que registra el Bocabulario es pib cab ‘cama de puercos, citames o de casta, que hacen’. Es interesante que, en este caso, ‘cama’ es igual a lo que se conoce como ‘barbacoa’, por lo que la dicción recopilada refiere a la barbacoa de puerco, que es el antecedente de la famosa cochinita pibil, como bien remarca René Acuña (1993).

Cabe indicar que uno de los sufijos usados en estos términos es -aan, que, añadido a la raíz del verbo (pib) sirve para formar el participio ‘asado, asada’. El mismo sufijo aparece en otras palabras mayas como dzibaan ‘escrito’, alaan ‘dicho’ y mizaan ‘barrido’. Otro sufijo es bil, que forma participios a partir de verbos transitivos, como en el caso de kakbil ‘cosa asada’, caxanbil ‘cosa hallada’ y por supuesto, mucbil ‘cosa enterrada’ (palabra que aún se usa en términos compuestos como mucbilpollo) (ver Smailus 1989). Al final de este trabajo se ponen otros ejemplos del uso de la palabra en distintas oraciones[3].   

Con esto queda claro que los significados principales de pib eran ‘horno subterráneo’, ‘baño (edificio) de vapor’ (usualmente conocido como temazcal) y también ‘asar bajo la tierra’.

Otra fuente fidedigna recopilada con caracteres latinos alrededor del siglo 18, donde se menciona la palabra pib, es el texto esotérico conocido como Ritual de los Bacabes. En el folio 180, en una sección relacionada con los conjuros para apaciguar las enfermedades, se menciona un ‘texto [o palabras] para el enfriamiento del pib’, en maya colonial: u thanil u siscunabal pib lae. El texto hace una analogía entre apagar el horno subterráneo con agua y calmar la enfermedad del cuerpo humano. En una sección declara: “¿serán trece mis cántaros de agua de cenote? Trece son mis medidas de agua de granizo que se filtraron en la laja”. Sería interesante profundizar entre el uso del pib en ese contexto, seguramente relacionado con el temazcal para el tratamiento de enfermedades y dolencias[4].

El famosísimo Chilam Balam de Chumayel, texto del siglo 17, en una sección relacionada con los acertijos y el lenguaje suyua, también menciona varias comidas ‘cocidas en el pib’. Por ejemplo, se comparan los huesos enterrados del padre con la mandioca que se pide cocida así:

he x lic u katice lay tz’iine pibbil [subrayado mío]

‘lo que está pidiendo es la mandioca, horneada bajo tierra’

De aquí se deduce que pibil tz’in la ‘mandioca asada’, es algo que se consumía desde tiempos antiguos. En otra sección se compara el tronco del henequén con la cabeza del cerdo silvestre (kéek’en, con ortografía actual):

he x lic u katice u pol keken[e] pibbil [subrayado mío]

‘lo que está pidiendo es la cabeza del cerdo silvestre, horneada bajo tierra’  

También se menciona al macal o ñame (cocido bajo la tierra), como pibil macal y la mazorca de maíz (también cocida), como pibil nal. Con estos ejemplos mencionados, es claro que el significado antiguo más común de pib era ‘horno subterráneo’ y ‘cocer en el horno subterráneo’, según las fuentes alfabéticas mayas de la etapa colonial.

Elaboración de un horno subterráneo -píib- en una comunidad maya yucateca en la actualidad (foto de Salazar y otros, 2012)

Los significados de pib en las lenguas del grupo yucateco actuales

El significado de pib, con ortografía actual píib, piib o incluso pii’, se ha conservado en las cuatro lenguas que conforman el grupo yucatecano: yucateco, lacandón, itzá y mopán[5].

El diccionario de la Academia de la Lengua Maya de Yucatán registra píib (con vocal con tono alto -íi-) como ‘horno hecho bajo tierra a modo de foso para cocer la carne o el pan’ y también como ‘cocer debajo de la tierra’. También registra píib ‘asar a las brasas’ y píib ‘barbacoa’. Otra entrada anotó pib como ‘horno hecho en tierra a modo de foso para carne o pan; la barbacoa u horno subterráneo’. El Diccionario Maya Cordemex recopiló pib como ‘horneado, cocido bajo tierra; en el centro de México se diría hecho en barbacoa’ y también pibi wah (con ortografía actual, píibil waaj) con la definición de ‘pan de maíz que tiene forma de disco, grueso, en su interior se coloca carne de puerco o de gallina y puerco, la masa lleva manteca y sal; se cuece en horno subterráneo, envuelto en hojas de plátano; esta comida se hace especialmente en Todos Santos’ [énfasis mío]. Esto indica que el nombre completo del célebre tamal es píibil waaj ‘tamal horneado (bajo la tierra)’.

Una fuente yucateca de Hocabá (1998) registra la variante píi’ (que omite la consonante -b- en la pronunciación), así como algunos significados relacionados con otros, ya mencionados: píib o píi’t ‘enterrar, cocinar en horno de pozo’; j-píib ‘(cocinero) enterrador’ y x-píib ‘(cocinera) enterradora’[6]. Es llamativo que esta fuente también registre píib como ‘tamal grande para los finados’.

Otras lenguas del grupo conservan significados parecidos. En lacandón, ha sido registrado píib ‘horno, horno de pozo’ y también píibtik ‘hornearlo’. En itzá, piib se ha recopilado como ‘horneada’ y pii’ o piib como ‘hornear’. Finalmente, en mopán, la forma que sobrevive es pib ‘horno; horno en la tierra (subterráneo)’. Aunque por el momento no dispongo de información más amplia acerca de los alimentos y la cocina de estos grupos, seguramente aún se prepara entre ellos algo parecido al píibil waaj de la península de Yucatán.

Como se ha visto, el significado que predomina es el de ‘horno (subterráneo)’ y ‘hornear bajo tierra’. Algunos estudios etnográficos del siglo 19, como el de Brinton (1883) cuando mencionan “la conmemoración de la comida de las almas”, aluden también a los tamales que eran horneados bajo tierra. Alice Dixon, en su breve trabajo de 1885, también menciona el término hanal pixan “comida para las almas”, y el tamal, diciendo que se elaboraba pibil ‘cocido bajo tierra’, y que podía tener carne de pollo o puerco. Ninguno de los dos menciona el pib solo como ‘tamal’. El Diccionario de Mejicanismos de Ramos I Duarte (1898), que recopila varias voces mayas de uso común en el español de la península de Yucatán, tampoco registra pib como ‘tamal’.  Cabe mencionar que John L. Stephens, al referirse a la Fiesta de Todos los Santos de la región de Mérida, en fechas fechas cercanas a 1843, menciona el término mukbipoyo (mucbilpollo) en referencia a un tamal grande cocido bajo tierra, que llevaba carne de cerdo y aves de corral, y que todos comían en esos días**. Pero tampoco menciona el pib.

La voz píib o pib ha pasado a ser usada y popularizada para designar al tamal grande elaborado en fechas cercanas al día de muertos, principalmente entre hablantes del “español yucateco”. El diccionario del INEA (publicado en el mismo año que el de Hocabá, 1998) registra, además de los primeros dos significados mencionados, el tercero, píib: ‘pan de maíz relleno con carne o frijol’. Sin embargo, aunque podría parecernos que el uso de píib como ‘tamal’ es muy reciente, algunos estudios sugieren que ya se usaba así desde hace algún tiempo. Santiago Pacheco Cruz, en sus trabajos de 1946 y 1947, menciona que en la región yucateca ya se usaba la palabra pib para designar al tamal, en una fecha cercana a 1924, al parecer entre hispanohablantes. Pero curiosamente, el mismo autor, en su Diccionario Verdadero del Idioma Maya (1969), solo menciona pib con los significados de ‘hornear’ y ‘horno’. Trabajos como los de Villa Rojas (1987) y Redfield y Villa Rojas (1934) solo mencionan pib con los significados de ‘horno’ u ‘hornear’ y también muchos alimentos y varios tipos de tamales -waaj- que se preparaban en hornos subterráneos penínsulares. Diccionarios el español yucateco modernos, como el de Güémez (2011), mencionan pib con los tres significados.

Con los datos ya revisados, se infiere que fue a principios del siglo pasado cuando la voz pib, para designar al ‘tamal de día de muertos’ comenzó a popularizarse entre hispanohablantes, hasta llegar a la actualidad, donde la palabra píib usualmente trae a la mente el alimento, y no tanto al lugar de cocción (horno) ni al verbo (aunque las personas cultas si conocen los dos significados). Como se verá a continuación, algunas fuentes prehispánicas de hace más de 1,300 años también registran la palabra pib, pero en otros contextos.

Los píibil waaj envueltos. Imagen tomada de redes sociales.

El término pib(nah) en las inscripciones clásicas mayas (600-700 d.C.)

Tenemos por lo menos dos ciudades con inscripciones jeroglíficas donde se mencionan los antecedentes de las palabras coloniales y actuales ya revisadas y las inscripciones datan de la segunda mitad del siglo 7[7]. En Palenque (Chiapas), en las inscripciones del Templo de la Cruz, del Templo de la Cruz Foliada y en el “Altar del cráneo” se menciona el recinto interior de los primeros dos edificios como el pibnah o pibnahil de los dioses del gobernante K’inich Kan Bahlam, en los años 684 y 692. La lectura de la sección es clara: u-pi-bi-NAH-li, que se transcribe u pibnahil y se traduce como ‘es el templo de baño de vapor de…[los dioses]’ (ver Imagen 3).

Imagen 3. Sección de la alfarda del Templo de la Cruz Foliada (Palenque). Se señala el cartucho con la lectura u pibnahil. Dibujo de L. Schele, tomado de FAMSI.

En el último monumento se menciona incluso una entrada de fuego, och-k’ahk’ hacia el pibnah de una deidad de la muerte. Es claro que en estos ejemplos la palabra pib refiere a ‘horno’ (no necesariamente subterráneo) o incluso a ‘asar/calentar’ y que la palabra nah refiere al ‘edificio/templo’. La traducción literal de pibnah sería ‘edificio-horno’, pero se debe interpretar como ‘templo para baño de vapor’ o bien, ‘(edificio) temazcal’. Esto ha llevado a que autores como Houston (1996) y Bernal (2011) afirmen que dichos recintos eran una especie de temazcales simbólicos relacionados más que nada con las tres deidades principales de Palenque. Posiblemente el significado original de pib tenía que ver únicamente con ‘calentar con fuego (en espacios cerrados)’ y estaba relacionado con recintos pequeños construidos dentro de estructuras más grandes, y no necesariamente con ‘calentar/asar en espacios subterráneos’. En maya clásico tal vez se leyó como pihb[8].

El segundo ejemplo que tenemos, desgraciadamente con menos contexto, se encuentra en el Monumento 6 de la ciudad de Tortuguero (Tabasco). Una sección menciona la dedicación, ocurrida en el 510 d.C. del pibnah del personaje Ahkul K’uk’. La transliteración es u-pi-bi-NAH, que se transcribe u pibnah(il) y se traduce como ‘…el temazcal (de Ahkul K’uk’…)’ (ver Imagen 4). Aunque el contexto es obscuro, es probable que el nombre del temazcal haya sido Nah k’anjal y es llamativo que esta acción ocurriera en una fecha 8 Chuwen, en otros calendarios mayas, 8 Ba’atz’[9]. Es valioso mencionar que hoy en día, esta fecha en la cuenta chol q’ij de algunos pueblos mayas, marca el comienzo del “año nuevo”. Posiblemente el ejemplo de Tortuguero sea el antecedente de este tipo de celebraciones y tal vez el pibnah se relacionó con el comienzo o cierre de ciclos calendáricos importantes y con el uso de baños de vapor, para rituales de purificación-renovación. Pero estos son tópicos más específicos en los que se debe profundizar aún más.  

Imagen 4. Sección del Monumento 6 de Tortuguero, con la parte que se lee u pibnah a la izquierda. Dibujo de S. Gronemeyer (de Gronemeyer y MacLeod 2010).

Con los ejemplos ya revisados, queda claro que pib o pihb, en fechas próximas al 650 d.C. y en las inscripciones de la región de Palenque y Tortuguero (occidente del área maya) tenía el significado de ‘calentar/asar con fuego en espacios cerrados’. Se usaba junto con la palabra nah ‘edificio, templo’, para formar el término compuesto pibnah, que se puede traducir como ‘templo de vapor’, ‘edificio para baño (de vapor)’ o bien, ‘temazcal’.  

Comentarios finales

En este breve recorrido lingüístico se han revisado las variaciones en el significado que la palabra pib ha tenido a lo largo del tiempo. Si bien sus significados coloniales nos revelan que hacía referencia al horno subterráneo, al temazcal y a las acciones relacionadas con estos lugares, hoy en día la palabra se usa por los hablantes de español yucateco (y mexicano) como sustituto de pílbil waaj. Es decir, píib ha pasado de ser ‘lo horneado bajo tierra’ a ser ‘el tamal horneado (del día de finados)’. Los mayahablantes de la península aún entienden a la perfección términos como píib o píibil y su relación con las diferentes comidas. Los diversos contextos del uso de la palabra, entre éstos y los no mayahablantes, enriquecen aún más la historia de la voz y lengua maya.

Queda pendiente profundizar más en el estudio de la palabra y sus contextos. Sería interesante indagar por qué esta palabra solo se conservó en las cuatro lenguas pertenecientes al grupo yucatecano. Hace falta un estudio del desarrollo de términos como pibipollo (más usado en Campeche), mucbilpollo y las diferentes formas de cocinar en el pib que han existido desde tiempos coloniales o prehispánicos. Vale mencionar que se ha propuesto la existencia arqueológica del píib para cocinar en el área maya y también se conoce la existencia de temazcales arqueológicos prehispánicos (ver bibliografía). Esta palabra, que se ha usado ininterrumpidamente en varios contextos durante más de 1,300 años, aún tiene mucho que decirnos.  

An Alaskan in Yucatán: Hanal Pixan, "Comida de Muertos"
El píib moderno. Foto tomada del blog An alaskan in Yucatán.

ANEXO. Frases y términos relacionados con el píib~piib~pib a través de la historia. Se incluyen del maya yucateco colonial (Acuña 1993 y 2001) y del maya yucateco actual (Barrera y otros 1980, Bricker y otros 1998, INEA 1998, ALMY 2007). ¡Ojo! La ortografía de las fuentes es variada. Algunas dicciones aún merecen un análisis etimológico profundo.

Pib tex ah tzoo ‘asad así el gallo de papada’
Oppem oppem in pib kum ‘muy asadas están mis calabazas’
Ticin pib ‘asar debajo de la tierra, o cocer sin caldo ni agua’
Ticin pib tex ceh ‘asad el venado así’
Ticin pib bil; ticin pibaan asado así
Ticin pib tabal -pasivo [del verbo]-
U pib ah al; u pibil ah al ancil ‘baño de parida’
Pib ba u cibah, ca tohni yol ‘bañóse en un baño así y sanó’
Piban; pib tahan ‘bañado así’
Pan ex pibil ‘haced así el horno’
Zac pib och ‘zorrillos grandes y blancos, que traen los hijos en una bolsilla en la barriga’
Pan pib ‘pecar con parturienta’
U panah bin u pibil Juan ‘dicen que pecó Juan con su mujer parturienta’
U maak píib ‘tapa del horno subterráneo (hecha de hojas de diversos árboles)’
Píibil bak’ carne asada en horno subterráneo
Píib u joolil lu’um tu’ux ku tak’ankunsa’al ba’al utia’al jaantbil. Bey u ya’alal tu’ux kuk mu’ukul bak’ yéetel waaj utia’al tak’ankunbil
Jaaleb: u k’aaba’ juntúul ba’alche’ kajakbal ich k’áax bey miise’, píibil u jaanta’al

Ts’a u si’intunil le’ píibo’ – ponle piedras al pib [horno]
Jáale’ex le’ píibo’ – desentierren el pib [alimento]
yan u píib in taata bejla’e’: mi papá tiene que hacer pibes hoy
In suku’une’ táan u píibtik bu’ul: ‘mi hermano está haciendo pib de frijol’
Pedroe’ tu píibtaj iib: ‘Pedro hizo pib de ibes’
píibt le kaaxo’: ‘haz pib de gallina’.
nojoch le píib tu beetajo’obo’: ‘es grande el hoyo que hicieron en la tierra para el pib’
píib ken k jaant bejla’e’: ‘hoy vamos a comer pib’.
Pibil k’éek’en ‘baked pork’
píibil iis ‘baked sweet potato’
píibil bu’ul ‘baked beans’
píibil k’óol ‘baked sauce’
píibil nal ‘roasted corn’
tu síiskuntaj in píib ‘ella enfrió mi horno’ ‘(mujer embarazada que se acercó al horno)’

NOTAS

[1] La ortografía colonial para el maya yucateco varía con respecto a la ortografía actual. Las equivalencias son: c=k, k= k’; h=j, th=t’, dz=ts’, tz’=ts’, tz=ts, u=w (antes de vocal). Las vocales rearticuladas se representan con vocal doble. En todas las palabras mayas la x=sh del español mexicano. ¡En ningún caso la -h- es muda! En este texto, las palabras en lengua maya se presentan en cursivas y sus traducciones, entre comillas simples ‘ ‘ .

[2]  Pib, como verbo, hace uso de los sufijos tah y te.

[3] El participio en español sirve para expresar la forma de un verbo que se ha completado, normalmente con la terminación -ado, -ido. En el término compuesto pib-bil, la -b- de pib, se asimila con la primera -b- del sufijo -bil, dando lugar a pibil (no se pronuncia pib bil, aunque algunas fuentes coloniales así lo recopilaron).

[4] Muchas enfermedades del cuerpo humano se describen en los textos coloniales mayas como relacionadas con el calor del cuerpo humano, o bien, como una afectación relacionada con algún tipo de “calor” a veces generada por factores externos.

[5] El proceso de omitir la -b- al final de la palabra se llama síncopa.

[6] El proceso de omitir la -b- en la pronunciación se llama elisión. La forma píi’~pii’ también es común en Campeche.

**La referencia de Stephens fue agregada el 26-oct-20 (ver bibliografía).

[7] La escritura jeroglífica maya se desarrolló principalmente en las Tierras bajas mayas y refleja un idioma de filiación ch’olana, relacionado principalmente con el ch’olti’, ch’orti’, ch’ol y chontal. El sistema de escritura consta principalmente de dos tipos de signos: silabogramas, que representan sílabas y logogramas, que representan palabras. En la transliteración (escribir lo que aparece con los signos, tal cual), los silabogramas se escriben con minúsculas y los logogramas con mayúsculas, ambos en negritas. En la transcripción (escribir como se debe leer el texto), las palabras van en minúsculas y en cursivas, sin negritas. Por cuestiones de fluidez para el lector, no represento aquí lo fonemas reconstruidos, normalmente puestos entre corchetes [ ]. En los ejemplos, los signos u, pi, bi y li son silabogramas, el signo NAH es un logograma.

[8] La palabra solo sobrevivió en lenguas del grupo maya yucateco. Aunque la reconstrucción de la -h- aspirada glotal preconsonántica en maya clásico es viable, no contamos con ejemplos de lenguas ch’olano-tzeltalanas como pijb~pihb como equivalentes de píib. La forma proto-yucatecana debió ser *pihb. Es posible el tono de la vocal-íi- sirviera para desarrollar un verbo (asar, píib), a partir de un sustantivo (horno, piib).

[9] La cuenta chol q’ij es la conocida como tzolk’in en maya yucateco. Es un conteo calendárico que combina 13 numerales y 20 signos de días, con sus respectivos augurios.

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